Entrevista con Joseba Alvarez, dirigente de la izquierda independentista vasca

(Por CARLOS AZNÁREZ). Para hablar de la situación actual de Euskal Herria y de lo que ha significado el cambio de estrategia de la izquierda independentista, dialogamos en Donosti- San Sebastián con el dirigente Joseba Alvarez.

Su carrera política es especialmente prolífica. Ex parlamentario por la coalición ilegalizada Euskal Herritarrok, ex dirigente de las también ilegalizadas Herri Batasuna y Batasuna, y actualmente el máximo responsable en Guipuzcoa del partido (legal) Sortu con que el independentismo busca afianzar su avance político de cara al futuro.

Por su militancia, Alvarez estuvo varias veces detenido, y ahora mismo está a punto de ser nuevamente juzgado en un mega-juicio contra dirigentes independentistas, pendiendo sobre varios de ellos pedidos de condena de 10 años de prisión.

 

-Todo indica que frente al prolongado conflicto que afecta a Euskal Herria, los estados español y francés no están dispuestos a moverse para llegar a un escenario de paz. ¿Cuál es su visión sobre la actual situación?

 

-La situación actual del proceso hay que analizarla desde dos puntos de vista. Nosotros siempre hemos dicho que trabajamos por la resolución del conflicto, y por otro lado por la transformación social y la reconstrucción nacional. En el primer aspecto, es decir el reconocimiento por parte de los Estados del derecho de autodeterminación del pueblo vasco, actualmente observamos que ambos gobiernos se encuentran en un momento de cerrazón máxima. A pesar de que ETA anunciara un cese definitivo de su actividad armada, y de que existe una evidente acumulación de fuerzas por parte de la sociedad vasca, a pesar del apoyo internacional para buscar caminos de paz, el gobierno español de Mariano Rajoy sigue obstinado en una posición del No.  No en el tema de presos, No en el tema humanitario, No en lo que hace al reconocimiento de nuestros derechos.

 

-Esta posición tan cerrada puede obedecer también a la crisis que enfrenta el gobierno de Mariano Rajoy?

 

-Eso suma, ya que no es sólo una crisis económica, sino también territorial, de modelo de Estado, hasta tal punto que la burguesía catalana y la izquierda de ese país sostienen que no tienen nada que ver con el Estado español y abordan el camino de la emancipación. Este proceso catalán está en una posición avanzada, y el Estado español ve que la separación puede ser un hecho a mediano plazo si no se le da una solución. También está el tema vasco, donde si no hay una respuesta rápida, ya Navarra   se encuentra a las puertas de un futuro cambio de gobierno con participación de la izquierda. Y esto es así, porque la derecha se ha hundido, por todo el tema de la corrupción y por la política económica que han aplicado. Además, en la otra parte del País Vasco, en la Comunidad Autónoma, el Partido Nacionalista  Vasco (PNV) tampoco encuentra margen para hacer alguna propuesta válida, ya que el Estatuto de Autonomía está acabado, y terminan yendo a negociar a Madrid, donde se encuentran con un “No” cerrado. Paradójicamente, esa negativa refuerza las  posibilidades de hacer avances en la resolución del conflicto.

 

-¿Notan un avance en lo que ustedes denominan el tema de la “construcción nacional”?

 

– Creemos que sí se está avanzando. Nosotros dijimos en su oportunidad que el cambio estratégico suponía cuatro puntos. Por un lado, ETA tenía que parar la lucha armada, lo que ya se produjo. Segundo, la creación de un bloque a la izquierda del PNV (eso fue lo que se puso en marcha con la primera fuerza institucional con AMAIUR y Bildu), luego hablamos de apurar movilizaciones masivas (hemos tenido dos huelgas generales este año, vinculadas a la crisis económica, y con el tema de los presos ha habido grandes manifestaciones en Bilbao), y se sigue avanzando con el tema de la lengua, la ecología y otros varios. Es verdad que el modelo de transición, pasando de una estrategia que tenía características político-militares, a otra de confrontación democrática, ha provocado que un sector de gente de la izquierda abertzale que durante 30 años ha funcionado de una manera, se encuentre en la necesidad de cambiar las formas de hacer política, de dar la lucha ideológica y hacer la lucha de masas.

 

-A propósito de esto, ¿son conscientes a nivel de la dirigencia de la izquierda abertzale que esto ha redundado en cierta desmovilización?

 

-Eso nos ha colocado todavía en un impasse en el que muchos no saben qué es lo que se puede y qué es lo que no se puede. Por un lado, hay una bajada, no en la conciencia, pero sí en la presión, pero yo creo que es debido a una adaptación a la nueva estrategia.

 

-Con toda esta nueva estrategia se han producido cambios fuertes en la estructura independentista. El Movimiento de Liberación Nacional Vasco ya no existe como sigla, y según el nuevo marco organizativo sólo pueden reconocerse como Izquierda Abertzale, los integrantes del partido Sortu, los de la central de trabajadores LAB y la agrupación juvenil Ernai, aunque estos mantienen su autonomía. ¿Por qué se decidió dejar afuera a tantas otras estructuras?

 

-Cuando se decide en la Izquierda abertzale hacer un cambio estratégico es por cuestiones de eficacia política. Si se ha tomado este camino no ha sido para abandonar los ideales y proyectos políticos de la independencia y el socialismo, sino porque en el siglo XXI, la situación actual del País Vasco no daba para la estrategia anterior (la político militar) ya que el desgaste era enorme. Hay que tener en cuenta que  el Estado estaba en una situación relativamente cómoda, en la que podía aguantar el nivel de confrontación armada. Por lo tanto, no se avanzaba, y entonces la Izquierda Abertzale hizo una reflexión conjunta y llegó a la conclusión de que resistir se podía resistir, pero ya en 1995 se teorizó pasar de la resistencia a la construcción nacional, entonces poco a poco fue creciendo la idea de que además de enfrentar hay que gestar una alternativa política, que tenga un componente institucional, uno social, otro sindical y uno de los movimientos juveniles. También  un componente en el área de los movimientos sociales.

Allí se decidió no sólo cambiar el modelo resolutivo, sino también la forma de dirección. Cambiarlo todo. En ese sentido hoy hay una nueva estructuración de la Izquierda Abertzale, mucho más abierta y plural. Efectivamente Sortu funciona a nivel institucional en coalición con otras fuerzas políticas; por otro lado el movimiento juvenil se ha estructurado alrededor de la organización Ernai, está el movimiento sindical que sigue creciendo, y después está una larga lista de movimientos sociales, como el de solidaridad con los presos, el de la lengua, el de ecología, el feminista, etc. Esos siguen existiendo, pero ya no hay un bloque tipo vanguardia, ahora se plantea un diseño más participativo. Queremos evitar el divorcio entre fuerzas políticas y movimientos sociales, y por ello el modelo de dirección del partido y otras cosas parecidas, las damos por superadas.

 

-Uno de los temas que surge de conversaciones con militantes de base de la Izquierda Abertzale, es que hay una tendencia a la autocensura, a callar u ocultar (“para no hacerle el juego a la derecha o a los aparatos represivos”) algunas consignas o símbolos que antes eran muy comunes dentro de la militancia independentista. ¿Cuál es su opinión sobre este tema?

 

-La nueva estrategia de la Izquierda Abertzale está basada en dos pilares. Uno es lo que denominamos la unilateralidad de la acción política, es decir que las decisiones las tomamos independientemente de la actuación que tengan el gobierno español o el francés. Antes, trabajábamos en función de una resolución  bilateral, por la cual nosotros hacíamos una hoja de ruta que funcionaba en función de que los otros se moviesen. Ahora, es evidente que el Estado español no se va a mover porque no hay suficiente presión. Nosotros consideramos que el Estado sólo se moverá si multiplicamos la presión internacional y la interna. De allí que hayamos adoptados la posición actual. La unilateralidad significa que nosotros controlamos los tiempos y los plazos, nos movemos cuando nos apetezca y de la manera que nos parezca más correcta. ETA por ejemplo, no dejó su accionar armado por un movimiento del Estado sino porque decidió, en conjunto con la Izquierda Abertzale, que había que dar ese paso. Por otra parte, además de la unilateralidad tenemos que trabajar la acumulación de fuerzas, y por ello hay que cuidar mucho el discurso político y las alianzas. En su día, cuando teníamos un enfrentamiento con el Estado, con toda la dureza que ello significaba, aparecíamos con toda nuestra fuerza en el choque, pero el resto de la sociedad vasca estaba mirando como si fuera un partido de tenis. Al cambiar de estrategia y tener que hacer política de alianzas, es verdad que algunas partes de nuestros perfiles más claros, los tenemos que pactar con las otras fuerzas políticas o sindicales.O sea que tenemos que aprender que en algunos momentos en que tenemos que ir juntos, nos demos cuenta que no estamos nosotros solos, y debemos matizar nuestros planteos. Eso no quita que en ciertos momentos de la lucha, cuando vamos como Sortu puro y duro, mostraremos nuestro perfil ideológico completo.

 

-¿Eso también incluye el tema de la definición por el socialismo?

 

-En los principios fundacionales de Sortu decimos que todas las variantes del socialismo deben caber, por lo cual a los dogmáticos no les gusta. Pero tenemos claro que las diferentes lecturas de la definición por el socialismo sean un factor de división interna del movimiento independentista. A partir de allí, en Sortu –y ya no digamos en EH Bildu- tienes gente que adhiere a la social democracia, pasando por comunistas, socialistas marxistas, y hasta algunos trotskistas. En ese sentido hemos planteado nueve puntos mínimos de cómo entendemos el socialismo vasco. Esto no hay que verlo desde el punto de vista que estamos limando nuestro perfil, sino que tratamos de acercar más sensibilidades. Al cambiar de estrategia, la única manera de ganar la independencia y el socialismo, es si tienes el apoyo mayoritario de la sociedad vasca. En función de ello hay que trabajar las alianzas, y evitar que el hecho institucional no se convierta en la punta de lanza del proceso, saber a la vez, que gestionar las instituciones genera contradicciones. El ejemplo de esto es la Alcaldía de San Sebastián, donde el alcalde es nuestro, pero en total sumamos ocho concejales y ellos (los que se nos oponen) son 19. En cualquier momento te pueden vetar. Si no lo hacen no es porque no tengan los votos, es porque socialmente sería intolerable. Pero a la hora de votar proyectos ellos son mayoría, y allí surgen los problemas. Claro que podemos hacer desobediencia civil pero hay que ver si esto le corresponde a los que están en la gestión institucional o a los movimientos sociales.

 

-¿No hay peligro de que en aras de “no molestar” o no romper el bloque con los aliados, éstos terminen por edulcorar el discurso de la izquierda abertzale? Se lo pregunto pensando en otros procesos, donde ex guerrilleros llegaron al gobierno (ejemplo los tupamaros uruguayos) y una vez allí, reniegan de importantes principios fundacionales.

 

-Bueno, hay un sector de la izquierda abertzale que tiene una posición muy dura respecto a ese razonamiento. Sostienen que aquí se está corriendo el riego de una posible desviación hacia la social-democracia y la institucionalización, la homologación de la fuerza política Sortu y su integración en el Sistema. Eso está planteado por un sector que es el más firme ideológicamente. Nosotros respondemos que hemos sido legales durante 25 años antes que nos ilegalizaran Herri Batasuna, y no terminamos siendo absorbidos por el Sistema. Entonces nos responden que en ese momento había lucha armada. Y como ahora no la hay, ese puede ser el factor determinante. Riesgos siempre hay en política, pero debemos puntualizar que hay otro riesgo, que es el de ser duro, claro y coherente en el razonamiento político, pero terminar siendo una fuerza pequeña, con una web muy grande, pero con una implantación política, sindical y social mínima. Por eso, hay que buscar un equilibrio entre no perder nuestra personalidad y por el otro lado, el actuar en coalición con las demás fuerzas políticas.

 

-Vamos a hablar del tema de los presos y presas vascas. Dígame si me equivoco, pero se percibe que ya no se plantea con tanto énfasis la reivindicación histórica de la “Amnistía”, y ahora sólo se insiste en el acercamiento de presos a las cárceles de Euskal Herria, o la libertad de los enfermos y de los que ya han cumplido condena y se les ha alargado la misma?

 

-La reivindicación de la amnistía, tiene una respuesta por parte del Estado, de que no entra en la Constitución. Ahí hay que pensar si la amnistía entra como punto en la globalidad de la resolución del conflicto, y se entiende como la excarcelación de todos los presos, la vuelta de los exiliados y la creación de condiciones que determine que la lucha política no provoque nuevas oleadas de presos (en el 77 salieron todos los presos y hoy estamos otra vez con un montón de ellos). Nosotros decimos hay que temporizar la acumulación de masas en torno a la reivindicación de los derechos de los presos, porque hoy el Estado español los tiene como rehenes. Fíjense que el Estado no quiere entrar en la discusión de las consecuencias del conflicto (presos, víctimas, etc) porque enseguida tendría que entrar a discutir por qué se produjo todo esto. Hay un estudio del propio gobierno vasco que señala que en este país ha habido 40 mil detenidos relacionados con ETA. De los cuales 10 mil acabaron en prisión , que hay más de 5 mil casos de torturas declaradas. Si esto lo dice el propio gobierno vasco, no hay un análisis que diga que si hubo 40 mil presos en un país de 3 millones de habitantes, es que hay un problema político de fondo, enorme. Por eso el gobierno no quiere discutir ni negociar, y para bloquear el proceso utiliza a los presos. Tenemos claro que hoy por hoy, los presos no van a salir, a menos que la situación cambie de arriba abajo. Mientras tanto hay unas reivindicaciones que sí pueden realizarse: el acercamiento de los presos. Esta propuesta es mucho más compartida por el conjunto de la sociedad vasca que la amnistía. Lo mismo pasa con la desaparición de la política penitenciaria especial (ley anti terrorista, etc), la liberación de los presos enfermos o aquellos a los que se les ha alargado la condena injustamente. ¿Esto significa renunciar a la amnistía? No, porque no hay solución política del conflicto mientras haya un preso en la cárcel.

 

-Hablemos de Latinoamérica, ya que desde la izquierda abertzale es un continente al cual se mira con bastante atención. ¿Cuáles son los procesos de este continente de los que se sienten ideológica o fraternalmente más cerca?

 

-Sin duda nos sentimos más consustanciados con los gobiernos de Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador. Pero más importante que eso, vemos con gran entusiasmo los procesos de transformación que se están dando en esos países. Luego hay otros, a nivel de políticas gubernamentales, como Brasil y Argentina, que nos parecen más lejanos, por supuesto mucho mejores que los gobiernos europeos, pero con perfiles ideológicos que no coinciden con el ideario de Sortu. Entonces, sí seguimos con atención el modelo latinoamericano, porque creemos que, con todas sus contradicciones, hoy es el único en el mundo que además de hacer la contra al imperialismo, propone una alternativa propia. Vemos ahí el famoso Socialismo del Siglo XXI en construcción, y también un intento de los movimientos sociales de buscar un nuevo modelo de mundo.

 

-¿Qué opinan de las conversaciones que están llevando adelante las FARC con el gobierno colombiano?

 

-Les deseamos el mejor de los resultados a ellos y también a todo el pueblo colombiano. En ese país hace años que se está intentando buscar una salida a una situación de descalabro social y económico que sufre la mayoría del pueblo colombiano, y creemos que por fin se están dando las condiciones para conversar de igual a igual con el gobierno. En esto ha tenido mucho que ver el acompañamiento que hacen varios países latinoamericanos. Esperemos que esta intentona sea la válida, y que cese la represión contra quienes se movilizan por un cambio profundo. Tanto las FARC como nosotros aquí, estamos intentando abrir caminos hacia la paz. Ellos han llegado ya a una mesa de negociación, donde se podrán obtener varios avances. De  allí a pensar que se va a llegar al socialismo en una mesa, eso seguro que no. Lo que queremos hacer aquí, como también lo hacen las FARC, es crear nuevas condiciones donde se permite seguir avanzando.

 

-Desde la prensa española se insiste en que tarde o temprano este proceso de avance de la izquierda abertzale va a sufrir una escisión. ¿Qué respuesta tiene para esa campaña?

 

-Creemos que hay sectores del Estado español que viven soñando no sólo con una escisión sino con que haya un atentado, lo que les permitiría a ellos volver a la hegemonía del discurso anterior. Han trabajado durante años para dividirnos, lo han hecho en el tema presos, generando vías falsas como la inducción al arrepentimiento. Han buscado también la fisura entre los familiares de los presos. Y obviamente, también lo han intentado en ETA. Al cerrar todas las puertas a la negociación quieren que reviente la olla a presión de la sociedad vasca y sobre todo en la izquierda abertzale. Sin embargo, hemos pasado de tener una estrategia político-militar a una de confrontación política sin tener ninguna escisión, sin habernos liado a tiros, sabiendo que estos cambios de estrategia suelen ser especialmente traumáticos. En general, los movimientos terminan divididos, pero aquí, hasta ahora, no lo han conseguido. Y no es que no haya un sector, que es minoritario, que no está conforme, pero ha tenido la responsabilidad o la lucidez de no entrar en una aventura divisionista . Simplemente no lo hacen porque sería un suicidio para ellos. La decisión de cambiar de estrategia fue absolutamente mayoritaria y además está dando sus frutos políticos y de acumulación de fuerzas. La izquierda abertzale ha demostrado tener madurez política en todos estos años, para que a pesar de toda la represión y persecución, nos inoculen con divisiones.

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