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"Ellos vienen, como siempre lo han hecho, a secuestrar la tierra y los ríos de nuestros hijos" A mediados del año 2006, un indio oriental envió una carta al cacique Tabaré respondiendo a los planes extranjeros para instalar dos plantas procesadoras de celulosa en el litoral, a orillas del Río Uruguay. La historia empezó hace más de 20 años, pero en el 2003 se firmaron los primeros documentos que consumaban el despojo, y en el 2006 la situación llegó a un límite que sembró confusión entre las tribus locales y puso en riesgo las tradicionales relaciones de amistad con las que habitan la margen occidental del río Uruguay. CARTA AL INDIO TABARE Uruguay, 2006 *Inspirada en El Manifiesto Ambiental de Noah Sealth (La carta del jefe indio Noah Sealth, 1854) ¿Cómo se puede comprar o vender el firmamento, ni aún el calor de la tierra?. Dicha idea nos es desconocida. Si no somos dueños de la frescura del aire ni del fulgor de las aguas, ¿Como podrá usted venderla?. Cada parcela de esta tierra es sagrada para nuestro pueblo. Y usted lo sabe. Seguramente compartió las penas por aquella maldición de Malinche que, muchos soñábamos dejar en el olvido, apenas como el triste recuerdo de una tragedia, hecha canción. Cada brillante mata de pino, cada grano de arena en las playas, cada gota de rocío en los bosques y hasta el sonido de cada insecto, es sagrado a la memoria y el pasado de nuestro pueblo. La savia que circula por las venas de los árboles lleva consigo las memorias de nuestros antepasados, los más antiguos y los más recientes. Usted sabe que somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; los peces, los pájaros, el río, el caballo, son nuestros hermanos. Todos pertenecemos a la misma familia. Por todo ello, no entendemos cuando "nos siguen llegando rubios y les abrimos la puerta, y les llamamos amigo, les seguimos cambiando oro por cuentas de vidrio y les damos nuestras riquezas por sus espejos con brillo". El Gran Jefe de poderosas tribus lejanas de hombres blancos, nos envia el mensaje de que quiere comprar nuestras tierras, y nosotros, en vez de resistir, de negarnos a vender al bajo precio de la necesidad, aceptamos porque seguimos creyendo, ingenuamente, que por ese lado está nuestra salvación. Que solucionará la mayoría de nuestros problemas. ¿Cómo puede seguir creyendo lo que nos dice el Gran Jefe, que nos reservará un lugar en el que podamos vivir confortablemente entre nosotros?. Él se convertirá en nuestro nuevo padre, y nosotros seguiremos siendo sus hijos. Por ello creemos que ni siquiera debió considerar esa oferta. O por lo menos debió rediscutirla, renegociarla, ya que fue una herencia. Pero usted no parece aceptarla como una herencia inevitable. La defiende como si fuera suya, compartiendo los criterios de sus antecesores, muchos de ellos enemigos de todos nosotros, y de nuestra tierra sagrada. Ellos vienen, como siempre lo han hecho, a secuestrar la tierra y los ríos de nuestros hijos. Nada les importa. Tratan a su madre, la Tierra, y a su hermano, el firmamento, como objetos que se compran, se explotan y se venden como ovejas o cuentas de colores. Su apetito devorará la tierra dejando atrás solo un desierto. En 1992, un tal Lawrence Summers, vicepresidente del Banco Mundial, comentó públicamente, respecto de las industrias contaminantes: "Numerosos países se encuentran muy limpios, por lo que sería lógico que recibieran industrias sucias y residuos industriales ya que tienen una mayor capacidad de absorción de contaminación sin que produzcan grandes costos. Desde este enfoque, una cierta cantidad de contaminación perniciosa debiera ser realizada en países con costos más bajos, con menores salarios, por lo que las indemnizaciones a pagar por los daños, serán también más bajas que en los países desarrollados. Creo que la lógica económica que existe en la exportación de una carga de basura tóxica a un país con salarios más bajos, es impecable y debemos tenerla en cuenta. Las sustancias cancerígenas tardan muchos años en producir sus efectos, por lo que esto sería mucho menos llamativo en los países con una expectativa de vida baja, es decir, en los países pobres donde la gente se muere antes de que el cáncer tenga tiempo de aparecer". Este hombre llegó a ser Secretario del Tesoro del presidente Bill Clinton y ahora es profesor de la Universidad de Harvard. Hemos visto a miles de animales pudriéndose en las praderas, muertos a tiros o intoxicados en ríos, arroyos, mares y lagunas. Ellos seguramente no, pero usted ¿escucha las voces que preguntan: qué sería del hombre sin los animales?... Si todos fueran exterminados, el hombre también moriría de una gran soledad espiritual...por que, lo que le sucede a los animales, también le sucederá al hombre. Todo va enlazado. Todo lo que le ocurra a la tierra le ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, se escupen a si mismos. Somos ignorantes, pero esto sabemos: la tierra no pertenece al hombre; el hombre pertenece a la tierra. El hombre no tejió la trama de la vida; él es sólo un hilo. Lo que hace con la trama se lo hace a si mismo. Por eso nuestro modo de vida es diferente. Y eso usted lo sabe, o lo sabía. Pero parece que ya no comprende.No sabe distinguir entre un pedazo de tierra y otro. Parece uno más de esos extraños que llegan de noche y toman de la tierra lo que necesitan. Nosotros somos indígenas y nada entendemos. En cambio usted, defraudando una esperanza, se embarcó en esa aventura desalmada. Nosotros confiamos y le dimos nuestra representación para que hiciera las cosas diferentes, para que hiciera otras cosas. Pero nos asombra y preocupa comprobar, día a día, que usted parece encaminarse en otra dirección. Sepa que si usted defrauda las expectativas de toda su tribu, quedará en el olvido y entonces caminará hacia su propia destrucción. Que en parte sería la nuestra también, es cierto, pero usted está perdiendo una oportunidad histórica. Nunca antes hubo mejores condiciones en toda la región como para entenderse, conversar y coordinar planes que mejoren este estado de cosas. Sin embargo, usted, en este caso específico, y en otros también, ha optado por el camino torcido y esa actitud no es buena consejera. Muchos sentirán que si fracasa esta experiencia, se termina la vida, como se destruye el matorral, o como se hace desaparecer los peces del agua. Pero nosotros también sabemos, por la experiencia trasmitida por muchos de nuestros sabios antepasados, que, cuando se ataca a la vida, empieza la supervivencia. Y el ciclo vital no se interrumpe. Carlos Castillos (Carlos Castillos es uruguayo y reside en Argentina)
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