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La nueva invasión yanqui a Haití ha comenzado. Miles de marines para matar y sojuzgar al pueblo, con la vergonzosa colaboración de las tropas de la ONU, incluyendo las latinoamericanas.
Decenas de soldados tomaron posición en la capital para tratar de asegurar
la entrega de ayuda, que fue también arrojada desde el aire
PUERTO PRINCIPE.- Primero tomaron el control del aeropuerto internacional
de la capital y luego el puerto, dos puntos estratégicos. Y ayer, en un
símbolo de la creciente participación de Estados Unidos en las tareas de
ayuda al devastado Haití, decenas de decenas de soldados norteamericanos
aterrizaron en varios helicópteros en los jardines de las ruinas del
Palacio Presidencial, ante la asombrada mirada de miles de haitianos que
acampan desde hace ya seis días en los jardines de Champs de Mars.
Tras las rejas de hierro que rodean a la semidestruida sede del gobierno,
cientos de personas, entre ellas decenas de niños, suplicaban a los
soldados por agua y comida, al verlos descargar sus provisiones. Son
aquellos que lo han perdido todo y acampan en los alrededores del palacio.
Las tropas estadounidenses habían llegado al predio del aeropuerto,
convertido en un bastión militar, con la intención de instalar una base de
apoyo por la distribución de la ayuda humanitaria. La lentitud en la
entrega de la asistencia ya amenaza con desatar un estallido social en la
devastada capital haitiana.
"¿Vinieron a ayudarnos?", se preguntaban los haitianos, muchos de los
cuales dudan de las verdaderas intenciones de Estados Unidos. Muchos creen
que se trata de una ocupación encubierta.
"Nadie sabe si en verdad los norteamericanos vinieron para dar una mano al
pueblo o para ocupar el país", dijo un haitiano que perdió todo en la
catástrofe y que no ocultó su desazón por el papel a los organismos
internacionales tras el terremoto. Todavía hay muchos barrios que no
recibieron nada de ayuda, y a tan sólo pocas cuadras del aterrizaje
norteamericano cientos de saqueadores seguían cometiendo desmanes.
Los soldados que llegaron al Palacio Presidencial son sólo unas pocas
decenas de los más de 10.000 que ordenó enviar el presidente Barack Obama,
con la premisa reiterada de Washington de ayudar a la población local a
superar el durísimo trance.
Mientras, los haitianos aún residen hacinados en campamentos improvisados
en las veredas, plazas y parques de cada rincón de la capital, y aguardan
que el presidente René Préval habilite los 280 centros de distribución de
ayuda que prometió. Cientos de toneladas de alimentos, agua y medicamentos
enviados desde todo el mundo esperan ser repartidos en el aeropuerto
internacional.
"La ONU cada vez restringe más las salidas de ayuda porque deben ser
acompañadas por contingentes militares ante el temor a los saqueos",
señaló una mexicana encargada de la distribución de ayuda de su país.
Hasta el momento, Estados Unidos optó por entregar alimentos y miles de
litros de agua en zonas seguras de la capital desde el aire, un método
duramente cuestionado por las Naciones Unidas, que alega que sólo
contribuye a provocar disturbios entre los haitianos.
Para acelerar la distribución de ayuda, el Consejo de Seguridad aprobaría
en las próximas horas el envío de otros 1500 policías de la ONU y de 2000
miembros adicionales de las misiones de paz, que se sumarían a los 9000
efectivos de seguridad que ya tiene la ONU en Haití.
Mientras, el despliegue de los Estados Unidos no se detiene. El general
Daniel Allyn, vicecomandante de la operación de ayuda estadounidense,
informó que el ejército planea edificar esta semana una pista de
aterrizaje para que lleguen más vuelos con ayuda internacional en la
población de Jacmel, a unos 35 kilómetros de Puerto Príncipe, donde el
sismo también causó fuertes daños.
El puerto también es controlado exclusivamente por las fuerzas
norteamericanas y no hay presencia de haitianos. "También hay grandes
barcos desplegados unos 15 kilómetros de la costa. Son nuestra principal
base de operaciones", dijo Faustin Franez, una de las autoridades
portuarias norteamericanas en Puerto Príncipe.
El puerto refleja también el incesante éxodo de la población. A unos 500
metros del muelle, cientos de personas desesperadas aguardaban en un
terreno lleno de basura su turno para escapar del desastre.
Cerca de la flota norteamericana navegaban algunas de las pequeñas
barcazas que llevan a la gente hasta el catamarán Trois Riviere. La
embarcación viaja al pueblo costero de Jeremie, desde donde los haitianos
huyen al interior de su país, en busca de comida y agua para sobrevivir.
El escape hacia otros países, sobre todo la vecina República Dominicana,
se torna casi imposible para cientos de miles de haitianos que no tiene
visa ni pasaporte. Las autoridades norteamericanas y locales ya avisaron
que los intentos para llegar a los Estados Unidos en barco serían
frustrados. También en la embajada de Estados Unidos, donde unas 1000 de
personas hacían cola con su equipaje a cuestas para buscar una visa en el
aeropuerto internacional, reflejaban ayer la desesperación de muchos
haitianos. "Perdí mi casa, todo, mi familia está en Nueva York",
dijo un haitiano en la fila de los vuelos comerciales dispuestos por el
gobierno norteamericano.
"Aunque no quiera, debo ir a Estados Unidos en busca de ayuda, dinero, lo
que sea".
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