Es
infinita la deuda de la humanidad con los Cinco Héroes Cubanos
luchadores contra el terrorismo, que permanecen secuestrados en las
ergástulas del imperio. Pero es además una señal que profetiza la
condena de la humanidad a un futuro tenebroso: una civilización capaz
de aceptar tanta injusticia sin mover un dedo es, sin duda, una
civilización condenada a la extinción.
No es viable un mundo que toca tales niveles de descomposición, de podredumbre.
Eran cinco muchachos que
fueron a las entrañas del monstruo a luchar por una humanidad mejor,
por menos terrorismo, por menos sufrimientos.
En el país de los gringos sólo
hicieron el bien, impidiendo crímenes, evitando sabotajes. Fueron
capaces de todos los sacrificios, dejaron atrás su vida, se entregaron
a la causa superior, la de los semejantes.
La bestia capitalista, que
persigue y olfatea como nadie la dignidad y el amor, los detectó: el
aroma fresco de los corazones libertarios, el perfume suave que exhalan
los que aman en grande los evidenció.
Y la bestia enfurecida volcó
todo su odio, el odio mayor que ha conocido la humanidad, contra lo que
ella más teme y más rechaza: el amor.
Contra los cinco, lo que ellos representan, contra la sociedad que los hizo posible, descargaron toda su ira.
Trataron de quebrarlos, no era
posible que existiera tanta dignidad, tanta entrega, y mientras más
resistieron y resisten a castigos y halagos, más los odian. Esa es la
causa de su sufrimiento, por eso los condenan: por ser ejemplo de lo
digno, amoroso, que puede ser el humano, ser muestra de que el hombre
nuevo es posible, que no es una quimera, están allí, dignos en las
cárceles del imperio, son faro para la humanidad, indican que es
posible otro hombre y otra relación entre los hombres, que vale la pena
luchar por el Socialismo.
La humanidad, lo más sano de
la humanidad debe redimirse en ellos, un minuto de sosiego nuestro,
sabiendo que ellos son sometidos a ese castigo terrible cuando debían
estar en las cumbres destinadas a los hombres justos, es un crimen.
No podemos pasar un día sin
hacer algo por el regreso de los cinco, pintar una pared, gritar en un
cine, en una esquina, tirar una piedra, exigir más de los gobiernos, de
los pueblos.
Igual que el
cristianismo convirtió a la Cruz, al pez en signos de hermandad, los
revolucionarios debemos transformar el cinco en símbolo universal de
lucha y de amor.
Nosotros en Venezuela debemos
seguir dando pasos en la lucha por la libertad de los cinco,
convertirnos en abanderados internacionales de esa lucha.
Ahora debemos pedir el Premio
Nobel para estos héroes y ejemplos de la humanidad, ellos lo merecen,
de eso no hay dudas: sólo se consigue la paz luchado contra la guerra,
y el terrorismo es la forma de guerra más deleznable.
La campaña por este premio debe ser el inició de una fuerte movilización mundial por su libertad.
¡Chávez es Socialismo!
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