La izquierda independentista
apuesta “sin reservas por un proceso pacífico y democrático” y se apoya en el
ejemplo irlandés
En las últimas semanas ya se venían adivinando
importantes movimientos en la política vasca. A modo de confirmación, el sábado
14 la izquierda independentista realizó una declaración con la escenografía
propia de los momentos históricos, decisivos. Y el mensaje fue nítido: "El
proceso democrático tiene que desarrollarse en ausencia total de violencia y
sin injerencias, mediante la utilización de vías y medios exclusivamente
políticos y democráticos”. El documento que presentaron evoca los principios
del senador George Mitchell, que facilitaron el diálogo político resolutivo en
Irlanda, y aboga por reproducirlos en el conflicto que enfrenta al País Vasco
con España.
Mientras 110 personas
muy referenciales en el independentismo lanzaban este mensaje en Navarra, el
mismo documento era presentado en Venecia en el marco de la “Conferencia sobre procesos de paz y resolución de conflictos”,
organizada por el Centro Pace y el ayuntamiento italiano. Junto a una portavoz de
la izquierda vasca, en la mesa se sentaban el abogado sudafricano y mediador en
diversos conflictos Brian Currin; el ex miembro del IRA y diputado del Sinn
Feinn Raymond McCartney, y Emine Ayna, representante del partido kurdo DTP. Asimismo,
Gerry Adams, presidente del Sinn Fein, y Nelson Mandela, ex presidente
surafricano y Nobel de la Paz,
también enviaron mensajes apoyando esta iniciativa política.
Brian Currin la definió como un
"significativo e innovador movimiento de la izquierda abertzale". El
mediador, que ha trabajado con los independentistas durante los últimos 18
meses y es uno de los artífices del documento, ensalza la "profunda
discusión" que se ha producido "durante los últimos 14 meses en el
entorno de Batasuna, en reuniones celebradas en el País Vasco y fuera de
él".
¿Significa eso que ETA está dispuesta a
dejar las armas y ha aprobado el documento? "Esto es solo el principio. Yo
espero que ETA dé la bienvenida a la declaración, y si Madrid libera a los
presos, no veo porqué ETA no debería declarar un alto el fuego definitivo. Eso
sería lo lógico. En la mención de los principios Mitchell está implícita la
obligación de renunciar a la violencia y entregar las armas. Y yo tengo la
esperanza de que ETA declare el alto el fuego permanente”, señaló.
Políticos
encarcelados
Currin reveló que esta declaración la
iban a hacer pública este mes Arnaldo Otegi, Rafa Díez Usabiaga, Sonia Jacinto,
Miren Zabaleta y Arkaitz Rodríguez, antes de ser encarcelados el 13 de octubre
por orden del juez Baltasar Garzón. Paradójicamente, la acusación contra estos
líderes políticos y sindicales se basa en el trabajo que estaban realizando en
la dirección que ahora apunta el documento. Por ello, su encarcelamiento provocó
el rechazo de la mayoría de los partidos políticos y sindicatos del país, que
organizaron una multitudinaria manifestación.
En las últimas semanas, la izquierda
independentista venía mostrando su voluntad por desbloquear el “problema
vasco”, apostando incluso por realizar propuestas unilaterales de distensión.
Frente a ellas, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ha venido
subrayando su apuesta por incidir en la vía policial y negarse a todo diálogo.
No obstante, los abertzales parten de la premisa de que "la situación de
violencia y enfrentamiento armado se ha prolongado mucho más de lo que nadie
debiera desear, con los costes humanos y políticos que todos y todas conocemos.
Es nuestra prioridad superar este escenario", señalaron.
La izquierda abertzale remarca igualmente
la necesidad de un cambio político en el País Vasco y subraya que "ahora
se trata de hacer ese cambio irreversible" a través de una herramienta: el
proceso democrático. A partir de ahí, exponen siete principios que desean
compartir con los agentes sindicales, sociales y políticos vascos, y también
con la comunidad internacional. En ellos se expresa, entre otras cosas, un
compromiso "solemne" de "respetar en cada fase del proceso las
decisiones que, libre, pacífica y democráticamente, vayan adoptando los
ciudadanos y ciudadanas vascas".
La ruptura del último proceso de
paz
Tras la ruptura del último proceso negociador, hace algo más de dos
años, se abrió una nueva fase de enfrentamiento abierto entre el
independentismo vasco y el gobierno español. Por una parte, ETA inició una
cadena de acciones armadas contra policías e instalaciones militares, sedes del
Partido socialista e intereses económicos del Estado, que han dejado el saldo
de nueve muertos y numerosos daños materiales. Por otra, fue encarcelada toda
la dirigencia de Batasuna, el partido de la izquierda independentista, y el
Estado continuó su dinámica de ilegalización de organizaciones políticas,
civiles y medios de comunicación, enviando a prisión a más de 200 personas bajo
la premisa de que “todo es ETA”: militantes barriales de izquierda, miembros de
organizaciones juveniles y de apoyo a los presos, conocidos dirigentes
políticos… En este contexto, hasta el propio Lehendakari (presidente del
Gobierno Vasco) Juan José Ibarretxe fue procesado por reunirse con una
delegación de Batasuna.
El pasado mes de mayo, los partidos
españoles se cobraron una pieza muy codiciada: el Gobierno Vasco. PP y PSOE
nunca habían logrado sumar una mayoría en el Parlamento, pero en las últimas
elecciones fue prohibida la candidatura de la izquierda independentista, y los
más de 100.000 votos que recibió (un 10% de los emitidos) fueron declarados
nulos, así que los partidos de Madrid pudieron alzarse con el gobierno, entre
denuncias de fraude y de utilización del conflicto político para beneficio
partidista.
Desde entonces, el enfrentamiento se ha
recrudecido y el nuevo Lehendakari, del PSOE, ha redoblado su acoso contra el
independentismo, al que pretende borrar del mapa en base a un objetivo
declarado: la derrota no sólo de ETA, sino, y sobre todo, de la posibilidad de
que el pueblo vasco ponga en marcha una estrategia eficaz para lograr su
autodeterminación. Este recrudecimiento de la violencia incluye además la
“desaparición” de un miembro de ETA, Jon Antza, hace seis meses en el Estado
Francés, varios secuestros e interrogatorios extrajudiciales a militantes
políticos y decenas de denuncias de torturas.
¿Qué piden los vascos?
ETA acaba de cumplir 50 años, y el conflicto con España está a punto de
cumplir los 500. Veinte años después de que los Reyes Católicos iniciaran la
conquista de América, en 1512 las tropas castellanas conquistaron por la fuerza
el Reino de Navarra, la estructura política del pueblo vasco. Desde entonces,
los vascos han luchado recuperar su independencia y evitar su desaparición como
pueblo, al tiempo que españoles y franceses han seguido recortando sus cada vez
más escasas parcelas de soberanía. Por el camino, cientos de insurrecciones y
enfrentamientos, varias guerras y una terrible matanza, la de 1936, la encabezada
por los fascistas en Navarra, que dejó en las cunetas a tres mil militantes
nacionalistas y de izquierda, con la posterior invasión de Alava, Gipuzcoa y
Vizcaya, que vivió episodios tan repelentes como el bombardeo de Gernika.
Después, cuarenta años de dictadura y de persecución brutal a la cultura vasca
y a la demanda de la soberanía perdida.
Tras la muerte de Franco, el Estado mantuvo la estrategia diseñada por
el dictador: separar administrativamente Navarra y el resto de las provincias
vascas, activar todos los resortes para diluir lo vasco en España, impedir el
ejercicio del derecho de autodeterminación y encomendar la “unidad de la Nación” al ejército. Sin
embargo, y a pesar de toda la represión soportada, el independentismo vasco ha
conseguido notables avances estratégicos y cada vez está más clara en la sociedad
la necesidad de un acuerdo político, con bases estrictamente democráticas, que
acabe con esta espiral de violencia y sufrimiento.
En el último proceso negociador, la izquierda independentista aceptó la
fórmula de resolución propuesta por los mediadores internacionales: 1)
posibilitar la unidad administrativa de las cuatro provincias “vasco-españolas”
dentro del Estado español, si sus habitantes así lo expresan por mayoría en las
urnas; 2) hacer lo mismo en el caso de las tres provincias “vasco-francesas”;
3) posibilitar el ejercicio del derecho de autodeterminación de los territorios
vascos si sus instituciones lo demandan y el pueblo lo ratifica por referéndum;
4) terminar con la persecución política del independentismo.
Igualmente, ETA ofreció su autodisolución si se cumplían estos mínimos,
pero la propuesta fue rechazada por el PSOE. Desde entonces hasta hoy, el
Gobierno sigue rechazando la posibilidad de todo diálogo y mantiene su apuesta
por la vía policial. Mientras tanto, los independentistas buscan un nuevo
escenario de negociación y trabajan en la creación del “polo soberanista”, una
alianza que aglutine a los partidos, sindicatos y organizaciones sociales que
apuestan por la supervivencia cultural y política del País Vasco. Con ella
pretenden unir fuerzas y voluntades en la resolución del conflicto, en la
consecución de la paz y en la construcción de un nuevo marco democrático que
garantice a la ciudadanía vasca el derecho a decidir sobre su futuro.