Desde la prisión de Estremera, los dirigentes independentistas vascos Rafa Díez, Sonia Jacinto, Arnaldo Otegi, Arkaitz Rodríguez, Miren
Zabaleta, llaman a sumar fuerzas para luchar por Euskal Herria
Una foto y un futuro
La manifestación que inundó las calles de Donostia en respuesta a
nuestra
detención y encarcelamiento nos ha proporcionado una gran satisfacción,
insuflando fuerza y moral a nuestras reflexiones y convicciones; vaya, pues,
por delante, nuestro agradecimiento a las decenas de miles de personas que,
bajo el lema "Askatasunaren alde. Eskubide guztiak guztientzako",
respondieron masivamente a esta nueva actuación represiva del Estado.
Satisfacción al evaluar la enorme respuesta articulada tras la enésima
intervención represiva contra sectores políticos independentistas. La
ejemplar convocatoria realizada por la mayoría sindical, con ELA y LAB como
tractores principales, ha vuelto a plasmar una foto social y política hace
tiempo olvidada pero no por ello menos exigida y anhelada por la gran
mayoría del espectro sociológico abertzale y progresista de nuestro
pueblo.
Han sido muchas las operaciones político-judiciales, en clave de
persecución política, que con detenciones, registros, incomunicación... han
finalizado en imputaciones y encarcelamientos. Ese genocidio político se
viene realizando con intervenciones periódicas plenas de arbitrariedad y
discrecionalidad. Primero se sitúa el objetivo político y luego se
consiguen/construyen los argumentos de imputación. Una noria de actuaciones
que sorprenden a la sociedad vasca por unas acusaciones que, lejos de la
realidad, sólo persiguen condicionar la situación en función de la
estrategia del Estado para abordar la actual fase del proceso político.
Ahora, por fin, hemos llegado a un punto en el que, con una lectura
política correcta en torno a las verdaderas intenciones políticas de la
actuación represiva del Estado, la sociedad vasca ha reaccionado de forma
masiva y esperanzadora. Esto es, sin los lastres que nos dejan las miradas o
análisis retrospectivos, lo verdaderamente importante en este momento.
La sociedad vasca se ha despertado del letargo provocado por muchas
inercias, errores e indefiniciones, con responsabilidades múltiples, que
nadie debería/deberíamos rehuir. Ha demostrado su capacidad y potencialidad
ante las actitudes arrogantes y políticamente impunes de las acciones de los
poderes del Estado para con Euskal Herria. Y ese capital de denuncia, fuerza
e ilusión que tomó las calles donostiarras no puede ni debe diluirse o ser
flor de un día. Al contrario, frente a la persecución de las actividades
políticas de un sector de la sociedad vasca, a las amenazas palpables de
criminalización en cascada contra otros sectores políticos, sindicales y
sociales, a la interminable vulneración de derechos civiles y políticos...
la sociedad vasca tiene que dar continuidad y profundidad a un movimiento
social expansivo e ideológicamente transversal en demanda de libertades
democráticas; en exigencia de todos los derechos civiles y políticos para
todos los ciudadanos de Euskal Herria.
Ante la estrategia del Estado por condicionar, con la represión y
criminalización arbitrarias, el mapa político vasco y controlar la evolución
del proceso en este tránsito entre dos ciclos políticos, el pueblo vasco
tiene que responder con iniciativas múltiples y masivas por las libertades
democráticas. En Donostia se comprobó que los mimbres y compromisos básicos
son posibles y, sobre todo, que la ciudadanía abertzale y progresista
demanda convergencias sociales que implementen o sean el estímulo colectivo
que permita el desarrollo eficaz de la presión social.
Pero ese sector social reivindicativo no puede desarrollarse de forma
aislada. Se ahogaría rápidamente y, otra vez, volveríamos a descapitalizar
el valor y la potencialidad cuantitativa y cualitativa de la movilización
que tanta ilusión ha generado. Por lo tanto, con la ola social surgida, es
preciso abordar iniciativas globales y sectoriales que resquebrajen el
actual bloqueo y abran las puertas a otra fase política. Es posible. Es
necesario. Y, además, el pueblo vasco lo está demandando de manera
urgente.
Una nueva fase, dentro del proceso de liberación nacional, que ha de
tener
como objetivo ganar un escenario democrático pivotado en el reconocimiento
nacional de Euskal Herria y el respeto a la voluntad democrática de la
ciudadanía, abriendo el cauce a una estrategia independentista. Fase y
objetivos que, indispensablemente, necesitan de nuevas estrategias,
compromisos e instrumentos políticos.
En esta fase del proceso de liberación, la Izquierda Abertzale
debe liderar
y compartir una estrategia cimentada exclusivamente en la adhesión popular;
en la acumulación y activación de fuerzas sociales abertzales, soberanistas
e independentistas por un cambio político y social. La estrategia eficaz que
demanda el actual momento histórico sólo puede construirse sobre mayorías
políticas y sociales democráticamente articuladas. Es decir, la sociedad
vasca tiene que ser la protagonista, con su fuerza y organización, para, en
un proceso democrático, avanzar hacia ese cambio político. No tenemos que
esperar a nadie. No tenemos que estar condicionados por los que apuestan por
el bloqueo para debilitar las variables sociopolíticas, culturales,
simbólicas... de un proyecto nacional vasco definido y reforzado en la
batalla contra el modelo constitucional-estatutario impuesto en la
transición postfranquista.
La apuesta por un proceso democrático requiere de decisiones de perfil
estratégico por parte de todos los agentes sociales y políticos, sin
excepción, para vertebrar los mimbres de una nueva fase política. En este
sentido, la modificación de los actuales parámetros de confrontación
política, cuestión clave en el bloqueo existente, ha de ser una apuesta
unilateral de la
Izquierda Abertzale, la cual deberá complementarse con
compromisos y acuerdos táctico-estratégicos entre los diferentes agentes
políticos, sindicales y sociales.
Es desde la puesta en marcha del proceso democrático desde donde iremos
avanzando y haciendo irreversible tanto el establecimiento de libertades
democráticas -hoy negadas para adulterar la voluntad democrática del pueblo
vasco- y la liberación de todos los presos políticos, como la definición y
determinación -vía negociación política- de un acuerdo democrático que,
respetando la voluntad de Euskal Heria, nos permita vertebrar política e
institucionalmente el sujeto nacional vasco y avanzar hacia la independencia
y el socialismo desde el respaldo democrático de la ciudadanía.
Y en esta estrategia de acumulación y activación progresista son
indispensables instrumentos adaptados a las características de este pulso
político. No estamos en una coyuntura de carácter resistencialista. No
podemos especular con meros movimientos tácticos influidos por las
trayectorias específicas de los diferentes agentes políticos y sociales. Hay
que construir una ofensiva democrática para lograr poner los cimientos
políticos -acuerdo democrático- de una estrategia independentista en una
Europa en constante movimiento político.
En este sentido, el soberanismo e independentismo necesita converger en
compromisos, propuestas e iniciativas de masas e, incluso, institucionales.
Ese independentismo y soberanismo tiene que modificar las correlaciones de
fuerzas en el tablero político y, como consecuencia, en las relaciones
Euskal Herria/Estado, impulsando, de forma simultánea, un modelo económico y
social que satisfaga las necesidades e intereses de la mayoría popular y
trabajadora. Una tendencia convergente que tiene que incidir en el espacio
político, sindical, social y cultural, tanto a nivel nacional como local.
Así pues, converger y sumar fuerzas para multiplicar efectos políticos y
sociales. Sin miedos, con decisión y ambición. El camino recorrido ha sido
muy importante. Hemos cubierto una etapa básica con la neutralización de los
objetivos asimilacionistas del Estado español con el llamado Estado de las
Autonomías. Ahora tenemos que articular las mayorías democráticas que
determinen un nuevo marco político para Euskal Herria en la senda
independentista. Ésa es la fase.
"Nueva fase, nuevas estrategias, nuevos instrumentos"; ésa ha
de ser la
apuesta, referencia y compromiso de la Izquierda Abertzale.
El pueblo vasco
espera atento y expectante. Todos debemos estar a la altura de ese anhelo
colectivo. Sin tabúes y sin complejos. Aurrera!
Rafa Díez, Sonia Jacinto, Arnaldo Otegi, Arkaitz Rodríguez, Miren
Zabaleta.
Desde la prisión de Estremera, a 25 de octubre de 2009