Aunque Obama aumentó las tropas en Afghanistán, mantiene la invasión sobre Irak y sostiene en criminal bloqueo contra el pueblo cubano, se le otorgó el Premio Nóbel de la Paz
Resumen
Latinoamericano/Rebelión - En una insólita decisión el Comité Nóbel de Noruega
puso fin a siete meses de búsqueda entre los 205 nominados para el Premio Nóbel
de la Paz y se lo
confirió a Barack Obama. La decisión del Comité noruego provocó reacciones muy
diversas en el sistema internacional: desde el estupor hasta una gigantesca
risotada. Las declaraciones del presidente de ese órgano, Thorbjorn Jagland, no
tienen desperdicio: “es importante para el Comité reconocer a las personas que
están luchando y son idealistas, pero no podemos hacer eso todos los años. De
vez en cuando debemos internarnos en el reino de la realpolitik. Al fin de
cuentas es siempre una mezcla de idealismo y realpolitik lo que puede cambiar
al mundo”. El problema con Obama es que su idealismo se queda en el plano de la
retórica, mientras que en el mundo de la realpolitik sus iniciativas no podrían
ser más antagónicas con la búsqueda de la paz en este mundo.
Según
informa Robert Higgs, un especialista en presupuestos militares del Independent
Institute de Oakland, California, la forma como Washington elabora el
presupuesto de defensa oculta sistemáticamente su verdadero monto. Al analizar
las cifras elevadas al Congreso por George W. Bush para el año fiscal 2007-2008
Higgs concluyó que ellas representaban poco más de la mitad de la cifra que
sería efectivamente desembolsada, llegando por eso mismo a superar la barrera,
impensable hasta ese entonces, de un billón de dólares. Es decir, de un millón
de millones de dólares. Y esto es así porque, según Higgs, a la suma originalmente
asignada al Pentágono es preciso sumar los gastos relacionados con la defensa
que se ejecutan por fuera del Pentágono, los fondos extraordinarios demandados
por las guerras de Irak y Afganistán, los intereses devengados por el
endeudamiento en que incurre la
Casa Blanca para afrontar estos gastos y los que se originan
en la atención médica y psicológica de los 33.000 hombres y mujeres que
sufrieron heridas durante las guerras de Estados Unidos y que requieren un
abultado presupuesto de la Administración Nacional de Veteranos. Obama no ha
hecho absolutamente nada para detener esta infernal máquina de muerte y
destrucción, y cuando por boca de su Secretaria de Estado denuncia los “gastos
desproporcionados en armamentos” en lugar de ver la viga que tiene en su ojo el
blanco de sus críticas es ¡la
Venezuela bolivariana!
Obama
aumentó el presupuesto para la guerra en Afganistán al paso que contempla
incrementar el número de tropas desplegadas en ese país; sus tropas siguen
ocupando Irak; no da señales de revisar la decisión de George Bush Jr. de
activar la Cuarta Flota;
avanza en un tratado todavía secreto con Álvaro Uribe para desplegar siete
bases militares norteamericanas en Colombia, y se habla de cinco más que
estarían a punto de confirmarse, con lo cual está preparando (o se convierte en
cómplice) de una nueva escalada guerrerista en contra de América Latina;
mantiene su embajador en Tegucigalpa, cuando prácticamente todos se marcharon,
y de ese modo respalda a los golpistas hondureños; mantiene el bloqueo en
contra de Cuba y ni se inmuta ante la injusta cárcel de los cinco luchadores
antiterroristas encarcelados en Estados Unidos. Claro, el Comité noruego sufre
periódicamente algunos desvaríos –no se sabe si ocasionados por su ignorancia
de los asuntos mundiales, presiones oportunísticas o las delicias del acquavit
noruego-, lo que se traduce en decisiones tan absurdas como la actual. Pero, si
en su momento le concedieron el Premio Nóbel de la Paz a Henry Kissinger,
correctamente definido por Gore Vidal como el mayor criminal de guerra que anda
suelto por el mundo, ¿cómo se lo iban a negar a Obama, sobre todo después del
desaire que sufriera a manos de Lula en Kopenhagen? La realpolitik exigía
reparar inmediatamente ese error. Porque, al fin y al cabo, como lo declaró el
propio presidente de Estados Unidos al enterarse de su premio, éste representa
la “reafirmación del liderazgo norteamericano en nombre de las aspiraciones de
los pueblos de todas las naciones.” Y, en un súbito ataque de “realismo”, los
compañeros del Comité pusieron su granito de arena para fortalecer la declinante
hegemonía estadounidense en el sistema internacional.