Siria. Un año después del fin del califato, el ISIS no ha sido totalmente vencido

Resumen Latinoamericano / 23 de marzo de 2020 – El 23 de marzo de 2019, los últimos yihadistas del Estado Islámico (ISIS) lucharon hasta la muerte para impedir la pérdida del último reducto de su califato en Bagouz, una aldea siria. Un año después, sus células durmientes siguen agazapadas en zonas desérticas y recónditas desde donde lanzan crecientes ataques.

El 23 de marzo de 2019, las Fuerzas de Siria Democrática (FSD), una alianza liderada por los kurdos y apoyada por la coalición internacional, anunciaban la derrota territorial del grupo yihadista Estado Islámico (ISIS) en su último bastión de la aldea de Bagouz, en la provincia oriental siria de Deir Ezzor, cerca de la frontera con Irak. Las FDS culminaban así una larga y costosa ofensiva en vidas humanas (más de 10.000 bajas propias) en una vasta región que sigue controlando la coalición kurdo-siria y que escapa en su mayoría al control de Damasco.

Miles de yihadistas y sus familias, algunas llegadas del Estado francés, Alemania, Túnez, Asia Central… se habían refugiado en la aldea, plagada de túneles y pasadizos.

Aquella victoria certificó el fin del califato autoproclamado en 2014 por la organización yihadista, y que sembró el terror en un territorio con una extensión similar al de Inglaterra entre Irak y Siria, mientras paralelamente perpetraba atentados sangrientos e indiscriminados a lo largo y ancho del mundo.

Hoy, y como testigos mudos en el que fue el escenario de la última batalla siguen ahí las carcasas de vehículos chamuscados, junto con cinturones explosivos de kamikazes que no estallaron, restos de vestimentas militares y trapos que un día fueron banderas.

«Ya no hay áreas geográficas controladas por el ISIS, pero un año después los ataques terroristas contra civiles y militares no se han detenido y siguen perpetrándose con sus células activas», señala Mervan Qamishli, portavoz militar de las FSD y dirigente de las milicias kurdas YPG.

Según un informe de Rojava Information Center, un grupo de información conformado por activistas locales y extranjeros en territorio kurdo, «los ataques de células durmientes se redujeron a un mínimo histórico en septiembre de 2019», con 43 ataques. Pero, según su último informe, publicado el pasado sábado, han repuntado ya que en noviembre y diciembre registraron 83 y 84 ataques de esas células, respectivamente.

«El ISIS está golpeado pero no acabado», reconoce el portavoz de la llamada Coalición Internacional y coronel estadounidense Myles B. Caggins III.

El califa y líder del ISIS, Abu Bakr al Bagdadi, murió en una operación estadounidense en una aldea en Idleb, en el noroeste de Siria y a pocos kilómetros de la frontera turca, aunque su muerte no ha supuesto el fin de la organización, que ya ha nombrado a su sustituto.

Sam Heller, analista senior del Crisis Group, asegura que actualmente las células «más activas y peligrosas» del ISIS se encuentran en la orilla norte del Éufrates, en Deir Ezoor y en el desierto de Homs, desde donde lanzan emboscadas al Ejército sirio. En Irak tienen su retaguardia en Majmur, en las llanuras y montañas de la provincia de Nínive y en el desierto de la provincia fronteriza de Al-Anbar.

Pese a que EEUU acaba de entregar a Irak su base de Al-Qaim, en esa frontera, y amagó el año pasado con replegarse de Siria, el coronel estadounidense Myles B. Caggins III asegura que seguirán luchando contra el ISIS aunque reconoce que el mérito de impedir que vuelva a controlar territorio es de los kurdos.

Los kurdos retienen a duras penas a 10.000 prisioneros

Irak ha juzgado y en la mayoría de casos condenado a muerte a yihadistas locales o extranjeros rendidos o capturados. Los kurdos de Siria, que tienen a más de 10.000 tras las rejas, han pedido la creación de un tribunal internacional pero no han sido escuchados.

«Hay más de 10.000 combatientes extremistas, casi la mitad de ellos de Siria e Irak, mientras el resto son de 50 países», señala un funcionario de la Administración autónoma kurdo-siria de Rojava.

Además de los yihadistas, decenas de miles de mujeres y menores continúan hacinadas en campos de desplazados habilitados durante los últimos meses de la ofensiva para recibir a los familiares y miembros del EI en condiciones que pueden generar un nuevo foco de adoctrinamiento, sobre todo para los más pequeños.

Por ello, las autoridades kurdosirias han llamado en repetidas ocasiones a los países para repatriar a los menores, pero hasta el momento solo han entregado a unos 300 niños durante este último año

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