Caravana migrante: cumple un mes el calvario de la caminata hacia EEUU / En Tijuana, hombres y mujeres exhaustos son recibidos por amenazantes tropas militares

 

Tijuana, Baja California, 13 de noviembre .— Más de 300 migrantes centroamericanos que llegaron este martes a la ciudad caminaron hasta la playa donde pretenden esperar al resto de las caravanas que se dirigen a la frontera desde el centro del país, para solicitar juntos asilo a Estados Unidos.

Luego de que unos 50 aceptaron trasladarse a albergues, el resto decidió que prefiere quedarse a la intemperie.

Caminaron desde el desayunador Padre Chava por la calle Segunda, el Soler, el Mirador y la carretera a Playas de Tijuana, bajo vigilancia de cuatro patrullas de la policía municipal y acompañados por personal de las comisiones Estatal de los Derechos Humanos y Nacional de los Derechos Humanos, además de la Comisión Municipal de Atención a Migrantes.

Ya en Playas, al menos 25 hombres jóvenes escalaron la barda fronteriza y desde arriba gritaban y chiflaban hacia Estados Unidos, donde agentes de la Patrulla Fronteriza -a bordo de cuatro cuatrimotos, dos patrullas y dos caballos- se mantenían expectantes.

Del lado mexicano, agentes de la policía municipal observaban al grupo, sin intervenir; también algunas personas se acercaron a observar la situación.

Durante la madrugada de este martes, 357 centroamericanos, integrantes de la Caravana Migrante, arribaron a Mexicali a bordo de nueve camiones que los trasladó hasta Tijuana.

Poco después, en la estación del tren en Mexicali, la capital de Baja California, el grupo integrado por niños, mujeres, hombres y adultos mayores, subieron a camiones suburbanos para recorrer 160 kilómetros hasta la zona centro de Tijuana, en donde acudieron al Desayunador del Padre Chava para tomar alimentos de manera gratuita.

Omar Murillo, de 37 años de edad, originario del puerto de San Lorenzo, una comunidad de Honduras en la frontera con Nicaragua, advirtió que el salario allá “es poco, no se ajusta, sólo alcanza para alimentos, no para ropa, escuelas, ni medicinas”.

Luego de señalar que dejó en su poblado a sus dos hijos y esposa, confió en que el gobierno de Donald Trump les dé refugio o, en su caso, les permitan pasar para solicitar asilo en Canadá, país que solicita mano de obra.

Viviana es oriunda de San Pedro Sula, en Honduras, y asegura que en su país hay “mucha delincuencia y no hay trabajo”. Laboraba en un salón de belleza pero su salario no le alcanzaba para sus necesidades básicas ya que “la vida es muy cara” porque ganaba a la semana mil 500 lempiras que equivale a 84 centavos de un peso y se paga 800 de luz y mil de agua.

A sus 20 años emigró al norte para unirse a la Caravana del Migrante con la esperanza de que Estados Unidos le brinde asilo y un trabajo que le permita proveer de recursos a su hermana y sobrinos porque en su ciudad “no se puede trabajar, ni sacar adelante a la familia”.

Ambos migrantes hondureños que coincidieron en que “Primero Dios” les darán cabida en Estados Unidos, se dicen alegres por estar cerca de su destino; mientras, buscarán descansar de la “difícil travesía” hasta que se les otorgue el permiso para su entrevista con autoridades migratorias estadunidenses.

Cumple un mes el calvario de la caminata migrante

Guadalajara, México, 13 Noviembre .– Sin ánimo de festejo, la primera gran marcha migrante que salió de Honduras rumbo a Estados Unidos cumple este martes un mes de un camino escabroso y minado de amenazas del presidente Donald Trump, aunque determinada a alcanzar el sueño americano.

Entre fatiga, hartazgo y dolencias físicas, los más de 5.000 migrantes -en su mayoría hondureños- que persisten desde el 13 de octubre en la marcha que salió de San Pedro Sula, amanecieron en la mexicana Guadalajara tras haber recorrido más de 2.000 km, mayoritariamente a pie y con autostop en algunos tramos.

«No celebramos absolutamente nada. ¿Cómo vamos a festejar que estamos sin casa, sin trabajo, cansados, enfermos, sin seguridad para nuestro futuro?», dijo a la AFP Wilson Ramírez, un hondureño de 60 años mientras hacía una larguísima fila en espiral para salir del albergue y acceder a buses que lo lleven a la siguiente escala de la caravana.

Para Rosa Santos, que viaja con sus tres hijos, la fecha pasó desapercibida.

«Aquí ni nos dimos cuenta de que cumplimos un mes, solo pensamos en sobrevivir al día. Hoy no hemos ni desayunado y ya vamos a un lugar que ni sabemos cuál es», comentó, batallando para empacar las cobijas de su campamento en el auditorio Benito Juárez, un foro con capacidad para 10.000 personas que ofrecieron las autoridades a los migrantes.

– Voluntad de hierro –

 

En su trayecto por México, la caravana llegó a sumar 7.000 integrantes según la ONU, pero muchos han claudicado en el camino. Sin embargo, los 5.049 migrantes que lograron llegar a Guadalajara -según cifras de autoridades locales- llevan consigo una voluntad de hierro.

«Vamos jalando si Dios quiere p’arriba, nada ni nadie nos va a detener. Sucederá un milagro histórico» cuando lleguemos a la frontera y «abramos las puertas», dijo a la AFP Aurelio Rojas, un hondureño de 42 años que viaja con su esposa y sus dos hijas de 13 y 16 años. A su hijo mayor lo asesinaron en Honduras durante un asalto.

«Es por ellas que lo hago. Ellas son mi combustible y el amor que les tengo no se acaba», explicó. «Vamos a llegar porque sí».

A esta gran caravana le siguen a la distancia otras dos, con unos 2.000 migrantes cada una.

Los migrantes no reiniciaron su trayecto a pie como en los días previos. Las autoridades locales dispusieron para ellos decenas de buses fuera del auditorio con el objetivo de llevarlos hasta la frontera con Nayarit, en la costa del Pacífico en el noroeste mexicano.

Pero ese estado «no los va a recibir para dormir, porque no hay condiciones. Todo está muy dañado por el huracán» Willa que azotó la zona recientemente, dijo un alto mando de Protección Civil de Jalisco, el estado al que pertenece Guadalajara.

«Hoy harán un trayecto muy largo hasta el estado de Sinaloa», subrayó bajo el anonimato, por no estar autorizado a dar declaraciones a la prensa.

 

– Los obstáculos de Trump –

 

 

El 9 de noviembre, Trump decretó el fin de los pedidos de asilo para quienes ingresen ilegalmente Estados Unidos, una medida que busca disuadir a los migrantes centroamericanos que avanzan por México hacia la frontera sur estadounidense escapando de la pobreza y la violencia de sus países.

«Debo tomar medidas inmediatas para proteger el interés nacional y mantener la efectividad del sistema de asilo para los solicitantes de asilo legítimos», dijo el mandatario republicano, quien desde su campaña electoral fustiga a los migrantes, calificándolos incluso de «criminales».

Con esa medida, la administración Trump busca que el gobierno mexicano se haga cargo de los migrantes, al estipular que el decreto perderá vigencia si antes se llega a un acuerdo que «permita a Estados Unidos expulsar extranjeros a México».

Según el gobierno estadounidense, las patrullas fronterizas registraron más de 400.000 ingresos ilegales en 2018. Y en los últimos cinco años, el número de solicitantes de asilo ha aumentado un 2.000%, desbordando el sistema, que tiene más de 700.000 casos acumulados para procesar.

Trump acusa a los migrantes de protagonizar una «invasión» y para contenerlos dispuso el envío de miles de soldados a la frontera sur.

El 5 de noviembre, unos 4.800 soldados fueron desplegados (1.100 en California, 1.100 en Arizona y 2.600 en Texas), informó el Pentágono, que dijo que «pronto» espera tener más de 7.000 soldados en servicio activo en la zona.

Unos 2.100 reservistas de la Guardia Nacional llevan ya varios meses en la frontera.

Las actitudes racistas hacia la caravana migrante son “una vergüenza”: Tonatiuh Guillén

Mireya Cuéllar, La Jornada Baja California

Tijuana, BC, 12 de noviembre .– El desafío de la sociedad mexicana frente a los migrantes centroamericanos, sobre todo hondureños, que recorren el país queriendo alcanzar la frontera norte, no es económico porque “la escala de esa movilidad es nada para el tamaño de nuestra población —todos los extranjeros que residen en el territorio representan menos del uno por ciento—. No se va a mover nada en términos estructurales; el desafío mayor es cultural, de percepciones”, señaló Tonatiuh Guillén López, próximo titular del Instituto Nacional de Migración (INM).

El número de miembros de la Caravana “ni es una escala inmanejable ni va a generar un escenario económico inmanejable; tampoco van a multiplicar dinámicas sociales fuera de lo que ya tenemos; hay que reconocer que México es ya un país violentísimo, entonces no conectemos cosas que ya suceden ni culpemos a factores externos de lo que viene ocurriendo. Hay gente que lo está haciendo… afortunadamente son pocos”, apuntó el especialista en temas de frontera y migración.

Guillén, conocido en esta región del país por su trabajo durante 10 años (2007-2017) al frente del Colegio de la Frontera Norte, explicó que las leyes están sincronizadas para proteger a los extranjeros que llegan, la propia legislación habla de un principio de congruencia por lo que llamó a no estimular ni dejar pasar el racismo o la xenofobia.

Las actitudes racistas y xenofóbicas con los integrantes de la Caravana son “una vergüenza”, calificó, para hacer un llamado a “ser congruentes” porque México “tiene no dos mil o tres mil, sino 24 millones de personas en Estados Unidos” y por un principio de “civilidad, congruencia y decencia” debemos tratar a los migrantes como queremos que nos traten.

“No quiero decir que (la situación) sea facilísima, pero conocemos el proceso de inclusión de los haitianos, por ejemplo. La migración no es una problemática nueva para la región fronteriza, todos los días circulan centroamericanos por los puentes de la frontera norte de México”.

Recordó que desde la época de Obama las ciudades fronterizas reciben a cientos de deportados que son apoyados por organizaciones de la sociedad civil; “fueron años terribles de deportaciones —2010, 2011 y 2012—, en número muchísimo mayores que el flujo que tenemos hoy de sur a norte, no estamos hablando de mil o dos mil, esos podían ser en una semana”.

La intención de la próxima administración es que el rol del Estado sea otro —en estos años han sido las organizaciones ciudadanas las que hicieron frente al problema—; que tengamos un posicionamiento institucional distinto; mucho más protector y sobre todo cuidadoso de los derechos humanos.

En principio, apuntó el doctor en Ciencias Sociales por el Colegio de México, habrá un esquema de protección más sistemático, de cuidado, de dialogo y acompañamiento. Hay varia cosas que deberán corregirse; la propuesta es una visión más humana, más apegada a la ley de migración, a la Constitución; que el actuar de los gobiernos estatales y municipales y del INM vaya coordinado en el sentido de la mayor protección a todos, el mayor de los cuidados para niños, niñas y adolescentes.

Hay que ser claros en el diagnóstico para atender el fenómeno, pidió, pues la estadística señala que anualmente entre 50 y 60 mil hondureños cruzan la frontera sur, pasan por aquí, intentan llegar a Estados Unidos (y son deportados por México o EU).

“Cuando ves esos números, lo que tienes en el origen es una crisis social muy grave en Honduras, entonces vamos a seguir teniendo en el corto plazo esta presión social y una movilidad en esta dirección.“Eso tiene muchas implicaciones porque quiere decir que va a seguir ocurriendo ese movimiento que es de estructura social, y en los casos extremos como el de la Caravana, México tiene que concentrar su rol solidario y humanitario, avanzar hacia un esquema nuevo de desarrollo en nuestra frontera sur y en la relación con Centroamérica”.

En este momento hay un problema grave en Honduras: “hay una irresponsabilidad del Estado hondureño, una irresponsabilidad de la clase política y un modelo de desarrollo de una élite económica que no comparte la riqueza, que no comparte mínimos de bienestar. Y si le agregamos la violencia que forma parte del mismo deterioro institucional, social y económico, pues el resultado es esta movilidad de personas en condiciones muy precarias”.

Frente a esto no tenemos más que dos alternativas, sostuvo: “La primera es la de protección a los más vulnerables y la segunda es un nuevo acuerdo de liderazgo de política exterior de México —planteado en el escenario del nuevo gobierno— donde tendremos que focalizar iniciativas de desarrollo en el sur del país, involucrando a Estados Unidos, el propio Canadá y ojalá se pueda a la Unión Europea”.

Con el anuncio realizado el mes pasado por el equipo de transición, de su designación para ocupar el INM, Guillen López se encargará en buena medida de la Caravana que está en camino a Tijuana. Sobre la instalación del Instituto Nacional de Migración en esta ciudad, señaló que “habrá algunos cambios, pero no de escala mayor” porque la institución es de suyo desconcentrada, tiene representantes en todos los puertos de entrada del país.

El campamento base Donna es uno de varios que han sido establecidos a lo largo de la frontera. Credit Tamir Kalifa para The New York Times

Este fin de semana, en lugar de estar con sus familias y jugando fútbol americano durante el Día de los Veteranos, los soldados del Décimo Noveno Batallón de Ingeniería, recién llegados del Fuerte Knox, en Kentucky, trabajaban arduamente en la colocación de alambre de púas en las riberas del río Grande (río Bravo), justo debajo del puente internacional McAllen-Hidalgo-Reynosa.

Cerca de allí, los soldados de la Base Conjunta Lewis-McChord, del estado de Washington, se aseguraban de la correcta instalación de la tienda donde se ubicaría la enfermería, al lado de su estación de asistencia. A unos cuantos kilómetros de ahí, el sargento de personal Juan Mendoza dirigía el tránsito mientras su compañía de apoyo de ingeniería del Fuerte Bragg, en Carolina del Norte, descargaba vehículos militares.

Lo más seguro es que sigan desplegados para el Día de Acción de Gracias, el 22 de noviembre.

A unos 3000 kilómetros, en el Pentágono, los funcionarios se quejaban en privado del despliegue por considerarlo un desperdicio de tiempo y recursos, además de desanimar a los elementos del ejército destinados allí.

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Los soldados juegan naipes para pasar el tiempo. Credit Tamir Kalifa para The New York Times

El soldado de primera clase Skyler Fayo al teléfono. Para cargar la batería de sus celulares, los efectivos usan generadores. Credit Tamir Kalifa para The New York Times

Antes de las elecciones intermedias del pasado 6 de noviembre, el ejército anunció que la misión en la frontera se llamaría Operación Patriota Fiel; no obstante, el mismo día de las elecciones, el secretario de Defensa, Jim Mattis, pidió a sus subordinados que dejaran de usar ese nombre y el Pentágono envió un escueto comunicado de prensa un día después en el que decía que, en adelante, la operación solamente se conocería como apoyo fronterizo. El término “patriota fiel”, según los funcionarios, tenía matices políticos.

Aún no se ha dado a conocer una estimación del costo final de la movilización, pero a los responsables del presupuesto en el Departamento de Defensa les preocupa que si la cantidad de soldados enviados a la frontera en efecto llega a los 15.000 elementos, el costo podría alcanzar los 200 millones de dólares, sin que haya ninguna partida presupuestal específica pensada para ese fin.

La última ocasión en la que se enviaron soldados en servicio activo a la frontera de Estados Unidos con México fue en la década de 1980, para ayudar en misiones para combatir el narcotráfico. Desde entonces, los predecesores de Trump han confiado en la Guardia Nacional, que llegó con menos fanfarría que la comitiva de vehículos y las ciudades de tiendas de campaña que se han diseminado en los últimos días.

El campamento base está rodeado por alambre de púas y está al lado de una franja de valla fronteriza. Credit Tamir Kalifa para The New York Times
El presupuesto fiscal del Departamento de Defensa para el 2019 ya había asignado fondos para combatir al grupo del Estado Islámico en Irak y Siria, continuar la interminable guerra en Afganistán y prepararse para un posible conflicto con una nación extranjera, como China, Rusia, Corea del Norte o Irán.No hay fondos destinados para combatir a los hombres, las mujeres y los niños que se dirigen a la frontera estadounidense; muchos de ellos están huyendo de la violencia o la corrupción, casi todos en busca de una mejor vida. A los elementos del ejército se les han asignado prácticamente los mismos tipos de logística, apoyo e incluso trabajos administrativos que ya hacen los soldados de la Guardia Nacional que fueron enviados a la frontera hace unos meses este mismo año.

El tema de la moral del ejército es casi igual de preocupante. Las órdenes de despliegue tienen fecha límite del 15 de diciembre, lo cual quiere decir que los militares estarán en la frontera para Día de Acción de Gracias. Pero tendrán poco que hacer, además de proporcionar apoyo logístico, salvo que Trump declare ley marcial. Los soldados no harán cumplir las leyes migratorias estadounidenses, porque eso contravendría la Ley Posse Comitatus de 1878, a menos que se emita una exención especial.

“Cuando le asignas a un soldado una misión genuina, es menos probable que haya un problema de moral, incluso si es Navidad o Acción de Gracias”, dijo el representante demócrata por Maryland Anthony G. Brown, expiloto militar de helicóptero que sirvió en la guerra de Irak. “No obstante, cuando envías a un soldado a una misión dudosa, sin valor militar, en Acción de Gracias, no ayuda en absoluto”.

Las bases son similares a las establecidas en Afganistán e Irak en la década de 2000. Credit Tamir Kalifa para The New York Times

El jueves, dos días después de las elecciones, un pelotón de ingenieros del ejército en Hidalgo, Texas, que estaba extendiendo rollos de alambre de púas del lado estadounidense del río Bravo, se despojó de las prendas blindadas. La decisión de vestir solo el uniforme, cantimploras, guantes y cascos fue sencilla: hacía demasiado calor para vestir los chalecos antibalas y los soldados sabían que no los necesitaban. Además, algunos ya han sufrido golpes de calor a tan solo días de iniciada su nueva misión.

Aproximadamente a 24 kilómetros de ahí, unos quinientos soldados —una combinación de unidades médicas, oficiales de policía militar e ingenieros— comenzaban a establecer una rutina en el Campamento Base de Donna. Se le nombró así por el pueblo adyacente de Texas, que los agentes de la Patrulla Fronteriza creen que es uno de los puntos de entrada más probables para la caravana migrante, en caso de que llegue.

La base militar, ubicada entre una autopista de cuatro carriles y el muro fronterizo entre México y Estados Unidos, se asemeja a las que fueron establecidas en Afganistán e Irak a principios de la década de los 2000.

Como sucedía en las bases en aquellas zonas de guerra en sus inicios, la electricidad es escasa, excepto para hacer funcionar las luces y el equipo de comunicación. Los soldados apenas instalaron una pequeña tienda para bañarse en los días pasados. Los hombres y las mujeres han establecido horarios para hacerlo; solo cuentan con siete minutos por persona.

No hay un área designada como comedor; los oficiales patrullan durante la noche armados con pistolas de mano y se alimentan con comidas preempaquetadas hechas para las fuerzas armadas, apodadas MRE. En cada tienda de campaña caben veinte personas; no hay electricidad ni aire acondicionado.

Pueden recargar las baterías de sus teléfonos con algunos generadores que son usados para prender los reflectores cerca de las vallas.

A diferencia de Afganistán e Irak, los soldados no reciben un pago extra por estar en posición de combate activo. Tampoco hay un pago por enfrentarse a grupos hostiles, ya que los soldados no van a interactuar con los migrantes.

El despliegue se extenderá más allá del 22 de noviembre, cuando los estadounidenses celebran el Día de Acción de Gracias. Credit Tamir Kalifa para The New York Times

Los soldados con las llamadas MRE, el nombre castrense para las raciones de alimentos listos para comer Credit Tamir Kalifa para The New York Times

Desde hace tiempo, Mattis, el secretario de Defensa, está en contra de politizar a las fuerzas armadas estadounidenses y a su trabajo. Durante los casi dos años en los que ha estado al frente del Pentágono, ha buscado prevenir que los 1,2 millones de soldados en servicio activo del país queden inmersos en las fuerzas políticas que han plagado a otras agencias o que parezca que apoyan a un candidato sobre otro.

Colocar soldados en la frontera a fin de proteger al país contra lo que Trump considera una amenaza, como dio a entender en la campaña, ha hecho que esa postura de Mattis esté destinada a chocar con la del presidente. La relación de Mattis y Trump de por sí se ha deteriorado considerablemente a lo largo del año pasado.

Las tropas revisan el traslado de un vehículo militar. Credit Tamir Kalifa para The New York Times

Oficialmente, los líderes del Pentágono comentaron que su deber era seguir las órdenes del comandante jefe, no decirle cómo desplegar a los soldados estadounidenses.

Entre las solicitudes para el despliegue que ha hecho la Casa Blanca está que las tropas en la frontera estén armadas y listas para contacto directo con los migrantes con leyes del uso de la fuerza.

“No me corresponde hacer esas evaluaciones”, dijo el secretario del ejército, Mark T. Esper, en una entrevista el miércoles. “Todos reconocemos que una de las muchas misiones del ejército es la defensa de la seguridad nacional y la seguridad de nuestras fronteras”.

La construcción de las regaderas terminó hace poco tiempo en el campamento. Credit Tamir Kalifa para The New York Times

De vuelta a la frontera, cerca del puente Hidalgo, los soldados habían dedicado su mañana a plantar estacas en el suelo para usarlas como pilares para la nueva barda. Ahora, varios de esos oficiales estaban a bordo de un vehículo carguero para disfrutar del aire acondicionado mientras observaban a los equipos de camarógrafos entrevistar a sus colegas.

Horas más tarde, a unos 24 kilómetros, se pronosticaba lluvia al caer la noche en el Campamento Base de Donna. Algunos soldados comenzaban a cavar lentamente una zanja afuera de sus tiendas, para evitar que el agua se encharcara en sus catres y a sus pies en las horas siguientes.

Otros caminaban lentamente hasta los baños portátiles y los lavabos, que bombean agua mediante un pedal, para rasurarse y cepillarse los dientes. Un nuevo grupo de soldados que había llegado unas cuantas horas antes estaba descargando sus mochilas y llevándolas a sus catres en una marcha silenciosa.

Los soldados en la base Donna, en Texas, son algunos de los miles desplegados a la frontera con México. Credit Tamir Kalifa para The New York Times

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