El socialismo y la Casa Blanca

Resumen Latinoamericano / 4 de noviembre de 2018 / Michael Roberts

El equipo de investigación de Trump en la Casa Blanca ha publicado un informe muy extraño. Se llama “Los costos de oportunidad del socialismo”. Pretende demostrar que el ‘socialismo’ y las políticas ‘socialistas’ serían perjudiciales para los estadounidenses, porque los ‘costos de oportunidad’ del socialismo en comparación con el capitalismo son mucho más altos.

Lo que es extraño y bastante divertido es que los asesores de la Casa Blanca de Trump consideren necesario explicar a los estadounidenses los fracasos del ‘socialismo’ en 2018. Pero cuando se ahonda en el informe, se hace evidente que lo que preocupa a los Trumpistas no es ” socialismo’, sino las políticas del demócrata de izquierdas Bernie Sanders de mayores impuestos a los ricos del 1% y el aumento de la popularidad de un ”servicio nacional de salud” de pago único para todos. La popularidad de estas políticas amenaza a la mayoría republicana en el Congreso y también a los beneficios de las grandes empresas farmacéuticas y a los seguidores multimillonarios de Trump.

Lo que la Casa Blanca entiende por socialismo es aparentemente una economía nacional dominada y controlada por el Estado y no por el mercado. “Si un país o industria es socialista es una cuestión del grado en el que (a) los medios de producción, distribución e intercambio son propiedad o están regulados por el Estado; y (b) cómo el Estado usa su control para distribuir la producción económica sin tener en cuenta la disposición de los consumidores finales a pagar o intercambiar (es decir, distribuyendo los recursos ‘gratis’) “.

Así que el informe tiene una definición amplia y genérica de ‘socialismo’ que incluye a la China maoísta (pero no a la China moderna, al parecer), la Unión Soviética, Cuba y Venezuela y los Estados ”sociales demócratas” nórdicos. Todos en el mismo paquete porque Sanders elogia a los últimos y no al resto. Naturalmente, esto plantea la cuestión de si todos estos países pueden llamarse ‘socialistas’. Es decir, si Unión Soviética predominantemente campesina de 1920 o la China de 1950; o las economías dominadas por corporaciones de propiedad familiar de Suecia, Dinamarca y Noruega.

La definición de la Casa Blanca no es el socialismo o el comunismo proclamado por Marx y Engels en el Manifiesto Comunista. Para ellos, el comunismo es una sociedad súper abundante, sin ningún papel del Estado, sino la libre asociación de individuos en la acción común y la propiedad de los productos del trabajo. Por supuesto, este sistema mundo no existe y por lo tanto no puede ser comparado con el capitalismo. En su lugar, lo que la Casa Blanca trata en realidad de comparar es una economía nacional planificada con una economía nacional de mercado dominada por el capitalismo. Pero no hay que ser demasiado duro con los investigadores de la Casa Blanca: no tienen cómo saber lo que es el socialismo; y su definición (la que consiguieron del diccionario, al parecer) es probablemente la opinión de la mayoría de la gente.

Dejando esto de lado, ¿qué funciona mal en todos estos Estados ‘socialistas’? Bueno, “que proporcionan pocos incentivos materiales para la producción y la innovación y, al distribuir bienes y servicios de forma gratuita, impiden que los precios revelen información de importancia económica sobre los costos y las necesidades y los deseos del consumidor”.   En la China de Mao y la Rusia estalinista “sus gobiernos no democráticos tomaron el control de la agricultura, con la promesa de hacer la comida más abundante. El resultado fue sustancialmente una menor producción de alimentos y decenas de millones de muertes por hambre”.  Por lo tanto el socialismo fue un desastre.

A partir de su definición, el informe de la Casa Blanca llega a la conclusión: “La evidencia histórica sugiere que un programa socialista aplicado a los EE.UU. provocaría la escasez, o de otro modo degradaría la calidad, de cualquier producto o servicio sometido a un monopolio público. El ritmo de innovación sería lento, y el nivel de vida, en general, sería menor. Estos son los costos de oportunidad del socialismo desde una perspectiva moderna estadounidense”.

El informe de la Casa Blanca también afirma que “la sustitución de las políticas de Estados Unidos con políticas altamente socialistas, como las de Venezuela, reducirían el PIB real al menos un 40 por ciento a largo plazo, o alrededor de 24.000 dólares anuales per capita”. Y sustituir el actual régimen fiscal de EE.UU. por el de los países nórdicos aumentaría la carga fiscal de los estadounidenses de $ 2.000 a $ 5.000 más por año en transferencias netas. “Estimamos que si Estados Unidos adoptase estas políticas, su PIB real se reduciría al menos un 19 por ciento a largo plazo, o alrededor de $ 11.000 anuales per capita”.

El primer argumento del informe de la Casa Blanca es que los niveles de vida son más altos en los EE.UU. que en los países nórdicos ‘socialistas’. Esta afirmación increíble se basa en un estudio comparativo hilarante: el costo de la compra de una camioneta pick-up en Texas en comparación con su costo en Escandinavia.

Es verdad que una camioneta pick-up puede ser mucho más útil en Texas que en Estocolmo y, dado que los impuestos sobre los vehículos son más bajos en los EE.UU. y los impuestos de combustible son sustancialmente más bajos, el argumento de que una camioneta cuesta mucho menos que en los países nórdicos países ¡es irrefutable! Pero ¿demuestra el mayor precio de una camioneta en Noruega en comparación con Texas que existe un ‘costo de oportunidad’ más alto en la Noruega ‘socialista’? ¿Qué pasa con el transporte público, los servicios públicos, la salud y la educación, en las prestaciones sociales y de desempleo- cosas que la parte más rica de cualquier país capitalista no necesita o usa como un ‘salario social’? El informe de la Casa Blanca no compara esas cosas.

El informe señala que el PIB real per capita es mayor en los EE.UU. que en las economías escandinavas y en el sector no petrolero de Noruega. Los datos muestran que esto es cierto. Pero todo esto muestra es que el norte de Europa comenzó en un nivel inferior cuando Marx escribió el Manifiesto Comunista. En realidad, si nos fijamos en el crecimiento real del PIB per capita desde 1960 (cuando a los estadounidenses se les dice que viven en el mejor lugar del mundo), el crecimiento de Estados Unidos ha caído por detrás de las economías nórdicas y, para el caso, de la mayoría de las economías europeas. De hecho, desde principios de 1990, el crecimiento del PIB real per capita ha sido más rápido en Suecia que en los EE.UU.

Y en cuanto a China, la tasa de crecimiento ha superado a la de los EE.UU. muchas veces desde la década de 1990, sacando a 800m de personas de lo que el Banco Mundial define como pobreza. Sin duda, los investigadores de la Casa Blanca podrían argumentar (aunque no lo hacen) que China se volvió ‘capitalista’ en la década de 1980 y por eso la economía se ha disparado. Pero no sería coherente con su opinión de que un Estado ‘socialista’ es aquel en el que el Estado domina y controla la economía de libre mercado. Porque China debe ser la mayor y mas importante economía dirigida por el Estado del mundo, mucho más que las llamadas economías mixtas de los países nórdicos.

El ingreso total es una cosa, pero la distribución de ese ingreso es otra. Aquí la Casa Blanca tiene que admitir que “a pesar de que las economías nórdicas presentan una menor producción y consumo per capita, también exhiben menores niveles relativos de desigualdad de ingresos según los índices convencionales”. Lo interesante es que si bien los EE.UU. tienen una mucha mayor desigualdad de riqueza e ingreso, la desigualdad nórdica también ha aumentado mucho en los últimos 30 años en la medida en  que los gobiernos han adoptado políticas favorables a las empresas, con reducción de los impuestos de sociedades y personales (es decir, políticas pro-mercado).

De hecho, como el informe de la Casa Blanca dice, en algunos casos, el sistema fiscal nórdico es más complaciente con el 10% superior que el sistema estadounidense – al menos en los impuestos personales: “La baja progresividad del IRPF en los países nórdicos, en combinación con una menor imposición sobre el capital y tasas de impuestos sobre la renta personal son sólo modestamente mayores marginalmente de media en el extremo superior de la distribución de ingresos, implica que una característica central del modelo fiscal nórdico son cargas fiscales medias más altas y cerca de la media sobre los ingresos dxi los trabajadores y sus familias. Es decir, al contrario de las percepciones erróneas de los defensores estadounidenses del socialismo democrático a la nórdica, el modelo fiscal nórdico depende en gran medida no en la imposición de tipo fiscales punitivos a los hogares de altos ingresos, sino más bien a los hogares situados en la media de la distribución del ingreso”.

Esto puede ser un ataque a los elogios de Sanders de las economías nórdicas, pero me parece que demuestra lo lejos que están los países nórdicos actualmente de la ‘social democracia’, por no hablar del ‘socialismo’. Por un lado, el informe de la Casa Blanca afirma que los Estados ‘socialistas’ quieren imponer una mayor carga fiscal a los ricos (como Sanders), pero en realidad esa carga fiscal es menor que ¡en los EE.UU.!

Por supuesto, todo esto es pura charlatanería. Todos los datos sobre la desigualdad de la riqueza y los ingresos en las principales economías avanzadas muestran que los EE.UU. es la economía más desigual, tanto antes como después de impuestos; y que los ingresos reales disponibles para la familia estadounidense media apenas han aumentado en 30 años, mientras que el 1% superior ha tenido aumentos sustanciales.

La parte de la riqueza en poder del 1% superior de los perceptores de ingresos en los EE.UU. se duplicó del 10% al 20% entre 1980 y 2016, mientras que la del 50% inferior se redujo del 20% al 13% en el mismo período.

Pero la parte principal del informe de la Casa Blanca esta dedicada a argumentar que la educación y la atención sanitaria privadas son más rentables que las escuelas estatales financiados con fondos públicos o un servicio nacional de salud. El informe sostiene que pagar por una educación universitaria de Estados Unidos produce un rendimiento mucho mayor de ingresos futuros que en Noruega, donde la universidad es gratuita. Lo que esto implica, sin embargo, es que en EE.UU. las personas sin títulos de educación superior no tienen ninguna oportunidad de ganar unos ingresos dignos, mientras que aquellos sin títulos en Noruega no ganan mucho menos que los que los tienen. Así que, en realidad, el costo de oportunidad de no tener una educación universitaria en Noruega es mucho menor.

Luego está la sanidad. Según la Casa Blanca, los sistemas sanitarios de un ‘solo pagador’, tal como existe en casi todas las economías avanzadas, no son tan eficientes y beneficiosos para la salud como los planes de las compañías de seguros del mercado libre de los Estados Unidos, sobre todo si se excluye el programa Obamacare. ¿La prueba? Las personas mayores en los EE.UU. tienen que esperar menos tiempo para ser atendidas por un especialista que en los sistemas de un solo pagador, según el informe.

En realidad, “los mayores estadounidenses en su mayoría están protegidos por Medicare, por lo que están en un sistema de pagador único cuando llegan a ver a un especialista.

Todos los sistemas sanitarios están bajo presión en la medida que las personas viven más tiempo y desarrollan más enfermedades en la edad adulta. Y esa presión es debida a que la asistencia sanitaria no está suficientemente financiada en comparación con la defensa, las ayudas a las empresas y los recortes de impuestos. Lo mismo ocurre en Estados Unidos.

Y si hacemos una comparación general de la eficacia de los sistemas de salud, las puntuaciones de los Estados Unidos son malas. El sistema de salud de Estados Unidos es uno de los menos eficientes del mundo. EE.UU. estaba en el  puesto 34 de 50 países en el año 2017, de acuerdo con un índice de Bloomberg que evalúa la esperanza de vida, el gasto sanitario per capita y el gasto relativo como proporción del producto interno bruto. La Suecia “socialista” esta en octava posición y la “socialista” Noruega en la 11ª.

La esperanza de vida es una forma de medir, en general, el funcionamiento del sistema médico de un país, por lo que se utiliza como índice. En los EE.UU., el gasto sanitario promedio es de $ 9,403 per capita, o sea la friolera del 17,1% del PIB y, sin embargo la esperanza de vida es solamente de 78.9 años. Cuba y la República Checa – con una esperanza media de vida cercana a los EE.UU. con 79,4 y 78,3 años respectivamente- gastan mucho menos en sanidad: $ 817 y $ 1.379 per capita. Suiza y Noruega, los únicos países con mayor gasto per capita que los EE.UU. – $ 9.674 y $ 9,522 – tienen una esperanza de vida mayor, con una media de 82,3 años. ¿Por qué? Pues bien, el sistema de Estados Unidos “tiende a ser más fragmentado, menos organizado y coordinado, y es probable que ello implique ineficiencia”, según Paul Ginsburg, profesor de la Universidad del Sur de California y director del Centro de Políticas de Salud de la Brookings Institution en Washington.

Así que los costos de oportunidad para el estadounidense medio parecen ser más alto, al menos, para los servicios públicos básicos como la salud y la educación que para el promedio de los países nórdicos ‘socialistas’.

Michael Roberts es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.

Fuente: https://thenextrecession.wordpress.com/2018/10/27/socialism-and-the-white-house/

Traducción: G. Buster

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