marinaleda1.jpgMarinaleda, como la aldea gala de Astérix y Obélix, representa en nuestros días un territorio donde el imperio de la corrupción urbanística y la ambición política no ha conseguido plantar sus estandartes. Este pequeño pueblo sevillano luce orgulloso sus conquistas sociales, como el pleno empleo o la vivienda accesible a 17 euros al mes.

La localidad se encuentra en el noreste de la provincia de Sevilla, en la cuenca del río Genil, entre Écija y Estepa. En ella viven unas 2.700 personas indomables y combativas, a juzgar por los logros colectivos conseguidos desde la Transición. Desde las primeras elecciones libres, el Ayuntamiento ha estado gobernado por el Colectivo Unitario de Trabajadores (primero en coalición con el PCE y actualmente junto con el Bloque Andaluz de Izquierdas dentro de Izquierda Unida-Los Verdes Convocatoria por Andalucía). En las últimas elecciones, mayo de 2007, la candidatura de IU obtuvo siete concejales por cuatro del PSOE, reafirmando a Juan Manuel Sánchez Gordillo en el puesto de acalde, en el que ya lleva 30 años.

En 1977 se creó el Sindicato de Obreros del Campo (SOC) en el jardín que en aquel momento era de Queipo de Llano y que hoy es la Avenida de la Libertad, donde se ubica la Casa Consistorial. No tardaron mucho más de un año los jornaleros en pasar a la acción, con la ocupación de la finca “Bocatinaja” entre Osuna y Los Corrales. Fue la primera vez en la historia de Andalucía que se ocupaba una finca durante dos días después de la Segunda República.

En 1984 los vecinos de Marinaleda, de la mano del SOC, invadieron el pantano de Cordobilla, para reivindicar agua y conseguir que el riego llegara al cortijo de los Humosos, propiedad del duque del Infantado. De este modo, la tierra del terrateniente podía ser expropiada, según la ley vigente. Fueron 30 días de resistencia y solidaridad. Desde 1985 las movilizaciones arreciaron con más intensidad, llegando incluso a invadir la finca por tres meses. Pero no sería hasta 1991, cuando la Junta de Andalucía utilizando los resquicios legales, concedió la propiedad de 1.200 hectáreas al Ayuntamiento.

marinaleda2.jpgEn el año 1997, instalado el riego, comenzó la explotación de Humosos. “Cuando llegamos al Ayuntamiento, en 1979, había muchísimas familias sin vivienda y un porcentaje altísimo de paro, más del 70%”, recuerda Eduardo Valderrama, concejal de Urbanismo. A principios de los noventa sólo se trabajaban dos meses, en la recogida de la aceituna, y buena parte de las tierras pertenecían al duque del Infantado. Se han creado 10 cooperativas de jornaleros (asesoradas por peritos agrícolas), lo que permite hablar técnicamente de pleno empleo y la buena marcha de las industrias de procesamiento del vino, la aceituna, las habas y el pimiento obligan a la importación de mano de obra.

marinaleda3.jpg“El suelo para edificar es una necesidad, un derecho, y debe ser un bien común como el agua o el aire”, piensa Sánchez Gordillo. Para poder construir casa para todos por 17 euros, el Ayuntamiento, a través de la compra o la expropiación, se hizo con terreno. “El suelo supone el 60% del valor final de la vivienda, así que regalándolo ya hemos reducido su precio más de la mitad”, afirma el alcalde. Para que los materiales tampoco costaran mucho, se obtuvo financiación de la Junta de Andalucía a razón de unos 12.000 euros por vivienda y se ideó que fueran los propios propietarios quienes levantaran sus hogares con su trabajo.

A las viviendas, no obstante, se le da una valoración monetaria, de la que se descuenta las jornadas de autoconstrucción. El resultado de la resta arroja el precio que los inquilinos han de afrontar para hacerse con la propiedad. Con letras que no superan los 20 euros al mes, sale una cantidad de años cercana al siglo. Hasta entonces, la vivienda no se puede vender, aunque sí heredar, asumiendo, lo que quede por pagar.

Guardería, piscina, emisoras de televisión, festivales culturales, todo lo más asequibles posible, completan la oferta de servicios municipales en esta “aldea bárbara”. Las primeras asambleas, en las que se debatía hasta llegar casi extenuados a la toma de decisiones, no han dejado de celebrarse, aunque la participación política cuenta hoy con nuevas herramientas como los presupuestos participativos, en los que cada vecino puede proponer proyectos a financiar con el dinero del ayuntamiento. Apenas hay impuestos municipales, aunque eso sí, funcionan los “domingos rojos”, días en los que los vecinos trabajan sin cobrar en tareas comunitarias.

“Tuvimos un sueño colectivo y nos llamaron utópicos, soñadores, idiotas, y se reían de nosotros. Pero con coraje, con inteligencia, con capacidad y con saber aprovechar las contradicciones del sistema hemos conseguido aquel viejo sueño”, proclama Sánchez Gordillo. “Tal vez, como en todo proyecto, podamos cometer errores, que son rectificables, pero lo que no se puede poner en cuestión es una conquista para el futuro de los hijos y de los hijos de nuestros hijos: la tierra no es de nadie. La tierra no se compra, la tierra es de todos”, comenta este singular maestro, tal vez demasiado condescendiente hoy en día con dictaduras como las de Cuba, tal vez demasiado irrepetible. Porque lo cierto es que el modelo de Marinaleda no ha sido exportado. “Por falta de voluntad política”, replicaría el alcalde conocido como “el más rojo” de nuestro país.

Con todas las limitaciones (Marinaleda no deja de ser una localidad pequeña vertebrada a raíz de las distintas luchas y liderada por un personaje muy singular), la experiencia cobra un gran valor en tiempos en que numerosos alcaldes y concejales acaban ante la justicia por meter la mano en la caja del dinero de todos. Al menos, por ahora, Sánchez Gordillo, que conoce bien las comisarías, a las que ha sido conducido en muchas ocasiones acusado de disturbios públicos, delitos contra la autoridad y la propiedad privada, no ha tenido que responder por malversación de fondos públicos ni tráfico de influencias.