México. Masiva movilización estudiantil contra la violencia y en conmemoración de la Marcha del Silencio del ´68 // La solidaridad de familiares de Ayotzinapa // Crónica del ´68

Resumen Latinoamericano*, 13 de septiembre de 2018

 

A 50 años de la marcha del silencio en 1968, alumnos de la UNAM y otras escuelas se movilizan este jueves del Museo de Antropología al Zócalo capitalino, en repudio a la violencia ocurrida el pasado 3 de septiembre en la Rectoría, cuando un grupo de porros atacó a estudiantes del CCH Azcapotzalco.

La marcha de este día es precisamente encabezada por estudiantes del CCH Azcapotzalco, cuyas demandas fueron recientemente atendidas por el rector de la máxima casa de estudios, Enrique Graue.

“El que no brinque es porro”, fue uno de los gritos que se escuchó en los contingentes al inicio, pero después se suspendieron las porras y consignas para recordar la manifestación ocurrida en 1968.

Jóvenes de la UAM y el Politécnico también se sumaron a la marcha, en conmemoración de lo ocurrido hace medio siglo, cuando se realizó en protesta por el desalojo violento de la Plaza de la Constitución.

Al llegar al llamado “antimonumento” de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, ubicado en Paseo de la Reforma y Avenida Juárez, la marcha de universitarios se manifestó con la V de la victoria y guardó un minuto de silencio, para enseguida romper el silencio.

Encabezados por estudiantes del CCH Azcapotzalco, los comités del 68 y de Atenco, pasaron lista de cada uno de los 43 jóvenes desaparecidos de la normal de Ayotzinapa, Guerrero.

Los estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el contingente subrayaron en ese punto que la marcha buscaba recordar la manifestación de silencio que se realizó hace 50 años, pero a partir de este momento gritarían sus consignas.

Así los universitarios rompieron el silencio y sobre Avenida Juárez las consignas y las goyas no paraban.

 

* Fuente: ARISTEGUI NOTICIAS

 


 

 

FAMILIARES DE AYOTZINAPA: “CAMINAMOS CON USTEDES”

Ciudad de México | Desinformémonos. Los padres de los 43 normalistas de Ayotzinapa manifestaron su apoyo total al movimiento estudiantil que nació en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) a raíz del ataque porril contra los estudiantes que protestaban en Rectoría de Ciudad Universitaria el pasado 3 de septiembre.

En el Foro José Revueltas de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL), los padres de los 43 jóvenes, junto con algunos normalistas de la Normal de Ayotzinapa, agradecieron el apoyo que los universitarios han extendido con la lucha por la búsqueda de sus hijos y compañeros y aseguraron que tienen que “caminar juntos” para acceder a la justicia.

“Caminamos con ustedes”, dijo Mario César González, padre de uno de los 43 normalistas. “¿Cómo no enojarse porque los golpean a ustedes, sabiendo que los 43 padres de familia piensan que así pueden haber golpeado a nuestros hijos? Es irritante ver que siguen golpeando jóvenes”, pronunció frente a estudiantes y profesores.

Los padres aseguraron que estarán presentes en la Marcha del Silencio de este jueves para apoyar a los jóvenes que exigen un alto a la violencia y la inseguridad en las escuelas.

“Uno se encabrona de ver que los porros son mangoneados por el mismo sistema, entonces no hay diferencia de que a nuestros hijos los hayan desaparecido”, dijo González.

Los padres y los normalistas señalaron que deben unirse para poder continuar con la lucha que busca intimidar y acabar con los movimientos estudiantiles, así como para saber el paradero de los 43 normalistas desaparecidos el 26 de septiembre de 2014.

* Publicado por DESINFORMÉMONOS

 

COMO FUE LA MARCHA DEL SILENCIO DEL 68

Por Deyanira Morán, Andrés Otero y Daniel Francisco

Ante la campaña negativa del gobierno que los acusaba de revoltosos y participantes de una conjura internacional contra México, los estudiantes demostraron que podían marchar en silencio, sin maldecir y con imágenes de héroes nacionales. Una protesta pacífica. Tocar las puertas del diálogo que nunca llegaría.

Ni Don Pablo González Casanova imaginaba el final del movimiento estudiantil de 1968. Días antes del 2 de octubre escribía en el Excélsior lo siguiente: “El gobierno tiene la alternativa de aceptar el diálogo y resolver las seis demandas del pliego petitorio o usar de su poder represivo, cuidando sólo de que las formas sean legales. Por lo pronto no parece previsible un golpe de Estado ilegal” (13 de septiembre de 1968).

Al día siguiente de la marcha, El Universal publicó que “algunos (estudiantes) para demostrar que se trataba de una manifestación silenciosa, se colocaron esparadrapos en la boca”. El Día señaló que en el mitin, donde hablaron tres estudiantes (dos hombres y una mujer), los puntos de los discursos fueron:

· No se da un paso atrás a la lucha
· El pliego de peticiones debe ser resuelto
· Las discusiones, de celebrarse, deben ser públicas
· En esta ocasión no se defraudará al pueblo

El Día destaca dos factores más: la aparición de la V de la Victoria entre los manifestantes y que muchos de ellos llevaban tela adhesiva en la boca.

El Universal de ese 14 de septiembre se mostró preocupado por el tráfico: “La columna marchó lentamente, provocando graves trastornos al tráfico, ya que su paso tuvo dos horas de duración”.

“Los días y los años” de Luis González de Alba describe ese día:

“El helicóptero seguía volando casi al ras de las copas de los árboles. Finalmente, a la hora señalada, se inició la marcha en absoluto silencio. Ahora no podrían oponer ni siquiera el pretexto de las ofensas. Apenas salidos del Bosque, a unas cuadras de iniciado el recorrido, las columnas empezaron a engrosarse. Todo el Paseo de la Reforma, banquetas, camellones, monumentos y hasta árboles, estaba cubierto por una multitud que en cien metros duplicaba el contingente inicial. Y de aquellas decenas y después cientos de miles sólo se oían los pasos. El silencio era más impresionante que la multitud. Si los gritos, porras y cantos de otras manifestaciones les daban un aspecto de fiesta popular, la austeridad de la silenciosa era semejante a la de una ceremonia solemne. Entonces, ante la imposibilidad de hablar y gritar como en otras ocasiones; al oír por primera vez claramente los aplausos y voces de aliento de las gruesas vallas humanas que luego se unían a nuestro contingente, surgió el símbolo que pronto cubrió la ciudad y aun se coló a los actos públicos, la televisión, las ceremonias oficiales: la “V” de ¡Venceremos! Hecha con los dedos, formada con los contingentes en marcha; pintada después en casetas de teléfonos, autobuses, bardas. En los lugares más insólitos, pintado en cualquier momento, brotaba el símbolo de la voluntad inquebrantable, incorruptible, resistente a todo, aun a la masacre que llegó después. En los días siguientes al 2 de octubre, la “V” continuaba apareciendo hasta en las ceremonias olímpicas, en las manos alzadas del Pentatlón Militar Deportivo y en todas partes. Nada parecía poder extinguirla.

“Otra vez el Paseo de la Reforma, la avenida Juárez, Cinco de Mayo, el Zócalo. La gente en todas las ventanas y balcones, en las banquetas, sobre las estatuas, en las ramas de los árboles. Ahora podíamos oír las exclamaciones, los gritos de ánimo, los aplausos. Otra vez el Zócalo lleno. Mantas, pancartas, grandes dibujos de Zapata y Villa pero ninguno de Carranza o de Obregón. Cuando nuestro contingente entró al Zócalo ya se había iniciado el mitin. Cada orador trataría un punto del pliego petitorio. Al final, ya de noche, se rompió el silencio con el Himno Nacional. Puestos de pie y con antorchas encendidas en alto finalizamos la manifestación y el mitin”.

El diario Excélsior, al igual que Don Pablo González Casanova, no pensaba en un final trágico para el movimiento estudiantil. En su editorial del 14 de septiembre, Excélsior publicó: “Puede pensarse, a la vista de este desfile de ayer, que podrá haber en término corto una transición que conduzca del desacuerdo a los razonamientos y a la postre al entendimiento”. Todos sabemos el final de esta historia.

 

* Fuente: UNAM GLOBAL

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