Francia. Tres jóvenes neonazis se sientan en el banquillo de los acusados ​​por el asesinato del antifascista bretón Clément Méric

Resumen Latinoamericano / 11 de septiembre de 2018 / Anna Montull, Directa.cat

Los agresores de Méric formaban parte de Troisième Voie y de su servicio de orden, las Jeunesses Nationalist revolutionnaires (JNR), el cual tenía por consigna “Creer, combatir, obedecer”

Clément Méric, sindicalista en Solidaires Etudiant-se y militante a Action Antifasciste Paris-Banlieue, fue abatido por un grupo de neonazis en París el 5 de junio de 2013. Cinco años después de su muerte, este 4 de septiembre se ha iniciado el juicio en el Tribunal Penal de París, que emitirá sentencia el 14 de septiembre y que podría condenar a dos de los tres imputados a penas de hasta 20 años de prisión

Cosima Ouhioun, abogada de la familia Méric, declaró antes del inicio de la primera sesión que “los padres y las hermanas de Clément esperan de este juicio que se diga la verdad y que la memoria de Clément sea respetada”. Esta voluntad se explica por el relato articulado por diversos medios de comunicación franceses, que han tendido a despolitizar la agresión y contextualizar la muerte del joven de 18 años dentro de una pelea callejera entre skinheads y  redskins .

Pocas semanas después de los hechos se filtraron a los medios imágenes manipuladas de la escena del crimen según las cuales sería Méric quien habría iniciado la agresión. La policía judicial desmintió la autenticidad de las imágenes dado que la única cámara de videovigilancia que captó los hechos no permite clarificar este extremo. Aun así, los principales medios de comunicación -como RTLo France 2- las siguieron difundiendo como veraces. France 2 fue aún más allá y elaboró ​​una infografía que se hizo viral. En esta simulación, se mostraba un Clément agresivo dirigiéndose hacia un pasivo Esteban Morillo que se encontraba de espaldas y que, ante el ataque, se habría defendido con los puñetazos que acabarían provocando la muerte del joven antifascista. Con todo, esta operación de desinformación contribuyó a la aceptación de un relato que -en el mejor de los casos- se refería a los hechos como una simple pelea entre grupos violentos y en el peor dañaba la figura Méric y de sus compañeros antifascistas, legitimando la versión de los jóvenes neonazis y convirtiendo así los agresores en agredidos.

Cinco años más tarde y ante un rompecabezas lleno de testigos y de piezas contradictorias, hay un elemento clave que determinará la sentencia final del juicio: la utilización o no de un puño americano. A Esteban Morillo y Samuel Dufour, principales imputados por la muerte de Méric, se les acusa de “violencias voluntarias habiendo provocado la muerte sin intención de causarla”, en reunión y con arma. Si se demuestra que utilizaron el puño americano deberán enfrentarse a una condena de 20 años de prisión; si se desmiente, la pena se reduciría a 15 años. El tercer acusado, Alexandre Eyraud, haría frente a una pena de cinco años por “violencias en reunión” hacia los compañeros de Méric.

Hoy por hoy, Morillo ha aceptado haber inflingido dos de los puñetazos que le causaron la muerte, pero niega haberles dado con un puño americano. Dufour, por su parte, admite que llevaba anillos pero niega rotundamente haberse confrontado directamente con Méric, así como haber utilizado un puño americano. Aunque la investigación descubrió un SMS de Dufour enviado tras el enfrentamiento donde presumía de haber hecho uso para apalear al joven, las historias contradictorias de los testigos han impedido hasta ahora poderlo probar o desmentir. En el ámbito médico, la autopsia había descartado la utilización de un arma por falta de fractura. Sin embargo, durante el juicio una contra-experta ha probado una fractura en la nariz que sería compatible tanto con puñetazos desnudos como armados.

Otro factor clave será la dimensión política que se le dé a la agresión. En 2013 e inmediatamente después de los hechos, Manuel Valls -ministro del Interior en la época- se refirió a la agresión como “asesinato”, en un contexto donde los temores por la escalada de la extrema derecha estaban resurgiendo. Sin embargo, los jueces de instrucción desestimaron intencionalidad de provocar la muerte al joven. Los abogados de los dos acusados ​​principales insisten en rechazar el carácter político de la muerte de Méric: “No es una expedición punitiva, por lo tanto no es una acción de naturaleza política” afirma Patrick Maisonneuve, abogado de Morillo.

Por el contrario, tanto la familia como los colectivos donde militaba Méric reivindican el carácter político de la muerte de su compañero. La agresión se debe resituar en el contexto político de la primavera de 2013, cuando surgió un fuerte movimiento conservador de oposición a la legalización del matrimonio homosexual. La  mani pour tous (Manifestación por todos) movilizó todas las derechas e incrementó la presencia de grupos neonazis en la calle, lo que llevó a una proliferación de las violencias homófobas y racistas. Como manifiesta el Comité Clément Méric en su último comunicado, “el juicio será la ocasión de suscitar una atención particular de los medios y de la opinión pública sobre la cuestión de las violencias de la extrema derecha. También será la ocasión de deconstruir el esquema que ciertos discursos intentan imponer, situando la extrema derecha y la extrema izquierda en un mismo plano “. Más contundente y breve, el padre del joven afirma: “Esperamos que el juicio sea un juicio contra la extrema derecha”.

Los agresores de Méric formaban parte de Troisième Voie y de su servicio de orden, las Jeunesses Nationalist revolutionnaires (JNR), el cual tenía por consigna “Creer, combatir, obedecer”, visiblemente toma del conocido lema de Mussolini. Ambos grupos de ideología fascista fueron creados en la década de los 80 y reactivados en 2010 por Serge Ayoub -alias Batskin-, conocido líder de los movimientos de extrema derecha del París de los años 80. La investigación del caso muestra la proximidad de los jóvenes con Ayoub para el intercambio de llamadas que tuvieron con él aquel 5 de junio antes y después de la agresión, que revelan como posteriormente los jóvenes se habrían reunido con su mentor en el bar privado Le Local, lugar de encuentro de Troisième Voie . Tanto este grupo como el JNR fueron disueltos después de los hechos por un decreto del Consejo de Ministros. Sin embargo,todavía no ha habido una aceptación pública del caso Méric como agresión fascista.

Desde la muerte de Méric, el gobierno ha disuelto numerosos grupúsculos de extrema derecha, pero muchos de ellos se han reorganizado tras nuevos nombres. En un contexto de expansión de este tipo de grupos tanto en número como en presencia geográfica y en la que el Rassemblement National -antiguo Frente Nacional- acumula entre el 20 y el 25% de los votantes, neutralizar el carácter fascista de sus crímenes puede crear un precedente y puede ser un aliciente para la escalada de violencia. En este sentido, reducir una agresión como la de Méric el producto de una cultura de confrontación física practicada indistintamente por grupos fascistas y antifascistas no sólo significaría tipificar la violencia como modus operandi de ambas partes sino que también implicaría atribuirles responsabilidades compartidas. En otras palabras, esto se traduciría en una permisividad política que consentiría la impunidad de los crímenes fascistas. ¿Están el Estado francés y su sistema judicial dispuestos a asumir las consecuencias? La sentencia del 14 de septiembre y las lecturas políticas del caso nos lo dirán.

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