Argentina. No estamos preparados contra la estrategia de derrota estructural

Resumen Latinoamericano / 10 de septiembre de 2018 / Carlos A. Larriera

Estamos prevenidos contra la represión, contra las dictaduras militares, pero no contra la derrota estructural.

Se ha dicho muchas veces, y nos incluimos, que el plan del gobierno no cierra sin represión.

Esto es cierto. Pero en alguna medida encierra la idea de que la principal estrategia de dominación del gobierno es la represión. La represión, por más feroz que sea es sólo una herramienta imprescindible, el plan de sometimiento del pueblo no termina ahí.

Si el gran capital mundial viene por los recursos naturales del país, por el litio, el petróleo, los acuíferos, etc., necesita sí o sí la resignación total del pueblo. No puede ocupar el territorio y explotarlo con una resistencia permanente de la población. Para impedir esto la represión no alcanza. Porque la resistencia se puede transformar en rebelión, y ésta en revolución democrática, a pesar de que se incremente la represión en gran proporción, y de alguna manera debido a eso mismo.

Necesitan tener al pueblo derrotado, disperso, resignado. El recurso más efectivo para lograr esto es la derrota estructural.

En una fábrica, una oficina, un banco, cualquier lugar de trabajo, puede existir una organización sindical que abarque a la totalidad de sus asalariados, con delegados y comisión interna honestos y combativos, y un funcionamiento plenamente democrático y completamente intercomunicado. Esto implica, obviamente, una fuerza muy importante frente a la patronal, la cual se verá en serias dificultades para precarizar el trabajo en cualquiera de sus variantes.

Pero hay  algo que es difícil de revertir: el cierre de la empresa. A veces se logra, pero la mayoría de las veces no. Si cierran fábricas, oficinas, reparticiones públicas, etc. los trabajadores ya no pueden recurrir a la huelga para defender sus derechos. Los cortes de ruta, que empezaron en Cutral-Co fue la respuesta que encontraran los trabajadores para luchar habiendo perdido su lugar de trabajo. Porque lo que todavía no habían perdido era la organización. Si se cierran o privatizan escuelas, colegios, universidades sucede algo similar. Al quedar fuera de sus lugares de trabajo, la lucha se hace mucho más difícil e incierta. Si se suma el cierre o precarización extrema de hospitales y centros de salud, si se encarecen las obras sociales, si los medicamentos se vuelven impagables, suben descomunalmente los precios mientras baja el poder adquisitivo real de trabajadores y jubilados, al ser los aumentos de sueldos inferiores a la inflación, la situación de la población se va deteriorando cada vez más, la pobreza y la miseria crecen exponencialmente. Sin ingresos suficientes, sin lugares de trabajo en los que poder organizarse y tomar medidas de lucha efectiva, sometidos a una lucha desesperada por sobrevivir, el pueblo se desintegra, termina siendo sometida toda la población a la derrota, el abatimiento, la impotencia y la resignación.

Ese es el plan más probable. Con la simple acción, por ejemplo, de desfinanciar la educación pública, pueden llegar a derrotar toda la lucha de los trabajadores de la educación y los estudiantes. Estamos preparados medianamente frente a la represión, pero no lo estamos para que nos “retiren el piso” sobre el que vivimos, nos dejen sin estructura, nos sometan a una derrota estructural, y esta sí puede perdurar e incluso profundizarse con el tiempo.

Junto con esto pueden tener también la estrategia de balcanizar el país. El gran capital, es el mismo que interviene de distinta manera en todo el mundo, desde el genocidio en Medio Oriente hasta los golpes blandos en América Latina, pasando por la desaparición del Estado de bienestar europeo, el crecimiento de la derecha y el surgimiento del neonazismo, junto con el fomento del odio a la inmigración. Una de sus estrategias es el “caos constructivo” impulsada, entre otros, desde hace muchos años, por Zbigniew Brzezinski, es decir promover luchas internas en los países, incentivando conflictos religiosos, étnicos, etc., y aprovechar la desintegración subsiguiente para apoderarse de sus territorios, una variante moderna del “dividir para reinar”.

La balcanización en la Argentina se puede producir o no, pero está en la agenda mundial de la ofensiva del gran capital internacional, y significaría una derrota estructural aún más profunda, desapareciendo el país tal cual lo conocemos, dividido en cuatro o cinco países más chicos, fragmentando aún más la unión del pueblo argentino.

La balcanización puede producirse separando las zonas en las que existen recursos naturales particularmente valiosos, como las del litio, petróleo, acuíferos, terrenos, etc. Los grandes burgueses de esas zonas pueden acordar con el gran capital extranjero la formación de un nuevo Estado, con cualquier excusa, arrastrando al pueblo detrás de sí, previamente desintegrado por la derrota estructural e incapaz de defenderse al no conocer cómo funciona el mundo.

Sólo como ejemplo, el norte de Chile y Argentina, y el sur de Bolivia, donde se extiende una extensa zona de litio, podrían unirse y formar un nuevo país, teniendo como eje aglutinador la explotación del litio por las burguesías de los tres países que tienen acceso a su explotación, en asociación con capitales extranjeros.

La constitución de 1994 traspasó la propiedad del suelo, hasta ese momento del Estado nacional, a los estados provinciales, lo que facilitaría la partición del país siguiendo la línea de los centros ricos en distintos recursos naturales.

No estamos preparados para enfrentar semejantes estrategias. Es imprescindible tomar conciencia de su existencia, y de esa manera estar capacitados para elaborar las contraestrategias capaces de derrotar esta ofensiva del gran capital mundial.

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