“Disparen contra Venezuela”: la doble vara y después

 

Por Fernando Vicente Prieto, Resumen Latinoamericano, 7 agosto 2018

El atentado ocurrido en Caracas el sábado 4 de agosto, mediante el cual sectores de ultraderecha intentaron asesinar al presidente Nicolás Maduro, pone al desnudo la doble vara con la que se manejan actores importantes en la política internacional. Esta conducta es previsible en el caso de medios y dirigentes alineados a la derecha del arco político, pero… ¿qué pasa con las figuras del progresismo y la izquierda? ¿Quiénes se posicionaron y qué dijeron en las horas posteriores al ataque? ¿Qué implicancias tiene ese tratamiento?

El presidente venezolano se encontraba en un acto por el aniversario de la Guardia Nacional Bolivariana. En pleno discurso, las cámaras de televisión registraron que Maduro y otras personas miraron hacia arriba. Se escuchó una detonación y a los pocos segundos la seguridad presidencial lo protegió con escudos de kevlar. Se cortó la transmisión.

La noticia circuló velozmente por grupos y redes sociales. Poco después el ministro de Comunicación, Jorge Rodríguez, informó que se trató de un atentado fallido con drones, que el mandatario salió ileso y que siete guardias resultaron heridos. Al rato de ese mismo sábado Maduro confirmó la información y señaló las responsabilidades políticas apuntando a la participación del gobierno de Colombia en el hecho.

“Han intentado asesinarme el día de hoy y no tengo dudas que todo apunta a la ultraderecha venezolana en alianza con la ultraderecha colombiana”, dijo.

Ya en esas horas estaban en movimiento las usinas de rumores y operaciones psicológicas que caben al contexto de guerra de amplio espectro. Que no fue un dron, sino una bombona de gas. Que la seguridad presidencial no se activó. Que fue un autoatentado. Y un largo etcétera.

A las pocas horas aparecieron imágenes del momento en que explota en el aire uno de los drones. Los grupos clandestinos conocidos como Movimiento Nacional Soldados de Franela (@SoldadoDFranela) y Resistencia Venezolana (@ResistenciaVeOf) se adjudicaron el hecho. Ambas formaciones son parte de los grupos paramilitares vinculados al ataque desde un helicóptero contra el Tribunal Supremo de Justicia ocurrido en junio de 2017 y a los ataques contra el Fuerte Paramacay, en agosto de 2017. Estos fueron liderados por Oscar Pérez, quien resultó muerto en combate contra las fuerzas de seguridad en enero de este año.

Desde Miami, la periodista y activista Patricia Poleo leyó un comunicado donde reivindicó la llamada “Operación Fénix”. Poleo está prófuga de la justicia venezolana, acusada de participar en el atentado terrorista que asesinó en 2004 al fiscal Danilo Anderson, quien investigaba a los responsables del golpe de Estado contra Hugo Chávez de abril de 2002. De modo que antes de terminar la jornada del sábado ya aparecieron importantes elementos para afirmar que el hecho existió y fue impulsado por grupos de ultraderecha.

Voces, justificaciones y silencios notables

Un atentado contra un presidente, sin dudas, es un hecho que conmociona a la opinión pública. Lo normal, ante un acto de estas características, sería una condena unánime. Nadie imagina que un atentado con explosivos contra un jefe de Estado pudiera encontrar apoyos explícitos o implícitos por parte de medios o figuras políticas, del signo que sean. Tampoco que la reacción fuera el silencio, como si se tratara de un episodio naturalizado.

Algunos líderes políticos, como Evo Morales, Rafael Correa y Miguel Díaz Canel, de inmediato expresaron la solidaridad y contextualizaron el ataque. De igual forma se posicionaron los Movimientos hacia el ALBA y otras organizaciones.

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