Venezuela: ¡Alerta con lo que puedan acordar en la 48° Asamblea General de la OEA!

Por Carlos E. Lippo, Resumen Latinoamericano, 1 junio 2018

“En nuestra opinión, la OEA desde su fundación fue, es y será un instrumento de dominación imperialista y
ninguna reforma podría cambiar su naturaleza o historia”.
Raúl Castro Ruz

Como es sabido por muchos, la exclusión de Cuba del sistema interamericano fue acordada el 31 de enero de 1962 en el seno de la Octava Conferencia de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA, celebrada en Punta del Este, Uruguay, bajo la excusa de que el gobierno de la isla quebrantaba la unidad y la solidaridad del hemisferio, por haberse declarado de ideología marxista leninista en pleno y legítimo ejercicio de su soberanía.

Sin embargo, habrán de ser menos los que saben que la citada conferencia fue convocada a solicitud del gobierno del Perú por instrucciones del entonces presidente Manuel Prado Ugarte, impartidas a su representante permanente en la organización, durante una visita a Washington en octubre de 1961 que, “curiosamente” le sirviese para gestionar la concesión de un crédito por 99 millones de dólares (1).

De igual forma, trascendió en aquellos días que el 03 de enero de 1962, a unos 20 días de iniciarse el funesto evento, la Casa Blanca anunció un proyecto destinado a entregar 15 millones de dólares a los gobiernos de Costa Rica, Guatemala, Nicaragua, Honduras y El Salvador, con destino a la producción de café; siendo oportuno señalar que en aquellos días el periódico “Adelante” de Costa Rica, comentó en relación a este proyecto gringo, que se trataba de un chantaje y un soborno en vísperas de la Conferencia de Punta del Este, dirigido a estabilizar el mercado de un producto cuyos precios habían sido apreciablemente dañados precisamente por los grandes importadores radicados en los Estados Unidos.

Pero no pararon aquí los sobornos del imperio destinados a obtener el apoyo necesario para satisfacer su capricho de expulsar a Cuba de la OEA, y es que poco antes de iniciada la reunión, habiéndose conformado un grupo integrado por Brasil, Argentina, Ecuador, Bolivia, Chile, México, Haití y Honduras, que buscaba contener la iniciativa sancionatoria liderada por Estados Unidos, Colombia y Venezuela, “un cañonazo de billetes verdes” disparado por el gobierno del presidente Kennedy logró que el Haití del vesánico dictador François Duvalier cambiara su posición y que en consecuencia este grupo se quebrara (2), llevando al fracaso tan loable iniciativa.

En aquellos días la OEA estaba integrada por 21 estados, de manera que la mayoría calificada (2/3 ó 66,66 %) necesaria para acordar la expulsión era de 14 votos, que finalmente se obtuvo, con 6 abstenciones (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador y México) y 1 voto en contra, el de la representación de Cuba. Para finalizar, resulta conveniente apuntar que la Conferencia fue presidida por el embajador de Uruguay, José Antonio Mora Otero, y tuvo que ser celebrada en el casino de un hotel de playa y no en la capital Montevideo, ante los fundados temores del gobierno de entonces a una natural repulsa del noble y aguerrido pueblo uruguayo.
La 39° Asamblea General celebrada en San Pedro Sula (Honduras) en junio de 2009 (3), aprobó por aclamación el reingreso de Cuba a la organización y por este motivo, aunque este estado insular no sólo que no se ha incorporado aún, sino que su gobierno no ha dado señal alguna de querer hacerlo, el número actual de estados miembros de la OEA es de 35 y por ende la mayoría calificada ha sido establecida en 23 miembros.

Comenzando a entrar en materia debo decir que la 48° Asamblea General de la OEA habrá de celebrarse
durante los días 04 y 05 de junio en la mismísima ciudad capital del imperio; una sede propuesta lacayunamente por el canciller de Méjico, Luis Videgaray, para conmemorar el 70° aniversario de este ministerio de colonias gringo, en ocasión de la sesión de clausura de la 69° Asamblea, que hubo de ser celebrada en la ciudad balneario de Cancún ante las esperadas protestas populares que habrían de producirse en caso de que se hubiese celebrado en Ciudad de Méjico; siendo oportuno señalar que tanto en esta Asamblea, como en la anterior celebrada en República Dominicana, aunque se trató el “tema Venezuela”, aun sin estar incluido en las respectivas agendas, no le fue posible al imperio aprobar ninguna decisión en nuestra contra, por no haber podido alcanzar la mayoría calificada de 23 votos.

Para esta Asamblea si ha sido incluida en agenda la “situación de Venezuela”, a proposición de los Estados Unidos y de los gobiernos cipayos del llamado Grupo de Lima (Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, México, Paraguay, Perú y Santa Lucía); según la agencia EFE (4), el documento de solicitud suscrito por los países antes mencionados, que sólo pide que “la situación en Venezuela sea incluida para su consideración” en el temario de la Asamblea, fue aprobado el 02 de mayo en una reunión de la comisión preparatoria del evento, con 19 apoyos, 5 abstenciones y 6 votos en contra, siendo de suponerse que los 4 miembros activos restantes no asistieron a la votación. Aunque el temario debe aún ser aprobado por mayoría simple por la propia Asamblea General en su primera plenaria, es obvio que dada la correlación actual de fuerzas será aprobado sin mayores trámites.

Resulta oportuno y conveniente apuntar que Carlos Trujillo, un estadounidense de origen cubano quien es el nuevo representante permanente del imperio en la OEA ha expresado opiniones decididamente hostiles hacia Venezuela desde el propio acto de juramentación de su cargo, a la salida del cual declaró a los periodistas que Venezuela no debería estar en la organización ni debería tampoco irse de ella voluntariamente, en clara alusión a la solicitud de retiro introducida por Venezuela el 28 de abril del año pasado, que habrá de materializarse en el 2019 en esa misma fecha, porque a su juicio no respeta ni la democracia ni los derechos humanos.

Así mismo, este pichón de halcón ha señalado que en el seno de la OEA se está trabajando en una resolución de condena al gobierno de Nicolás Maduro por no permitir la entrada de ayuda humanitaria, llegando al extremo de afirmar que varios países coinciden con Estados Unidos en la necesidad de incluir una condena a Maduro y su gobierno en una resolución en la 48° Asamblea General, aunque sin decir cuáles ni cuántos. En efecto, con el tono prepotente empleado por los diplomáticos del imperio cuando se dirigen a alguno de sus socios menores, dijo en la misma ocasión: “Las cosas tienen que cambiar y no vamos a seguir aceptando que pase el tiempo”, para rematar señalando en tono altisonante: “Los Estados Unidos y varios países dicen que no es opcional en este momento: tienen que aceptar la ayuda humanitaria”.

En verdad considero que el imperio sigue sin contar con los 23 votos necesarios para expulsarnos o imponernos algún tipo de sanciones en el seno de la OEA, ya que desde el año pasado no han logrado obtener más de 19 votos y eso para decisiones mucho menos trascendentes; no obstante, nunca se puede descartar que al igual que en el pasado, una serie de “cañonazos de billetes verdes”, logren quebrar la voluntad de algunos de nuestros socios en el proyecto Petrocaribe o hasta de alguno de los miembros del ALBA-TCP que lleva ya más de un año haciéndole carantoñas al imperio.

A mi juicio lo más probable es que en el seno de la Asamblea se trate de soliviantar a la mayor cantidad posible de países del área, suscritores del “Estatuto de Roma”, para que acusen al presidente Maduro ante la Corte Penal Internacional, haciendo suyo el más reciente de los esperpentos del secretario Almagro en contra de Venezuela, cual es el informe que encargase a un grupo de “expertos” en DD. HH., para intentar demostrar que existe un “fundamento razonable” para considerar que el gobierno revolucionario ha cometido crímenes de lesa humanidad (5), ya que la OEA como cuerpo colegiado no estaría facultado para hacerlo, aunque si podría hacerlo Almagro a título personal.

La iniciativa anterior pudiera estar apoyada por lo que en definitiva se logre acordar en ese verdadero teatro del absurdo convocado por el congreso nacional colombiano (6), con la anuencia de la Asamblea Nacional en desacato y el parlamento de la Unión Europea, para ser escenificado en la ciudad fronteriza colombiana de Cúcuta el día 01 de junio, llevando el pomposo nombre de “Encuentro de Congresos de América Latina por Venezuela”; en apoyo de la tesis anterior puedo señalar que mientras me dedico a terminar de escribir estas líneas, ya el representante Colombiano Rodrigo Lara Restrepo ha señalado que: “Debemos pedir que se suspenda a la dictadura de la OEA, aquí no hay lugar para ambigüedades, la libertad volverá a la tierra del libertador, sabemos que unidos, en una sola voluntad podemos hacer lo posible para lograr un cambio en Venezuela” (7).

Debo decir sin embargo que considero que todas estas iniciativas que pudiésemos llamar de carácter diplomático, enmarcadas en la agenda oficial de la reunión, no son más que juegos pirotécnicos si se les compara con el verdadero objetivo de la 48° Asamblea, inmerso en su agenda oculta, que no sería otro que afinar los compromisos que se han venido estableciendo desde poco más de un año para conformar la fuerza multiestatal invasora de nuestro territorio, tal como se hizo con la invasión a la Guatemala de Jacobo Arbenz, coordinada soterradamente por el propio secretario de estado John Foster Dulles, en la X Conferencia Interamericana celebrada en Caracas entre el 01 y el 28 de marzo de 1954, aunque lo que realmente se sometió a votación y fue aprobado en esa instancia, con el voto en contra de Guatemala y las abstenciones de Méjico y la Argentina, fue una condena muy general al comunismo internacional y una convocatoria a una Reunión de Consulta de Cancilleres para la adopción de medidas concretas (8), que nunca se celebró con ese propósito.

En demostración inequívoca de lo anterior puedo citar una reunión de efectivos militares del Comando Sur y países aliados de los Estados Unidos, celebrada en Panamá el pasado 17 de mayo, bajo los auspicios del “MARFORSOUTH” (US Marine Corps Forces, South), con el propósito de elaborar un plan de acción para unas presuntas maniobras aeronavales destinadas a intervenir en una nación latinoamericana que estaría representando una supuesta amenaza para la seguridad de la región y de los Estados Unidos (9).

Dichas maniobras que estarían comandadas por el General Robert Neller (veterano de la invasión a Panamá en 1989 y de la guerra de Irak) y el Mayor General David Bellón (actual comandante de MarForSouth), un par de halcones militares que vienen de haber sostenido conversaciones con líderes militares de más de veinte países de Latinoamérica durante la “VII Conferencia de Líderes de Infantería de Marina de las Américas 2018” (10), celebrada en Paraguay entre el 12 y el 16 de marzo del presente año, suponen entre otras cosas la unificación de fuerzas de infantería de Colombia con Marines norteamericanos para conformar una fuerza conjunta de tarea especial para operaciones aéreas y navales subordinada al Comando Sur, lo que vendría a confirmar el papel protagónico del ejército colombiano, que tantas veces hemos señalado en artículos anteriores, en una eventual intervención militar a nuestro país.

Para tener idea del grado de peligrosidad que representa una amenaza como ésta basta con considerar que el Cuerpo de Marines “MARFORSOUTH”, conformado por 47.000 efectivos, posee la capacidad de introducirse en un campo de batalla y combatir sin la ayuda externa de sus fuerzas armadas, por un período de 60 días.

Somos un pueblo de paz pero ante una amenaza como ésta debemos decir con plena convicción, parafraseando al Comandante Fidel Castro: Si los yanquis intentan destruir la Revolución Bolivariana por la fuerza, ¡no encontrarán aquí su Guatemala, sino que encontrarán aquí su Waterloo!

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