Brasil. El golpe es la humillación

Resumen Latinoamericano / 09 de mayo 2018

Una mezcla de inmediatez y de odio nos conduce al fondo de un pozo, a un punto muerto que no parece tener salida. La prisión de Lula fue el ápice.

Hace un año, el gobierno brasileño remitió a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) una solicitud formal de adhesión. Fue un cambio en el posicionamiento a nivel país, que en las administraciones de Lula y Dilma Rousseff no se había buscado.

A principios del mes pasado, llegó la respuesta: el gobierno estadounidense hizo saber que estaba contra nuestra admisión y que, en su lugar, aceptaría la solicitud de Argentina. Los vecinos serán colegas de Chile y México, los únicos países latinoamericanos con asiento en el “club de las naciones ricas”, donde están todas las economías capitalistas avanzadas y algunas en desarrollo.

Salimos, de 2015 para acá, de la posición de quien no participa porque no quiere para la de quien toma bomba al pedir entrar. El Brasil actual no tiene lugar en ese club, a pesar de adularlo a toda hora.

Pocas personas se enteraron de aquella humillación. La “gran prensa”, a decir verdad, ocultó la noticia, relegándola a las páginas internas de los cuadernos de economía o simplemente ignorándola. Normal: ¿cómo mantener el tono general de los periódicos y emisoras alineadas con el gobierno ante tanta decepción? Mejor fingir que no sucedió.

Supongamos que fuera el inverso, que la OCDE aceptara los comicios. Estaríamos viendo una cobertura triunfalista, saludando la decisión como “conquista”, el reconocimiento del mundo civilizado a las políticas implantadas por el golpe. Era todo lo que Henrique Meirelles deseaba para turbinar su candidatura presidencial natimorta y que Michel Temer necesitaba para driblar otro camión de denuncias. No faltarían titulares obsequiosos para ayudarlos.

Podemos, también, imaginar otro escenario, del gobierno de Dilma yendo a las puertas de la OCDE y tomando un no como respuesta. Habría una avalancha de editoriales, columnas y comentarios de “especialistas” ridiculizando el desenlace.

Lo relevante no es sólo que el gobierno estadounidense haya negado la postulación, sino las razones que lo movieron. En la opinión de Donald Trump, el gobierno de Mauricio Macri posee “respaldo electoral” para comprometerse con una agenda, mientras que en Brasil falta falta consenso claro sobre las reformas necesarias. Según él, Macri mostró tener apoyo en las elecciones presidenciales y en las recientes elecciones legislativas. En cuanto a Temer, este es casi nada.

Ni los estadounidenses ni nadie ignora que Temer sobrevive sólo porque es mantenido en vida vegetativa por la élite económica, los “activistas” del Poder Judicial y la prensa conservadora. El gobierno de nulidades, su equipo económico de resultados pífios, su agenda reprobada casi unánimemente por la población, nada más que la prueba del fracaso del golpe de 2016, ahora atestiguado con papel pasado por Donald Trump.

Derribar un gobierno legítimo después de haberlo bloqueado con maniobras congresuales escasas, inventar a alguien como Temer en la Presidencia e imponer una política económica antediluviana en términos sociales, sólo podría dar en ello. El azote, la truculencia y la arrogancia de las élites, que se jactaron de haber sacado al PT del gobierno, las llevaron adonde están. “Tuvieran” respaldo electoral “, no necesitarían mendigar apoyo.

En la economía, sólo consiguen pensar con el inmediatismo de quien no se preocupa por las consecuencias de lo que hace, como piratas que saquean y siguen viaje, indiferentes a lo que queda atrás. En la política, el único combustible de sus acciones es el odio a cualquier propuesta popular, cuyos objetivos fueron Getúlio, Juscelino y João Goulart, y que hoy se dirige contra Lula y el PT.

La mezcla de inmediatismo y odio nos trajo al fondo del pozo, a un punto muerto del que parece no haber salida. La prisión de Lula es el ápice. Si fueran menos estúpidas, las élites habrían parado mucho antes la marcha de la insensatez. ¿Pero qué esperar de gente como sus personajes principales?

Una cosa es cierta: si, en vez de Fernando Henrique Cardoso, hubiera Mário Covas; si en el lugar del ACMinho estuviera Antonio Carlos Magalhães; si fuera el Roberto Marinho padre y no los hijos; si Ulysses Guimarães liderara el MDB y no la cuadrilla de Temer; si Leonel Brizola permaneciera como figura mayor del PDT; si tuviéramos personalidades en el medio empresarial tan respetables como ya tuvimos; si el Supremo Tribunal Federal fuera dirigido por los magistrados ilustres que pasaron por allí, Brasil sería otro. Habríamos sido ahorrados del golpe de 2016 y alguien ya habría dado un basta en los desmanes y prepotencias de la tal “República de Curitiba”.

El único liderazgo que la mayoría del país respeta está encarcelado. Bien hacen los americanos, que quieren distancia de nosotros.

por Marcos Coimbra, Carta Capital.

You must be logged in to post a comment Login