México. La pertinencia de Marichuy / Opinión

Por Gerardo Fernández Casanova, Resumen Latinoamericano, 14 de febrero de 2018.-

La democracia en México es una paradoja: está llena de vacíos. El mayor de los vacíos es la inexistencia de ciudadanía o, por lo menos, su raquitismo. La participación política ciudadana se reduce a la emisión del voto cada tres años y, sólo excepcionalmente, a la intervención a través de organismos no gubernamentales. La enorme mayoría de la población registra un severo analfabetismo político, acarreado desde la época colonial y extrapolado por la manipulación mediática, desde luego la impartida desde el púlpito, pero modernizada por la pantalla televisiva. Una expresión nítida de esta circunstancia, no privativa de México por cierto, es la coexistencia inexplicable de una población con más del 50% de pobres con un gobierno controlado por el 1% de los muy ricos. Más allá de los trucos electorales, dos terceras partes de la votación se ha destinado al mantenimiento del mismo estado de cosas que causan la pobreza. La fábula de los ratones votando por el gato.

Es en estas realidades en que, en mi opinión, se entiende el giro pragmático del proyecto de López Obrador que, postulante de que sólo el pueblo puede salvar al pueblo, sabe que hay que andar por caminos sinuosos para ayudar al pueblo para que decida salvarse. La opción es la de llegar al gobierno para desde arriba buscar la transformación de la realidad; la otra opción es la de trabajar en la base para, algún día contar con un pueblo organizado y convertido en ciudadanía para, entonces, emprender la buscada transformación.

Pienso que lo cierto es que, sin actitudes maniqueas de blanco o negro, ambas opciones deben operar y propiciarse para concurrir al objetivo de regenerar al país. Si, como se espera, AMLO llega al gobierno sin duda va a estar muy sometido a las limitaciones y presiones de los grupos de poder real, sea por las concesiones de campaña electoral o por los candados que las reformas del neoliberalismo han impuesto al estado, enormemente disminuida su capacidad soberana. El riesgo es gobernar sin poder y dar lugar al sueño imperial de vacunar por siempre los afanes de emancipación y regeneración nacionales, por el fracaso en su intento.

Para hacerse del poder López Obrador tendrá que contar con una vigorosa movilización popular que lo apoye a base de exigirle el cumplimiento de las expectativas generadas; el cambio positivo del régimen político, no sólo por la eliminación de la corrupción, sino por la opción por una política que efectivamente privilegie el bienestar social respecto del desarrollismo de la economía; que proteja a la naturaleza contra la depredación utilitaria y que incorpore a la mayoría marginada en las tareas y beneficios del verdadero progreso.

De ahí que resulte altamente pertinente el esfuerzo de los grupos y pueblos originarios con la candidatura de su vocera, María de Jesús Patricio Martínez, a la presidencia por la vía independiente, cuya eficacia no será medida en términos de si logra o no el número de firmas de apoyo requeridas para aparecer en la boletas de votación, sino en el haber levantado la mano para decir aquí estamos y queremos que nos vean; aquí hemos estado siempre y no nos han querido ver; que no puede haber un régimen democrático si nos ignora.

Es posible que la ausencia del nombre de Marichuy en la boletas resulte en una invitación a la abstención o al voto nulo. El diseño del INE para el registro de firmas de apoyo resulta tan moderno que, naturalmente, deja de lado las posibilidades de expresión del México profundo y ajeno a la modernidad del estrato superior de la sociedad. No obstante, es deseable que se consolide como un escalón arriba en la movilización emprendida por el neo zapatismo desde antes de 1994, ahora con una expresión política de mayor calado y con una mejor condición para la organización social de base, indispensable para que un gobierno de cambio pueda progresar. La experiencia de las regresiones sufridas en la América Nuestra habla muy claramente de la importancia de hacer coincidir la voluntad política gubernamental con la movilización popular independiente. La voluntad política debe cobijar a la organización social, pero cuidando mucho de respetar su independencia, al costo de crear gigantes con pies de barro.

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