Honduras: Brutal represión contra marcha pacífica. Periodistas y manifestantes heridos y golpeados por los uniformados

Por Dick & Miriam Emanuelsson desde Tegucigalpa, Resumen Latinoamericano, 13 de enero 2018.

Decenas de miles de simpatizantes de la Alianza Opositora Contra la Dictadura se movilizaron hoy en la capital hondureña en protesta lo que consideran un “fraude monumental” en las elecciones del 26 de noviembre de 2017. Fueron recibidos en la casa presidencial con bombas lacrimógenas y ráfagas de alto calibre por parte de la policía militarizada y unidades del Ejército Nacional.

Este es el preludio del Paro Nacional convocado por la oposición política del 20-27 de enero que promete que “este solo es un inicio que no termina el 27 de enero”, cuando se va a juramentar el saliente presidente Juan Orlando Hernández sino “el inicio”, concluyó el candidato opositor, Salvador Nasralla en su discurso una cuadra antes de la Casa Presidencial y un minuto antes que comenzó la arremetida de los uniformados contra los manifestantes.

Pero antes de llegar a la casa del mandatario, los manifestantes fueron recibidos por centenares de policías y militares del Ejército, que sin ninguna advertencia, dispararon bombas lacrimógenas, hecho que provocó la furia de la gente que incendió la caseta de una de las entradas de la Casa Presidencial.

¿Porqué las autoridades políticas y militares permitieron a los manifestantes llegar casi hasta la Casa Presidencial? ¿O, mejor dicho; ¿porqué los manifestantes fueron recibidos con bombas lacrimógenas en vez de una conversación para consultar ¿hasta cuando va a durar la manifestación? Las autoridades dejaron al Hotel Marriot totalmente vulnerable.

¿Dónde estaba la Policía durante la movilización?

Lo extraño con esta marcha, que las autoridades sabían que sería multitudinaria con miles de manifestantes, es que no había ningún policía o uniformado durante toda la trayectoria del camino desde la Universidad Pedagógica hasta la Casa Presidencial.

Ni siquiera en el desvío del Bulevar Centroamérica, pasando por la sede de la Procuraduría, donde siempre hay un retén del Ejército y la Policía, había retenes de los uniformados.

Esta vez, los uniformado estuvieron muy atrás, dejando que los manifestantes pudieran llegar casi hasta la Casa Presidencial, actuación muy extraña ya que al mismo tiempo los militares dispararon las bombas hacia los manifestantes que, con la furia popular, reaccionaron en forma irracional, tirando piedras hacía los agresores como al hotel Marriot en donde la fachada con sus vidrios en gran parte fueron rotos.

Parte de la inmensa manifestación. Foto: Miriam Emanuelsson.

Periodistas masacrados y el golpe en Chile

En la “avanzada” de los uniformados fueron brutalmente golpeados muchos manifestantes, entre ellos nuestros colegas Rony Martínez y César Silva del único canal opositor de televisión UNE TV, odiado por el partido gobernante.

El camarógrafo de UNE TV no paró de filmar un solo segundo aunque él, Silva y Martínez estaban rodeados por militares que los golpearon y a final “neutralizó” al camarógrafo para que no pudiera filmar el ataque final contra Silva y Martínez.

Esta barbaría contra la prensa y sus trabajadores nos hacen recordar cómo fue asesinado el camarógrafo argentino, Leonardo Henrichsen, que trabajaba para la Televisión sueca y su corresponsal sueco Jan Sandqvist. Henrichsen, hijo de un sueco pero nacido en Buenos Aires, filmó su propia muerte en el primer golpe de estado en “el Tanquetazo” contra el presidente chileno Salvador Allende el 29 de junio de 1973. Henrichsen apuntó con su cámara al asesino militar que a su vez apuntó con su pistola al camarógrafo que recibió la bala y en la secuencia dramática se ve como pierde el equilibrio y a final cae, con su “herramienta” de trabajo, al suelo donde muere en la esquina de Agustinas y Morandé en Santiago de Chile.

El camarógrafo argentino, Leonardo Henrichsen, que trabajaba para la Televisión sueca y su corresponsal sueco Jan Sandqvist filmó su propia muerte cuando fue asesinado por el militar chileno el 29 de junio de 1973.

Diputado y ex presidente masacrado

El diputado Jari Dixon, Libre.

El diputado del Partido Libertad y Refundación, Libre, Jari Dixon, fue también brutalmente golpeado y tirado al suelo por los militares por tratar de impedir el maltrato brutal contra un manifestante.

El ex presidente Manuel Zelaya Rosales, derrocado por la dictadura cívica-militar el 28 de junio de 2009 pasó la misma suerte y fue terriblemente “gaseado” cuando intentó de calmar a las fuerzas militares y policiales. Las autoridades militares y policías ni respetan a los periodistas o a los diputados elegidos por el pueblo, menos un ex presidente.

Los medios hondureños no esperaron o dudaron de acusar a la Alianza Opositora de ser “extremistas” y “vandálicos”. Pero la pregunta que había que hacerse es: ¿Dónde estaba la policía durante la marcha? ¿Por qué su ausencia? ¿Quién de sus superiores los sacó de la calle para evitar el enfrentamiento que fue el resultado por las bombas disparadas por parte de los uniformados DETRÁS de las vallas al frente de la Casa Presidencial? ¿O había órdenes por parte de las autoridades políticas que querían ese enfrentamiento para así tener un pretexto para acusar a la oposición de ser “violenta”?

Se habla de “lucha armada” contra la Dictadura

Pues, creemos que esos sectores políticos se equivocan. Porque la situación de Honduras no es la del golpe de estado de junio de 2009 hasta noviembre del mismo año cuando la Resistencia caminaba y marchaba en protesta por el golpe de estado y de ahí todo quedó igual, dice sectores de la oposición hondureña y agrega:

“Hoy, enero de 2018, hay un pueblo que está al pie de guerra, que no acepta los mandados del gobernante y no tiene miedo de enfrentarse con los uniformados”.

Prueba de esto es que el pueblo del departamento de Cortés, en la costa norte, con el puerto de exportación más importante de Honduras, vecino con Guatemala, cuando supo que el pueblo de la capital había sido reprimido por las fuerzas del orden, tomó la entrada y la salida del Puerto Cortés por la indignación lo que había pasado en Tegucigalpa.

Ante esta perspectiva, muchos de los manifestantes con los cuales hemos hablado hoy, dicen que no hay otra forma que levantarse en armas contra lo que consideran una dictadura y el espacio democrático es cada más reducido. Porque hoy escuchamos como los militares dispararon ráfagas, no sabemos si fue al aire o encima las cabezas de los miles de manifestantes. Pero la situación se volvió insoportable e insegura.

¿Y qué será el 27 de enero y los días posteriores cuando el saliente Juan Orlando Hernández va a juramentarse?

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