Bolivia. Un balance de la situación internacional al término del 2017
Resumen Latinoamericano *, 4 de enero de 2018
No es fácil hacer un balance de los hechos políticos y económicos que se registraron en 2017. Pero si hay algo que podemos concluir: ha sido un año con intenso movimiento en todas las placas tectónicas de la política y la geopolítica mundial.
Estos movimientos, cuyos orígenes se remontan hace al menos cinco años, forman parte de una transición hegemónica en la que ni Estados Unidos se resigna a la declinación de su hegemonía ni mucho menos tolera la configuración de un mundo multipolar en la que China y Rusia juegan un papel fundamental. Es más, la administración Trump, que no es la excepción sino la expresión más perversa de ese imperialismo, está dispuesta a hacer lo que sea necesario para devolverle a los EE.UU. su condición de liderazgo y dominación planetaria.
Los movimientos telúricos se han registrado, por tanto, en todo el planeta. De distintas formas, pero en todo el mundo. Estados Unidos ha continuado presionando para derrotar al gobierno sirio con el apoyo del Estado Islamista, a pesar de que dice combatirlo, y con los gobiernos de países aliados a Washington, como Arabia Saudita e Israel. Pero este desplazamiento, que incluye su presencia en Irak y Afganistán, apunta a controlar esa región altamente inestable tanto por los recursos naturales como para contrarrestar la influencia rusa en todos los ámbitos.
En la región de Euroasia, Estados Unidos, a través de la OTAN, sigue empeñado en mantener su radio de influencia en los ex países socialistas de la Europa del Este, pero tampoco ha logrado evitar la capacidad de movimiento de Rusia que no solo preserva el control de Crimea, sino que ha logrado nuevos aliados como es el caso de Turquía.
Muy cerca de ahí, en el continente asiático, la prepotencia de Trump no ha evitado que el gobierno de Corea del Norte se le rebele cuantas veces ha sido necesario ni mucho menos ha impedido recibir como respuesta a sus abiertas e encubiertas agresiones una serie de pruebas de bombas nucleares de parte de un país que solo aspira a que se respete su autodeterminación. Trump tampoco sabe como evitar la mayor influencia China en la economía.
En América Latina, la resolución de la CELAC de declarar a la región como zona de paz se ha visto peligrosamente bloqueada por varias razones: la decisión de la administración Trump de revertir los avances logrados en el proceso de restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre EE.UU. y Cuba en el segundo mandato de Obama, la posición norteamericana de golpear a los nuevos procesos de integración forjados por el impulso de Fidel Castro y Hugo Chávez y el respaldo a las acciones de conspiración de las oposiciones contra los gobiernos progresistas y revolucionarios. Quizá -habrá que esperar un tiempo para identificar mejor las causas y los actores-, Ecuador sea uno de los objetivos concretados de esos planes imperiales.
Pero no todas esos planes y acciones de la articulación de los Estados Unidos y las derechas del continente han logrado su cometido. De hecho, la revolución venezolana culmina victoriosa el año tras derrotar en las urnas, en las calles y en los foros internacionales a la burguesía imperial. Cuba avanza, al cumplirse en noviembre un año de la muerte de Fidel Castro, en el camino de vencer los duros obstáculos del bloqueo y en el horizonte de construir un socialismo próspero y sustentable. Nicaragua sigue victoriosa a pesar de las amenazas norteamericanas y Bolivia se mantiene acechada pero firme en su camino de soberanía política e independencia económica.
Por todo eso, no solo que 2017 fue de un movimiento intenso en todos los ámbitos, sino que 2018 se anuncia aún más intenso.
*Fuente: La Época (www.la-epoca.com.bo)
Nota del 25/12/2017

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