“El Capital no es una biblia ni tampoco un libro de recetas”, dice José Paulo Netto

Juliana Gonçalves, Brasil de Fato / Resumen Latinoamericano / 21 de septiembre de 2017

A 150 años de la primera edición de “El Capital”, uno de los principales investigadores de la obra habla sobre el libro

La obra El Capital, de Karl Marx (1818-1883), considerada como “la biblia” de la revolución, fue lanzada hace 150 años.  En el nombre del intelectual alemán y su mayor obra, se emprenden muchas batallas políticas e ideológicas hasta hoy.

En entrevista con Brasil de Fato, concedida por correo electrónico, el profesor emérito de la Universidad de Rio de Janeiro (UFRJ)m José Paulo Netto, que se define como comunista, desmitifica la obra.

Netto defiende el contenido del libro como un “programa analítico que debe ser desarrollado sistemáticamente”. Además, habla sobre los principales puntos de análisis estructurados por Marx en el libro, de las crisis del capitalismo como oportunidades para los cambios sociales, del poder de concienciación de los trabajadores y, al final, habla sobre las cuestiones de raza y género, consideradas “postmodernas” por parte de los marxistas, que generan nuevas lecturas y debates sobre la lucha de clases.

Aquí la entrevista completa:

Brasil de Fato: ¿Cómo usted analiza la importancia de la obra y lo que ella representa?

José Paulo Netto: El carácter clásico de la obra de Marx consiste, a mi juicio, en la centralidad del análisis social de la producción económica capitalista y la evidencia de sus contradicciones intrínsecas, lo que le permitió elaborar una teoría sobre la génesis, la constitución y la dinámica de la sociedad burguesa. Después de la obra de Marx, ninguna otra construcción científica fue capaz de explicar y comprender tan rigurosamente en la perspectiva histórica y crítica las condiciones objetivas que propician la diversificación y la complejidad de la vida social en la sociedad en la que vivimos.

Lo que Marx nos ofrece en El Capital (en el libro primero está la fundamentación) es la teoría que expresa, en las tendencias más esenciales, el movimiento histórico real de lo que conocemos como capitalismo.

En las investigaciones que realizó, basadas en la dialéctica de Hegel, Marx descubrió el mecanismo fundamental sobre el cual se erige la sociedad burguesa: la exploración del trabajo por el capital. Transcurridos un século y medio desde la publicación de El Capital, la organización económica y social de la nuestra sociedad se transformó de manera profunda, evidentemente – el capitalismo del siglo XXI no es el capitalismo del siglo XIX. Pero el capitalismo en su constitución solo puede basarse en la explotación del trabajo – no existe capitalismo sin la explotación del trabajo por el capital. Marx no fue ni un profeta ni un creador de utopías: fue un riguroso teórico y lo esencial de sus descubiertas se mantiene como el fundamento necesario para el análisis de la sociedad contemporánea.

¿Cuáles son los principales conceptos estructurados por Marx en El Capital?

Marx en El Capital, tras una exhaustiva investigación, demostró que:

El capitalismo tiene un extraordinario dinamismo para la producción de riquezas materiales y ejerció un rol civilizador históricamente;

El capitalismo revela, a medida que se desarrolla, contradicciones que se manifiestan en sus crisis periódicas.

Del mismo modo, el rol civilizador del capitalismo se atrofia y se convierte en su antípoda, la barbarización de la vida social;

A partir de su plena maduración, el capitalismo engendra fuertes tendencias al bloqueo de su propia dinámica;

El capitalismo no es la expresión de un pretendido orden natural, ni aún menos el fin de la historia: es una modalidad temporal, transitoria y reemplazable de la organización de la producción y de la distribución de las riquezas sociales.

¿El capitalismo investigado por Marx es diferente del capitalismo de hoy?

He observado que el capitalismo contemporáneo está distante empíricamente del capitalismo estudiado por Marx. A lo largo de los primeros decenios del siglo XX, el régimen del capital experimentó cambios ponderables. Pero especialmente a partir de los 70 sus alteraciones fueron más sustantivas – y desde entonces de modo explícito operadas bajo el comando del capital con el movimiento de clases trabajadoras a la defensiva. Así que es panorama histórico-social muy diverso de lo que Marx se enfrentó.

Sin embargo, en relación a los procesos vinculados directamente a la organización económico-política de la sociedad contemporánea, me parece que Marx tiene muchos aportes. La dinámica mundial protagonizada por las megacorporaciones es inexplicable sin los textos de El Capital que abordan las tendencias a la concentración  y centralización del capital; la planetarización del capitalismo (lo que  se popularizó como “globalización”), así como su financiarización. El problema crónico del desempleo actual (en todas sus formas) y sus secuelas sobre millones de hombres y mujeres solo se hace inteligible si recurrimos a la concepción marxista de la “ley general de la acumulación capitalista”.

¿Es correcto regresar a Marx para comprender y reaccionar a las amenazas recientes a los derechos de los trabajadores, como la precarización de los derechos laborales en Brasil?

Marx no fue ni un profeta ni un visionario, como ya lo he dicho. Su obra está marcada por su tiempo y una serie de cuestiones que problematizan el orden del capital actualmente, como las cuestiones de naturaleza política y cultural, no fueron, ni podrían ser analizadas por él.

El Capital no es una biblia ni un libro de recetas: es un programa analítico que debe ser sistemáticamente desarrollado. Las cuestiones indicadas en la pregunta no fueron analizadas directamente o de modo conclusivo. Pero la atención de marxistas contemporáneos encuentra abordajes útiles y esclarecedores – lo que prueba que el método de análisis propuesto por Marx sigue con su validez en el confrontamiento con el capitalismo contemporáneo.

¿Usted puede hablar sobre la concepción de Marx sobre la importancia de las crisis del capitalismo y cómo los trabajadores deben interpretarlas?

El capital es el resultado de décadas de investigación y presenta un análisis riguroso del proceso de constitución y desarrollo del orden del capital. De este análisis, Marx extrajo la comprensión de que las crisis económicas son un componente necesario en la dinámica del capital – las crisis expresan el carácter contradictorio del movimiento del capital: no son señales episódicos de una “disfunción” cualquiera, pero son constitutivas de la regencia del capital en la vida social. Es decir, no existe capitalismo sin crisis. En mi comprensión, las crisis periódicas o cíclicas del capitalismo, para Marx, son resultado de la derivación económica, es decir, son “más capitalismo”. Lo que una crisis de mayor dimensión – una crisis estructural-sistémica – puede ofrecer a los trabajadores es la posibilidad de que encuentren y viabilicen una solución política. Así la alternativa “más capitalismo” solo puede significar una reestructuración radical de la organización política, que suprima el poder político de los trabajadores, la revolución.

Marx fue más que un teórico, fue un militante. Para él, la revolución sería un producto de la acción de los trabajadores.

Marx siempre comprendió la revolución como una variable que resulta del nivel de conciencia social de los trabajadores y de sus vanguardias. No se puede separar el Marx “teórico” del Marx “político”, entre 1847 y 1858, Marx animó la Liga de los Comunistas; durante la elaboración de su obra principal dedicó todas sus fuerzas a la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT). A lo largo de su vida, la consigna de la Liga le pareció válida (“¡Proletarios de todos los países, uníos!) y nunca dudó de que la emancipación de los trabajadores sería obra propia de ellos mismos. Marx jamás estableció una “muralla china” entre las luchas por las reformas posibles para mejorar la condición de vida de los trabajadores y la perspectiva revolucionaria – basta recordar que acogió la limitación de la jornada laboral conquistada por los trabajadores de Inglaterra. Además, como dirigente de la AIT no interpretó la acción revolucionaria exclusivamente como procesos insurreccionales.

Hay análisis que señalan que la cuestión de género tiene un lugar marginal en El Capital. ¿Cómo usted analiza esa cuestión?

No es algo nuevo. En el ámbito académico hay la afirmación vulgar de que Marx no se dedicó a la esfera de la cultura y de los valores, pero una lectura atenta de diversos textos de Marx revela su atención a la esfera de las objetivaciones humanas. En lo que se refiere a El Capital – que no es un tratado antropológico y aún menos psicológico: es la fundación de la teoría social a partir de la crítica de la economía política – sugiero que se examine la pasión y la ira con que Marx habla de la explotación del trabajo femenino (e infantil) en el sistema fabril de su tiempo para averiguar su atención a la mujer trabajadora. Por otra parte, desde 1848, cuando Marx estimaba a George Sand y el movimiento sufragista daba sus primeros pasos, el programa político de Marx para Alemania reclamaba el sufragio universal, el derecho a voto para los mayores de 21 años. Más allá de Marx, en relación a los “clásicos” me parece que la obra de Engels, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, merece una lectura atenta, sin perjuicios, para constatar que en el horizonte de los “clásicos” del siglo XIX la crítica al patriarcado y la defensa de las aspiraciones femeninas no fueron adjetivas.

Hay análisis que declaran, por ejemplo, que no hay capitalismo sin racismo. ¿Cómo el tema se hace presente en la obra de Marx?

Aquellos que dominan el análisis marxista sobre el proceso de acumulación originaria (o primitiva) comprenden la relevancia de la esclavitud moderna, de la trata de esclavos africanos y de los pueblos originarios del “Nuevo Mundo” para la constitución del capitalismo. Se conoce la ira de Marx contra todas las formas de opresión – en Marx, la emancipación humana es el objetivo que dio sentido y significado a su vida y su obra. Otro problema es el racismo moderno. Aunque las raíces del racismo moderno se relacionen a la expansión comercial euro-occidental de los siglos XVI y XVII, este se relaciona directamente a la consolidación de los imperios coloniales a lo largo de los siglos XVIII y XIX y con la emergencia del imperialismo alcanza el carácter más abyecto. Me parece que la afirmación es correcta pues el racismo es un corolario del capitalismo.

Los movimientos feministas y los movimientos negros más recientes buscan articular raza, género y clase como inseparables y con la misma importancia en las construcciones sociales. ¿Cómo ve usted esa idea?

Le contaré un episodio de mi vida académica. Hace treinta años, la profesora Heleieth Saffioti, académica que ya falleció y por quién siempre tuve mucha consideración, me expuso esta idea – y resaltaba que se había que ponderar cuidadosamente los soportes de este “trípode”. Ante mi observación de que la dimensión de la clase constituía el momento determinante, Saffioti sonrió y argumentó: “Para comprobar se hace necesario avanzar en las investigaciones”. Considero que la investigación a la cual se refería Saffioti hace treinta años avanzó – pero yo, que no conozco profundamente los avances, permanezco escéptico en relación a los resultados de las investigaciones que ecualizan los componentes de la intersección.

Edición: Vanessa Martina Silva | Traducción: Luiza Mançano

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