A propósito del libro “Pombo, de Yara a Ñancahuazú que Resumen Latinoamericano presentará este viernes: “BOLIVIA FUE EL MONCADA DE AMÉRICA”

 

 

Por Zbigniew Marcin Kowalewski*

 

“La iniciativa del Ejército Proletario Internacional no debe morir frente al primer fracaso”, escribió el Che Guevara después de su salida de la guerrilla congolesa. Lo reafirmó en vísperas de su salida a la guerrilla boliviana escribiendo: “Que se desarrolle un verdadero internacionalismo proletario; con ejércitos proletarios internacionales, donde la bandera bajo la que se luche sea la causa sagrada de la redención de la humanidad”.

“América Latina será una sola patria”. Esta era la idea con la cual el Che había venido a luchar en Bolivia y por la cual sacrificó su vida, explicaba Guido “Inti” Peredo en sus mensajes mientras trabajaba tenazmente para reconstruir el Ejército de Liberación Nacional.

Cincuenta años después de la muerte del Che, Pombo, legendario sobreviviente cubano de esta guerrilla, insiste con la misma fuerza de convicción y el mismo ardor: “Es la más importante de todas las tareas: lograr la unión de todos los pueblos latinoamericanos”, porque la unión es “la única forma en que los pueblos latinoamericanos podemos resistir la agresión, la influencia, la enajenación a la cual nos somete el imperialismo”.

El valor histórico y al mismo tiempo revolucionario de las conversaciones de María del Carmen Garcés con el hoy general Harry Villegas Tamayo es enorme. En la abundante literatura sobre la guerrilla del Che este libro se destaca por revivir con una fidelidad excepcional su programa político, su gesta, sus ideas, su espíritu y –¡atención!– su increíble moral.

Una de las cosas que impresionan más en este libro es justamente la presencia constante, en la vida y la acción de la guerrilla, del factor moral con sus dos aspectos que, según las palabras del mismo Che, “se complementan mutuamente” –“una moral en cuanto al sentido ético de la palabra y otra en su sentido heroico”– como un arma fundamental de todo verdadero movimiento revolucionario.

Pombo, de Yara a Ñancahuazú restituye la verdad contra tanta mentira y tanto discurso mezquino que se han acumulado distorsionando, empequeñeciendo y banalizando la historia de la guerrilla boliviana.

“No siempre hay que esperar a que se den todas las condiciones para la revolución; el foco insurreccional puede crearlas”. Esta era otra idea fundamental del Che. ¡Cuánto se había dicho que la suerte que corrió la guerrilla en Bolivia la desmintió y enterró para siempre!

Harry Villegas y María del Carmen Garcés muestran que en Bolivia se había confirmado plenamente que era una idea justa. La guerrilla contribuyó a crear condiciones para la revolución suscitando una movilización y ganándose el apoyo de “una fuerza revolucionaria como la de los mineros bolivianos, la más avanzada del continente”.

Era por el temor de que un alzamiento minero se conjugara con la acción guerrillera que el ejército perpetró en las minas la masacre de San Juan. “Era muy poco factible”, explica Pombo, que la sola guerrilla, con su propia fuerza tan pequeña, pudiera “catalizar y haber aprovechado esta situación revolucionaria” sin contar con “el papel de vanguardia que debían de jugar los partidos de izquierda”. Pero “dentro de su concepción de la lucha de masas” éstos “no [lo] supieron jugar”, observa Pombo. El Che tenía razón al comentar en aquella coyuntura política: “Lástima no tener 100 hombres más”.

Desde Bolivia, en el marco de una estrategia increíblemente audaz de la revolución continental, la guerrilla internacionalista bajo su mando tenía que contribuir decisivamente al desarrollo de los movimientos revolucionarios en el Cono Sur y coordinar o unificar el conjunto de estos movimientos a escala latinoamericana. Creando “dos, tres… muchos Vietnam” en un plano aún más amplio –tricontinental– era posible asestar a la superpotencia imperialista una derrota irreversible.

En esta estrategia, la lucha por la “única, verdadera, irrenunciable independencia” de América Latina, anunciada en La Segunda Declaración de La Habana, se combinaba o entrelazaba indivisiblemente con la revolución socialista, porque, para el Che, no había “más cambios que hacer: o revolución socialista o caricatura de revolución”.

Cuando el Che y sus compañeros cubanos, bolivianos y peruanos combatían en Bolivia, la gran mayoría de las corrientes revolucionarias y de las organizaciones de izquierda de todos los países de América Latina se reunieron en La Habana, en la conferencia de La Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS). La delegación cubana, explicando en su informe que el objetivo era “elaborar una estrategia común de lucha contra el imperialismo yanqui y las oligarquías de burgueses y terratenientes” y exponiendo la estrategia de la revolución continental, reivindicó “el ideario bolivariano de concebir a América Latina como una sola y gran Patria”. Profundizada por José Martí, “hoy la concepción continental de un solo pueblo latinoamericano se ha robustecido más”, declaró.

La delegación cubana expuso en la conferencia un “hecho evidente que no ha sido evaluado en toda su dimensión: no se ha conocido jamás un grupo tan numeroso de pueblos, con una población tan grande y un territorio tan extenso, que mantengan, sin embargo, culturas tan parecidas, intereses tan similares y propósitos anti imperialistas idénticos. Cada uno de nosotros se siente parte de nuestra América. ¡Así lo aprendimos de la tradición histórica; así nos lo legaron nuestros antepasados, así nos lo enseñaron nuestros próceres! Ninguna de estas ideas es nueva para los representantes de las organizaciones revolucionarias de América Latina. Pero, ¿hemos valorado suficientemente lo que estos hechos representan? ¿Hemos analizado con profundidad lo que significa que desde época tan lejana como los primeros años del siglo XIX, ya nosotros teníamos una idea continental de la lucha que se desarrollaba en toda América Latina? ¿Hemos analizado con suficiente claridad el hecho irrebatible de que América Latina constituye un solo y gran pueblo?”

En julio de 1969, semanas antes de su captura y asesinato, Inti Peredo, fiel al “sueño bolivariano y del Che de unir política y económicamente a Latinoamérica”, declaraba en su proclama ¡Volveremos a las montañas!: “Nuestra meta única y final es la liberación de América Latina, que no sólo es nuestro continente, sino también nuestra patria deshecha transitoriamente en veinte repúblicas”.

Pombo, de Yara a Ñancahuazú recoge hoy y emite de nuevo este mensaje del Che, Inti, Coco, Chino, Tania, Moisés, Tuma, Joaquín, Ricardo, Rolando y todos los demás combatientes revolucionarios caídos en Bolivia. “En alguna medida”, dice Harry Villegas, “Bolivia fue el Moncada de América. Hoy estamos viendo cómo realmente se van recogiendo cosechas de este golpe que estremeció a toda nuestra América.”

Leer, estudiar, discutir, difundir este libro, en América Latina y en cualquier otra región del mundo, es rearmarse política, ideológica y moralmente.

 

Varsovia, 1 de septiembre de 2017

 

 

 

* Editor en jefe adjunto de la edición polaca de Le Monde Diplomatique y redactor de Quaderni della Fondazione “Ernesto Che Guevara” editados en Italia

 

 

 

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