PALESTINA: Almagro, Israel y la mentira como política continental / El parlamento israelí votará el controvertido ‘proyecto de ley judía’ el próximo mes / Dos parlamentarios israelíes visitan la Explanada de las Mezquitas / Netanyahu promete reforzar las colonias judías de los territorios ocupados / ‘La ocupación está en todas partes y unirse al ejército hoy es aceptar todo esto’ / Niños palestinos se manifiestan en contra de la ocupación israelí en Hebrón / Repensar nuestra definición de apartheid: no sólo un régimen político (Parte I y II)

Resumen Latinoamericano / Agencias / 29 de agosto de 2017 –

 

Almagro, Israel y la mentira como política continental

El Secretario General de la OEA Luis Almagro, no contento con promover la intervención estadounidense en Venezuela -en lugar de tender puentes para reducir la polarización social-, recientemente ha sumado motivos para la indignación popular al visitar Israel y hacer declaraciones que nos ofenden.

 

FOTO:Luis Almagro con Benjamín Netanyahu, primer ministro del Estado de Israel.

El Secretario General de la OEA Luis Almagro, no contento con promover la intervención estadounidense en Venezuela -en lugar de tender puentes para reducir la polarización social-, recientemente ha sumado motivos para la indignación popular al visitar Israel y hacer declaraciones que nos ofenden.

Almagro no habló como el representante de un organismo internacional, sino como un simple propagandista de Israel, presentándolo como un Estado normal, progresista y moderno, respetuoso de la democracia y los derechos humanos. Curioso concepto de democracia tiene el Secretario General de la OEA, que según él es compatible con el nacionalismo religioso, la ocupación colonial y el apartheid.

Por contraste, esta semana en una conferencia en la UNAM de Ciudad de México, el historiador israelí Ilan Pappé dejó claro que el Estado de Israel, nacido de la destrucción del pueblo, el territorio y la cultura árabes de Palestina, se sostiene desde hace siete décadas en base a un régimen de limpieza étnica, ocupación militar, colonización territorial y apartheid jurídico.

Ese Estado controla por la fuerza la totalidad del territorio de la Palestina histórica, desde el Mediterráneo hasta el Jordán, manteniendo a la mitad de la población que vive en él (unos seis millones de personas) sin absolutamente ningún derecho (en los territorios ocupados) o con derechos limitados (dentro de Israel) por el simple hecho de no ser judía. Y al tiempo que promueve la inmigración de población judía de todo el mundo, le niega a otros seis millones de palestinos/as el derecho de regresar a su tierra, obligándoles a vivir en el exilio o en miserables campos de refugiados en los países vecinos.

Luis Almagro con Reuven Rivlin, Presidente del Estado de Israel.

Israel es el Estado que ha desconocido e ignorado más resoluciones de la ONU desde 1948 hasta el presente (incluyendo la Corte Internacional de Justicia y el Consejo de Seguridad). Además de las numerosas resoluciones incumplidas, Israel comete diariamente crímenes de guerra -según el Derecho Internacional Humanitario- contra la población palestina. Entre ellos, desplazamiento forzado, traslado de población ocupante al territorio ocupado, apartheid (como recientemente afirmó la CESPAO, un órgano de la ONU) y genocidio incremental, como llama Ilan Pappé a la combinación de limpieza étnica gradual (en Cisjordania y Jerusalén Este) con ataques y bombardeos periódicos (en Gaza).

Pappé dejó claro lo que hemos dicho en esta columna muchas veces: el llamado “conflicto” palestino-israelí no es una disputa entre dos pueblos por la misma tierra, sino el resultado de una ideología y un proyecto colonial surgidos en Europa a fines del siglo XIX (el sionismo), que se propuso apropiarse del territorio de Palestina, expulsando a su población árabe nativa para sustituirla por colonos (judíos) provenientes de otros países. Los colonos sionistas europeos y blancos que llegaron a Palestina no eran descendientes de las y los palestinos originarios de religión judía, que hasta 1948 convivían pacíficamente con sus compatriotas de religión musulmana y cristiana –en Palestina y en todo el mundo árabe.

En sus declaraciones Almagro afirmó también que los pueblos latinoamericanos tenemos “los mismos principios y valores de respeto a la democracia y los derechos humanos” que Israel. Palabras similares suelen estar en boca de diplomáticos y representantes del régimen sionista en nuestros países. Semejantes afirmaciones deberían ser respondidas categóricamente con una indignación generalizada, pero la verdad es que suelen pasar desapercibidas y hasta toleradas.

A menudo me pregunto por qué los pueblos latinoamericanos, que tenemos siglos de resistencia contra el racismo y el colonialismo, y varias décadas de lucha contra el autoritarismo militar y el terrorismo de Estado, nos dejamos insultar por representantes de un Estado que mantiene la ocupación colonial más larga de la historia moderna (la única que queda en la agenda de la ONU desde su creación) y nos la presenta como “la única democracia de Medio Oriente”.

La dura verdad es que América Latina -al igual que otras regiones del llamado Sur Global- se está convirtiendo en la retaguardia estratégica de Israel, ante el deterioro acelerado de su legitimidad en el hemisferio Norte como consecuencia del avance de la campaña mundial de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS). El sionismo está desplegando en nuestro continente una preocupante ofensiva diplomática, económica y mediática, buscando incrementar su influencia, especialmente a través de la OEA y el BID.

Detrás de su interés en “cooperar” con nuestros países en cuestiones como tecnología agrícola y de irrigación (desarrollada tras décadas de despojo de sus recursos hídricos a las comunidades palestinas, mediante un verdadero apartheid del agua), Israel esconde su codicia por nuestros recursos estratégicos (por ejemplo, el acuífero Guaraní en América del Sur) y también su intención de exportar a nuestros países su modelo de Estado segurocrático, militarizado y represivo.

Aprovechándose de una coyuntura mundial donde aumentan el miedo al terrorismo y la islamofobia, de la impunidad que le ofrece la Era Trump y del giro hacia la derecha en nuestros países, Israel ve una oportunidad única para vendernos su industria de seguridad y armamentística (con el valor agregado de “probado en terreno”, es decir, en los cuerpos palestinos), así como su experticia en la lucha contra “el terrorismo” -que no es otra cosa que la represión brutal de la población palestina, que resiste mayoritariamente por medios no violentos al despojo de su tierra.

Quienes sufrimos el terrorismo de Estado reconocemos a un Estado terrorista, y debemos rechazarlo. Así como rechazamos la incitación de Almagro a la intervención externa en Venezuela, debemos rechazar su trabajo de blanqueo (‘whitewashing’) para normalizar los crímenes de Israel. No tiene nada de ‘normal’ un régimen que desde hace siete décadas viola sistemáticamente todos los derechos humanos del pueblo palestino, asesinándolo extrajudicialmente, encarcelándolo indefinidamente sin cargos ni juicio, apresando a sus niños por tirar piedras al ejército de ocupación y juzgándolos en tribunales militares, robándole y negándole su agua, expulsándolo de sus tierras, demoliendo sus casas, escuelas y hospitales como castigo colectivo o para vaciar la tierra y entregársela a colonos judíos, y permitiendo que éstos roben, destruyan y quemen cultivos, casas y propiedades palestinas con total impunidad.

Los pueblos latinoamericanos no tenemos ningún valor ni principio en común con Israel. Por el contrario, estamos por el fin de toda ocupación militar, de todo régimen colonial, racista y supremacista (basado en la superioridad de un grupo de población sobre otro, como es el caso de la etnocracia israelí), y por la autodeterminación de los pueblos, la misma que se le niega al pueblo palestino.

El paradigma de los derechos humanos y la democracia en el siglo XXI no admite que dos grupos de población viviendo en el mismo territorio sean gobernados por dos sistemas legales y jurídicos distintos en función de su origen étnico o religioso (civil para la población judía, militar para la población palestina), o que la población no judía sea discriminada por más de 50 leyes. Eso se llama apartheid, no democracia.

La mejor respuesta a las mentiras de Almagro como vocero del sionismo la dio Ilan Pappé al concluir su exposición en la UNAM: “Debemos entender que Palestina es un asunto de justicia social y moral. No es el peor conflicto que hay en el mundo, ni el movimiento sionista es el más cruel que ha existido en la historia. Pero es el relato más fabricado de nuestro tiempo. Es la historia más mentirosa del mundo. Y es la que muestra como ninguna otra la hipocresía y el doble rasero de Occidente. Hay muchos regímenes malos en el mundo, pero nadie los describe como positivos, o como “complejos”. El conflicto Palestina-Israel no tiene nada de complicado: es un caso clásico de colonialismo de asentamiento. Y la única solución es la descolonización de Palestina. Eso va a ocurrir cuando el mundo le diga a los sionistas: ‘No les creemos más su relato fabricado. Sabemos demasiado para creerles. ¡Dejen de mentir!’”

Concentración de apoyo a Venezuela en Ramala (marzo 2015, M.Landi).

Concentración de apoyo a Venezuela en Ramala (marzo 2015, M. Landi).

Columna mensual publicada en el portal Desinformémonos.

Acerca de María Landi: Es una activista de derechos humanos latinoamericana, comprometida con la causa palestina. Desde 2011 ha sido voluntaria en distintos programas de observación y acompañamiento internacional en Cisjordania: EAPPI (en Yanún/Nablus), CPT (Al-Jalil/Hebrón), IWPS (Deir Istiya/Salfit) y Kairos Palestine (Belén). Es columnista del portal Desinformémonos, corresponsal del semanario Brecha, y escribe en varios medios independientes y alternativos.

Fuente: María Landi, Blog Palestina en el Corazón


Dos parlamentarios israelíes visitan la Explanada de las Mezquitas

Dos parlamentarios de la derecha israelí visitaron la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén después de dos años en los que no se produjeron visitas de este tipo.

El diputado de extrema derecha, Yehuda Glick ,gesticula hacia la cámara durante una visita a la mezquita de Al-Aqsa el 29 de agosto

Los parlamentarios Yehuda Glick, del Likud, y Shuli Moalem-Refaeli, de la Casa Judía, entraron en la Explanada con la autorización del primer ministro Benjamín Netanyahu.

Los parlamentarios israelíes no habían entrado en la Explanada desde 2015 para evitar los incidentes que generalmente causan estas visitas.

La Explanada recibe a lo largo del año la visita de miles de israelíes judíos muchos de los cuales abogan por la destrucción de la Mezquita Al Aqsa y el Domo de la Roca para construir en su lugar el tercer templo judío.

El parlamentario Yehuda Glick aspira a levantar el tercer templo judío en la Explanada y es uno de los más activos en esta línea.

“El Monte del Templo (como los judíos conocen a la Explanada) es la fuente de mi vida”, dijo Glick al terminar la visita.

En octubre de 2015 Netanyahu prohibió que los ministros y diputados israelíes visitaran la Explanada con el fin de socavar la revuelta palestina.

Ahora Netanyahu estudiará la reacción a la visita de hoy con el fin de decidir si termina la prohibición o no.

Fuente: Sputnik Mundo


El parlamento israelí votará el controvertido ‘proyecto de ley judía’ el próximo mes

Se espera que la Knesset, el parlamento israelí, promueva el llamado “proyecto de ley del Estado judío”, también conocido como “Nationality” o “Nation State Bill” – el próximo mes, según los medios de comunicación israelíes, en medio de las controversias sobre la discriminación del proyecto de ley a los ciudadanos palestinos de Israel.

Imagen del parlamento israelí en plena sesión [Itzik Edri / Wikipedia]

El diario israelí Haaretz informó el viernes que un comité establecido para promover el proyecto de ley llevará a cabo dos sesiones consecutivas el próximo mes, a pesar de que la Knesset está en receso durante ese tiempo. El proyecto de ley declara que Israel es “el hogar nacional del pueblo judío”, y que “el derecho a realizar la autodeterminación en Israel es unicamente para el pueblo judío”.

También revocaría el estatus de árabe como idioma oficial del estado, a pesar de que el 20% de los ciudadanos israelíes son palestinos y lo rebajó a “estatus especial en el estado”.

Según Haaretz, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, había querido presentar el proyecto de ley para votarlo en la Knesset el mes pasado.

Otras secciones del proyecto de ley se referían a Jerusalén como la capital de Israel, los asentamientos judíos ilegales, el estatuto de sitios sagrados,y el derecho de los judíos no israelíes de obtener la nacionalidad israelí. Los partidarios del proyecto pretenden que se incorpore a la Ley Fundamental de Israel – el cuerpo de legislación que efectivamente se erige como constitución de Israel. Los proyectos de ley necesitan pasar por tres rondas de votos en la Knesset antes de poder convertirse en ley.

Ayman Odeh, jefe de la Lista Árabe Conjunta, una coalición de partidos políticos que representa a ciudadanos palestinos de Israel, denunció el proyecto de ley sobre las redes sociales en mayo, declarando que “aplasta el derecho de las minorías”.

“Este proyecto de ley de la nacionalidad es la tiranía de la mayoría, convirtiéndonos en ciudadanos de segunda clase, y esta vez haciéndolo legal”, declaró Odeh.

Israel y sus partidarios han afirmado durante mucho tiempo que la insistencia de Israel para ser reconocido como un estado judío no era diferente de las identidades nacionales de otros países.

Los palestinos y los activistas han señalado en cambio que aprobar una legislación que da privilegio a los ciudadanos judíos sobre otros es inherentemente discriminatorio.

Además, el estatus de Israel como estado judío y su prolongada ocupación del territorio palestino, incluida Jerusalén oriental, ha hecho que los críticos desafíen las afirmaciones de Israel de ser una democracia plena, mientras que los activistas han señalado que el trato de Israel a los palestinos en Israel, Jerusalén y el territorio ocupado equivale a “apartheid”.

La organización de derechos humanos Adalah ha anotado al menos 76 leyes israelíes que ya discriminan a palestinos de Israel, sin mencionar los diversos derechos que se les niegan a los palestinos en el territorio ocupado, que se rigen por la ley militar de Israel.

Las comunidades palestinas de Israel y de la Jerusalén oriental ocupada han sido durante mucho tiempo objeto de políticas discriminatorias israelíes, ya sea a través de las tácticas de “dividir y conquistar”, los intentos de desplazar forzosamente a las comunidades beduinas, las políticas de zonificación a expensas de las comunidades palestino-israelíes y lo que ha sido denunciado como una política de “judaización” de Jerusalén a expensas de otras comunidades religiosas.

Fuente: Middle East Monitor en Español


Netanyahu promete reforzar las colonias judías de los territorios ocupados

El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, manifestó que Israel conservará y desarrollará las colonias judías de los territorios ocupados por el estado judío en la guerra del año 1967.

Colonos judíos en los Territorios Palestinos Ocupados. Foto: Archivo

Netanyahu hizo estas declaraciones en el asentamiento de Barkan, que tiene un parque industrial, en el norte de la Cisjordania ocupada.

“Estamos aquí para quedarnos, siempre”, dijo Netanyahu durante un acto que conmemoró el 50 aniversario de la ocupación de Cisjordania.

El acto fue programado después de conocerse que el secretario general de la ONU realizaría una visita oficial a Israel en esta misma fecha.

Antonio Guterres, que llegó a Tel Aviv el domingo por la noche, y el lunes se entrevistó con Netanyahu, el presidente Reuven Rivlin y el ministro de Defensa, Avigdor Lieberman, todavía no ha condenado la expansión colonial israelí.

“No arrancaremos más colonias en la tierra de Israel. Ya se probó que eso no ayuda a la paz. Arrancamos colonias y ¿qué hemos obtenido? Hemos recibido misiles. Esto no volverá a ocurrir”, advirtió Netanyahu.

“Así que no vamos a doblegarnos. Cuidaremos de Samaria (el norte de Cisjordania) contra aquellos que quieren sacarnos. Vamos a profundizar nuestras raíces, a reforzarlas y a establecernos (aquí)”, recalcó el primer ministro de Israel.

Fuente: Sputnik Mundo


‘La ocupación está en todas partes y unirse al ejército hoy es aceptar todo esto’

Yehuda Melzer era un soldado de 27 años en la guerra del 67, por la que Israel ocupó Gaza, Cisjordania y Jerusalén Éste

Imagen del ‘barrio de los magrebíes’ en Jerusalén, antes de la guerra del 67. Tras esa guerra el ejército israelí destruyó los edificios, que ahora ocupa la explanada frente al muro de las lamentaciones. / Wikimedia Commons

En 1967, Yehuda Melzer era un soldado israelí de 27 años. Activo, comprometido y con una confianza sin fisuras en el ejército de su país. Con este espíritu participó en la llamada guerra de los Seis Días, en la que Israel se hizo con el control de los territorios palestinos de Cisjordania, Jerusalén-Este y Gaza, los Altos del Golán sirios y la península egipcia del Sinaí. Cincuenta años después, la ocupación israelí de los territorios palestinos se ha profundizado.

Con su unidad de paracaidistas, Yehuda Melzer fue testigo y parte de la toma de control de Jerusalén-Este.

“Hubo muchas bajas y creo que la mayoría fueron innecesarias. La parte árabe de la ciudad vieja de Jerusalén fue conquistada sin demasiada dificultad y ahí termino todo. Yo solamente quería volver a casa junto a mi esposa. Me importaba un bledo el muro de las Lamentaciones. No soy un comunista ni nada por el estilo pero el muro fue un mito que se creó en ese momento. El muro, el muro… pero ¿a quién le importa? Nadie antes de la guerra estaba preocupado con eso”, afirma en una entrevista con la SER.

Aquella batalla no fue la primera de su carrera militar ni tampoco la última pero cambió la visión de su servicio como soldado y resquebrajó la confianza ciega que tenía en su ejército. En una mansión cerca del muro de las Lamentaciones comprobó que los ‘enemigos’ palestinos no eran los “salvajes” que algunos se empeñaban en mostrar. “Ocupamos una gran casa cerca del muro y en ella descubrí una biblioteca fantástica. Platón, Cervantes, Shakespeare… Por los libros de ciencia que vi, debía pertenecer a algún médico palestino. Se me cayó una venda de los ojos. Aquéllos eran los palestinos, nuestros vecinos desconocidos. Es uno de los momentos que más recuerdo de aquella guerra”, explica.

Yehuda va deshilando vivencias con detalle y el interlocutor ve pasar ante sus ojos una película: la llegada de su patrulla a la ciudad vieja de Jerusalén, la ocupación de casas palestinas en la Ciudad Vieja, su primera incursión en Cisjordania…

“Volvíamos de Cisjordania a Jerusalén. El paisaje era precioso y yo lo comenté en voz alta. Uno de mis compañeros dijo: ‘Olvidaos de esto, dentro de poco serán solo campos de entrenamiento’. Era un tipo cínico pero previó lo que iba a pasar: que el ejército se haría con el control de todo aquello”, explica.

Después de aquella guerra Yehuda inició un largo camino que le llevó a tener posturas muy críticas con el modo de actuar del ejército israelí y a vincularse con grupos que se oponen a la ocupación de los territorios palestinos. Siguió sirviendo como reservista en el ejército hasta mediados de los 70. “En aquel momento no se hablaba de los ‘refuzniks’ (israelíes que se niegan a servir en el ejército, mayoritariamente en los territorios palestinos ocupados) . Mis superiores no querían oírme decir que me negaba a servir, me pidieron que me inventara un dolor de espalda o algo así. Y así lo hice en los años 70”, recuerda.

Pasados muchos años, Yehuda es un profesor de Filosofía jubilado que sigue ocupándose en parte de la pequeña editorial que él mismo fundó. En ningún caso se considera pacifista, cree que el ejército en Israel es necesario y él sigue sintiéndose un soldado que simplemente no comparte la filosofía del actual gobierno y de los responsables de defensa.

“La ocupación no puede continuar pero la pregunta es cuánto tendremos que esperar para que termine. Es como cuando vas al hospital porque te duele un diente o un ojo y el médico te dice: olvídate del diente, tienes el cáncer extendido por todo el cuerpo. La ocupación está en todas partes: en las escuelas, en la televisión… Ocupación, ocupación, ocupación, y unirse al ejército hoy es aceptar todo esto”, concluye.

Escuchar la entrevista aquí

Fuente: Beatriz Lecumberri, Cadena Ser


Niños palestinos se manifiestan en contra de la ocupación israelí en Hebrón

Decenas de niños y sus padres se manifestaron este lunes frente a la mezquita de Ibrahimi en la Ciudad Vieja de Hebrón, en la Cisjordania ocupada, contra la continua presencia de colonos israelíes en la zona y las restricciones del ejército israelí al movimiento palestino.

Decenas de niños y sus padres se manifestaron este lunes frente a la mezquita de Ibrahimi en la Ciudad Vieja de Hebrón, en la Cisjordania ocupada, contra la continua presencia de colonos israelíes en la zona y las restricciones del ejército israelí al movimiento palestino.

El coordinador del grupo de activistas locales de la Juventud contra los Asentamientos, Issa Amor, señaló a Ma’an que la manifestación fue la primera actividad de una campaña local e internacional contra la política de “discriminación étnica y apartheid” de la ocupación israelí en el centro de Hebrón.

La campaña, agregó, incluirá actividades locales, demostraciones, sentadas, eventos voluntarios y carpas de protesta.

Los organizadores de la campaña también instalarán letreros y carteles en las calles, utilizando los nombres originales de los barrios palestinos. Además, habrá carteles que ilustrarán la historia de la Ciudad Vieja de Hebrón a los visitantes, para enfrentarse a las señales que han sido instaladas por los colonos israelíes.

Amro, quien es conocido por defender la resistencia no violenta y enfrenta cargos en el tribunal militar israelí relacionados con su activismo, añadió que los organizadores se pondrían en contacto con organizaciones internacionales para organizar actividades de solidaridad en el extranjero, lo que ayudaría a presionar al gobierno a la ocupación israelí.

Amro explicó que los barrios de Salayma y Gheith al sur de la mezquita de Ibrahimi, donde tuvo lugar la actividad del lunes, se encontraban aproximadamente 10 checkpoints (puestos de control militares) israelíes agrupados en la pequeña área.

El ejército israelí, explicó, recientemente instaló una puerta en la entrada principal de los barrios que soldados israelíes operan desde las 6 a.m. hasta las 11 p.m. “soldados israelíes cierran la puerta como se les place, castigando a 50 familias palestinas que viven en la zona”.

El activista destacó que los escolares se enfrentan dificultades especialmente graves como resultado de los puestos de control militar israelíes cuando ellos se trasladan a la escuela cada día.

Residente del barrio de Salayma Wael al-Fakhouri señaló a Ma’an que los residentes han estado sufriendo de cierres e intentos de “judaizar” el vecindario durante años. “Sentimos que estamos en una gran prisión, aislados de la vida, no poseemos ninguno de los elementos necesarios para que podamos permanecer firmes”.

“Parece que todos se han olvidado de los barrios Salayma y Gheith”, indicó en referencia a la negligencia de la Autoridad Palestina. “La ocupación israelí está tratando de expulsarnos de la mezquita de Ibrahimi como parte de sus esfuerzos para matar la identidad palestina aquí”.

Al-Fakhouri señaló que a los barrios palestinos ni siquiera son atendidos por una ambulancia, y las ambulancias palestinas estacionadas en otros lugares tardan demasiado en llegar para tratar a los lugareños. “Los escolares llegan tarde a sus escuelas, mientras que a las organizaciones de derechos humanos se les niega la entrada a la zona”, agregó.

El maltrato de los palestinos en el área de Hebrón ha sido común desde que la ciudad fue dividida en la década de 1990 después de que un colonizador nacido en Estados Unidos, Baruch Goldstein, masacró a 29 palestinos dentro de la Mezquita Ibrahimi.

La mayoría de la ciudad fue puesta bajo la jurisdicción de la Autoridad Palestina, mientras que la Ciudad Vieja y sus alrededores fueron instalados bajo control militar israelí en un sector conocido como H2.

La zona alberga a 30.000 palestinos y alrededor de 800 colonos israelíes que viven bajo la protección de las fuerzas israelíes. Los residentes de Hebrón frecuentemente reportan ataques y hostigamiento de los colonos llevados a cabo en presencia de las fuerzas israelíes.

Fuente: Palestinian children demonstrate against Israeli occupation in Hebron

Copyleft: Toda reproducción de este artículo debe contar con el enlace al original inglés y a la traducción de Palestinalibre.org

Fuente: Agencia Ma’an / Traducción: Palestinalibre.org


Repensar nuestra definición de apartheid: no sólo un régimen político (Parte I)

Por: Al-Shabaka

Al-Shabaka es una organización independiente sin fines de lucro cuya misión es educar y fomentar el debate público sobre los derechos humanos palestinos y la autodeterminación en el marco del derecho internacional. Este es el primero de un informe de política de dos partes escrito por Haidar Eid y Andy Clarno. El informe completo se puede leer aquí.

Visión de conjunto

A medida que Israel intensifica su proyecto colonizador-colonial, el apartheid se ha convertido en un marco cada vez más importante para entender y desafiar el dominio israelí en la histórica Palestina. De hecho, Nadia Hijab e Ingrid Jaradat Gassner hacen un argumento convincente de que el apartheid es el marco de análisis más estratégico. Y en marzo de 2017, la Comisión Económica y Social de las Naciones Unidas para Asia Occidental (CESPAO) publicó un informe que documentaba las violaciones israelíes del derecho internacional y concluyó que Israel ha establecido un “régimen de apartheid” que oprime y domina al pueblo palestino en su conjunto.

Bajo el derecho internacional, el apartheid es un crimen contra la humanidad y los estados pueden ser responsabilizados por sus acciones. Sin embargo, el derecho internacional tiene sus limitaciones. Una preocupación específica concierne a lo que falta en la definición jurídica internacional del apartheid.

Dado que la definición se centra únicamente en el régimen político, no proporciona una base sólida para criticar los aspectos económicos del apartheid. Para abordar esta preocupación, proponemos una definición alternativa del apartheid que surgió de la lucha en Sudáfrica durante los años ochenta y que ha ganado apoyo entre los activistas debido a los límites de la descolonización en Sudáfrica después de 1994 -una definición que reconoce al apartheid tan íntimamente Conectado al capitalismo.

Este resumen de política detalla lo que el movimiento de liberación de Palestina puede aprender de la condición de Sudáfrica, a saber, reconocer el apartheid como un sistema de discriminación racial legalizada y un sistema de capitalismo racial. Concluye con recomendaciones sobre cómo los palestinos pueden enfrentar este sistema dual para lograr una paz justa y duradera enraizada en la igualdad social y económica.

El poder y las limitaciones del derecho internacional

La Convención Internacional sobre la Represión y el Castigo del Crimen de Apartheid define el apartheid como un crimen que implica “actos inhumanos cometidos con el propósito de establecer y mantener la dominación de un grupo racial de personas sobre cualquier otro grupo racial de personas y oprimirlos sistemáticamente. “El Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional define el apartheid como un crimen que implica” un régimen institucionalizado de opresión sistemática y dominación por un grupo racial sobre cualquier otro grupo o grupo racial “.

Basándose en una lectura atenta de estos estatutos, el informe de la CESPAO analiza la política de Israel en cuatro esferas. Documentos de la discriminación jurídica formal contra los ciudadanos palestinos de Israel; El doble sistema jurídico en el territorio palestino ocupado (TPO); Los tenues derechos de residencia de los palestinos de Jerusalén; Y la negativa de Israel a permitir que los refugiados palestinos ejerzan el derecho de retorno. El informe concluye que el régimen de apartheid de Israel opera fragmentando al pueblo palestino y sometiéndolo a diferentes formas de gobierno racial.

El poder del análisis del apartheid fue evidente en la forma en que los Estados Unidos e Israel respondieron al informe. El embajador de Estados Unidos ante la ONU denunció el informe y pidió al secretario general de la ONU que lo repudiara. El Secretario General presionó a Rima Khalaf, jefe de la CESPAO, para que retirara el informe. Rechazando hacerlo, renunció a su cargo.

No puede exagerarse la importancia del informe de la CESPAO. Por primera vez, un organismo de la ONU abordó formalmente la cuestión del apartheid en Palestina / Israel. Y el informe abordó las políticas israelíes hacia el pueblo palestino en su conjunto en lugar de concentrarse en un fragmento de la población. Al hacer un llamado a los Estados miembros ya las organizaciones de la sociedad civil para que presionen a Israel, el informe de la ONU también demuestra la utilidad del derecho internacional como herramienta para responsabilizar a regímenes como Israel.

Sin embargo, si bien reconoce la importancia del derecho internacional, es fundamental señalar sus limitaciones. En primer lugar, las leyes internacionales sólo son eficaces cuando son reconocidas y aplicadas por los Estados, y la estructura jerárquica del sistema estatal provee a un puñado de estados de poder de veto. La rápida supresión del informe de la CESPAO hizo claras estas limitaciones. Sin embargo, existe una preocupación más específica con la definición internacional de apartheid, como se señaló anteriormente. Al centrarse sólo en el régimen político, la definición jurídica no proporciona una base sólida para criticar los aspectos económicos del apartheid y de hecho allana el camino para un futuro post-apartheid que está plagado de discriminación económica.

El capitalismo racial y los límites de la liberación de Sudáfrica

Durante los años 70 y 80, los sudafricanos negros emprendieron debates urgentes sobre cómo entender el sistema del apartheid que estaban luchando. El bloque más poderoso dentro del movimiento de liberación -el Congreso Nacional Africano (ANC) y sus aliados- argumentó que el apartheid era un sistema de dominación racial y que la lucha debería centrarse en eliminar las políticas racistas y exigir la igualdad bajo la ley. Los radicales negros rechazaron este análisis. El diálogo entre el Movimiento de la Conciencia Negra y los marxistas independientes generó una definición alternativa del apartheid como un sistema de “capitalismo racial”.Los radicales negros insistieron en que la lucha debía enfrentarse simultáneamente al Estado y al sistema capitalista racial.

A menos que el racismo y el capitalismo fueran enfrentados juntos, predijeron, Sudáfrica post-apartheid seguiría dividida y desigual. La transición de los últimos 20 años ha apoyado esta tesis. En 1994, el apartheid legal fue abolido y los sudafricanos negros obtuvieron la igualdad bajo la ley -incluyendo el derecho a votar, el derecho a vivir en cualquier lugar y el derecho a mudarse sin permiso. La democratización del Estado fue un logro notable. De hecho, la transición sudafricana demuestra la posibilidad de una coexistencia pacífica sobre la base de la igualdad jurídica y el reconocimiento mutuo. Esto es lo que hace que Sudáfrica sea tan convincente para muchos palestinos y unos pocos israelíes que buscan una alternativa a la fragmentación y el fracaso de Oslo.

A pesar de la democratización del Estado, la transición sudafricana no abordó las estructuras del capitalismo racial. Durante las negociaciones, el ANC hizo concesiones importantes para ganar el apoyo de los sudafricanos blancos y la élite capitalista. Más importante aún, el ANC acordó no nacionalizar las tierras, los bancos y las minas, y en su lugar aceptó las protecciones constitucionales para la distribución existente de la propiedad privada, a pesar de la historia de la desposesión colonial. Además, el gobierno del ANC adoptó una estrategia económica neoliberal que promueve el libre comercio, la industria orientada a la exportación y la privatización de empresas estatales y servicios municipales. Como resultado, Sudáfrica después del apartheid sigue siendo uno de los países más desiguales del mundo.

La reestructuración neoliberal ha llevado a la aparición de una pequeña élite negra y una creciente clase media negra en algunas partes del país. Pero la vieja élite blanca todavía controla la gran mayoría de la tierra y de la abundancia en Suráfrica. La desindustrialización y la creciente proporción de la población obligada a emplear temporalmente han debilitado el movimiento obrero, intensificado la explotación de la clase obrera negra y producido un excedente racializado creciente que se enfrenta al desempleo estructural permanente. La tasa de desempleo alcanza el 35 por ciento cuando incluye a personas que han renunciado a buscar trabajo. En algunas áreas, la tasa de desempleo es de más del 60 por ciento y los empleos que quedan son precarios, a corto plazo y bajos salarios.

Los pobres negros también se enfrentan a una grave escasez de tierra y vivienda. En lugar de redistribuir la tierra, el gobierno del ANC adoptó un programa basado en el mercado a través del cual el estado ayuda a los clientes negros a comprar tierras de propiedad blanca. Esto ha dado lugar a una pequeña clase de ricos terratenientes negros, pero sólo el 7,5 por ciento de la tierra sudafricana ha sido redistribuida. Como resultado, la mayoría de los sudafricanos negros siguen sin tierras y las élites blancas mantienen la propiedad de la mayor parte de la tierra. Del mismo modo, el aumento del costo de la vivienda ha multiplicado el número de personas que viven en chozas, edificios ocupados y asentamientos informales, a pesar de los subsidios estatales y garantías constitucionales de vivienda decente.

La raza continúa estructurando el acceso desigual a la vivienda, la educación y el empleo en Sudáfrica después del apartheid. También configura el rápido crecimiento de la seguridad privada. Aprovechando los temores racializados sobre el crimen, la seguridad privada ha sido la industria de más rápido crecimiento en Sudáfrica desde los años noventa. Las compañías de seguridad privada y las asociaciones de residentes ricos han transformado los suburbios históricos en comunidades fortificadas, marcadas por muros alrededor de la propiedad privada, puertas alrededor de vecindarios, sistemas de alarma, botones de pánico, guardias estacionarias, patrullas vecinales, videovigilancia y equipos armados de respuesta rápida. Estos regímenes privatizados de seguridad residencial se basan en la violencia y el perfil racial para apuntar a los negros y pobres.

Según el derecho internacional, el apartheid termina con la transformación del estado racial y la eliminación de la discriminación racial legalizada. Sin embargo, incluso un examen superficial de Sudáfrica después de 1994 revela las trampas de ese enfoque y destaca la importancia de repensar nuestras definiciones de apartheid. La igualdad jurídica formal no ha producido una verdadera transformación social y económica. En cambio, la neoliberalización del capitalismo racial ha arraigado la desigualdad creada por siglos de colonización y apartheid. La raza sigue siendo una fuerza impulsora tanto de la explotación como del abandono a pesar del carácter liberal de la igualdad jurídica. Las celebraciones del gobierno dirigido por el ANC tienden a oscurecer los impactos del capitalismo racial neoliberal en Sudáfrica después de 1994.

Las críticas al apartheid israelí han ignorado en gran medida los límites de la transformación en Sudáfrica. En lugar de tratar el apartheid como un sistema de capitalismo racial, la mayoría de las críticas al apartheid israelí dependen de la definición legal internacional del apartheid como sistema de dominación racial. Sin duda, estas críticas han sido muy productivas. Han agudizado el análisis del dominio israelí, contribuido a la expansión de las campañas de boicot, desinversión y sanciones (BDS), y han proporcionado un fundamento legal para los esfuerzos por responsabilizar a Israel. La importancia del derecho internacional como recurso para las comunidades en lucha no debe ser menoscabada.

Pero el análisis y la organización pueden tomarse aún más lejos al comprender el apartheid como un sistema de capitalismo racial, en lugar de basarse tan fuertemente en las definiciones jurídicas internacionales. Al valorar diferencialmente la vida y el trabajo de las personas, los regímenes raciales capitalistas intensifican la explotación y exponen a los grupos marginados a la muerte prematura, el abandono o la eliminación. El concepto de capitalismo racial destaca así la constitución mutua de la acumulación de capital y la formación racial y sostiene que no es posible eliminar ni la dominación racial ni la desigualdad de clases sin abordar el sistema como un todo.

Entender el apartheid como un sistema de capitalismo racial nos permite tomar en serio las limitaciones de la liberación en Sudáfrica. Estudiar el éxito de la lucha sudafricana ha sido altamente productivo para el movimiento de libertad palestina; Comprender sus limitaciones también puede resultar productivo. Aunque los sudafricanos negros ganaron igualdad legal formal, el fracaso en abordar la economía del apartheid colocó límites reales a la descolonización. En una palabra, el apartheid no terminó – fue reestructurado. Confiar demasiado en la definición jurídica internacional del apartheid podría conducir a problemas similares en Palestina. Lo planteamos como una advertencia con la esperanza de que contribuirá al desarrollo de estrategias para abordar juntos el racismo israelí y el capitalismo neoliberal.


Repensar nuestra definición de apartheid: no sólo un régimen político (Parte II)

El capitalismo racial en Palestina / Israel

Ver el apartheid a través de esta lente también permite entender que el colonialismo de colonos israelíes ahora opera a través del capitalismo racial neoliberal. Durante los últimos 25 años, Israel ha intensificado su proyecto colonial colono bajo el disfraz de la paz. Toda la Palestina histórica sigue estando sujeta al dominio israelí, que opera fragmentando a la población palestina. Oslo permitió a Israel fragmentar aún más los TPO y complementar el gobierno militar directo con aspectos del gobierno indirecto. La Franja de Gaza se ha transformado en un “campo de concentración” y un modelo de “reserva nativa” a través de un sitio mortal y medieval descrito por Richard Falk como un “preludio del genocidio” y por Ilan Pappe como un “genocidio incremental”. La nueva estrategia colonial de Israel consiste en concentrar la población palestina en las zonas A y B y en el área de colonización C. En lugar de otorgar a los palestinos libertad e igualdad, Oslo reestructuró las relaciones de dominación. En resumen, Oslo ha intensificado, en lugar de invertir, el proyecto colonial de los colonos de Israel.

La reorganización del gobierno israelí ha ocurrido junto con la reestructuración neoliberal de la economía. Desde los años ochenta, Israel ha sufrido una transformación fundamental de una economía dirigida por el Estado centrada en el consumo interno a una economía corporativa integrada en los circuitos del capital global. La reestructuración neoliberal ha generado beneficios corporativos masivos mientras desmanteló el bienestar, debilitó el movimiento obrero y aumentó la desigualdad. Las negociaciones de Oslo fueron centrales para este proyecto. Shimon Peres y las élites empresariales israelíes argumentaron que el “proceso de paz” abriría los mercados del mundo árabe al capital estadounidense e israelí y facilitaría la integración de Israel en la economía global. Después de Oslo, Israel firmó rápidamente acuerdos de libre comercio con Egipto y Jordania.

La reestructuración neoliberal ha permitido a Israel llevar a cabo su nueva estrategia colonial reduciendo significativamente su dependencia de la mano de obra palestina. La transición de Israel a una economía de alta tecnología disminuyó la demanda de trabajadores industriales y agrícolas. Los acuerdos de libre comercio permitieron a los fabricantes israelíes cambiar la producción de subcontratistas palestinos a zonas de procesamiento de exportación en países vecinos. El colapso de la Unión Soviética, seguido por el neoliberalismo de la “doctrina de choque”, llevó a más de un millón de judíos rusos a buscar oportunidades en Israel. Y la reestructuración neoliberal a escala mundial llevó a la inmigración de 300.000 trabajadores migrantes de Asia y Europa del Este. Estos grupos ahora compiten con los palestinos por el resto de los empleos de bajos salarios. El estado colono-colonial usó así la reestructuración neoliberal para diseñar la disponibilidad de la población palestina.

La vida de los palestinos de la clase trabajadora se ha vuelto cada vez más precaria. Con un acceso limitado a puestos de trabajo en Israel, la pobreza y el desempleo se han disparado dentro de los enclaves palestinos. Aunque la Autoridad Palestina (AP) siempre ha respaldado la visión neoliberal de una economía de libre mercado dirigida por el sector privado y orientada a la exportación, la Autoridad Palestina respondió inicialmente a la crisis del desempleo creando miles de empleos en el sector público.

Desde 2007, sin embargo, la AP ha seguido un programa económico estrictamente neoliberal que exige recortes en el empleo público y una expansión de la inversión del sector privado. A pesar de estos planes, el sector privado sigue siendo débil y fragmentado. Los planes para las zonas industriales a lo largo del muro ilegal de Israel que serpentea a través de la OPT han fracasado en gran medida debido a las restricciones israelíes sobre importaciones y exportaciones y el coste relativamente alto de la mano de obra palestina comparado con Egipto y Jordania.

Aunque las políticas neoliberales han hecho la vida aún más difícil para los palestinos de la clase trabajadora, han contribuido al crecimiento de una pequeña élite palestina en el OPT compuesta por líderes de la AP, capitalistas palestinos y funcionarios de las ONG. Los visitantes de Ramallah a menudo se sorprenden al ver mansiones palaciegas, restaurantes caros, hoteles de cinco estrellas y vehículos de lujo. Estos no son signos de una economía próspera, sino más bien de la creciente división de clases. De manera similar, una nueva-burguesía afiliada a Hamas ha surgido en Gaza desde 2006. Su riqueza depende de la “industria del túnel”, el monopolio de los materiales de construcción contrabandeados de Egipto y los bienes importados de Israel. Tanto las elites de Fatah como las de Hamas acumulan su riqueza de actividades no productivas, y ambas se caracterizan por una total ausencia de visión política. Haidar Eid se refiere a esto como la Osloización en Cisjordania y la islamización en la Franja de Gaza.

Además, unirse a las fuerzas represivas se ha convertido en una de las únicas oportunidades de empleo disponibles para la mayoría de los palestinos, especialmente los jóvenes. Aunque algunos trabajos de la AP están en educación y cuidado de la salud, la mayoría están con las fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina. Como ha demostrado Alaa Tartir, estas fuerzas están diseñadas para proteger la seguridad de Israel. Desde 2007, se han reorganizado bajo la supervisión de los Estados Unidos. Con más de 80.000 efectivos, las nuevas fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina son entrenadas por los Estados Unidos en Jordania y desplegadas en todos los enclaves de Cisjordania en estrecha coordinación con el ejército israelí. Israel y la Autoridad Palestina comparten inteligencia, coordinan detenciones y cooperan en la confiscación de armas. Juntos, se dirigen no sólo a los islamistas y izquierdistas, sino a todos los críticos palestinos de Oslo. Más recientemente, la coordinación de seguridad entre Israel y la AP precedió al asesinato del activista Basil al-Araj.

El único sector de la economía israelí que ha mantenido una demanda relativamente constante de trabajadores palestinos es la construcción, debido en gran medida a la expansión de los asentamientos israelíes y el muro en Cisjordania. Según una encuesta realizada por la Democracia y los Derechos de los Trabajadores de 2011, el 82 por ciento de los palestinos empleados en los asentamientos dejarían sus empleos si pudieran encontrar una alternativa adecuada.

Esto significa que dos de los únicos empleos disponibles para palestinos de Cisjordania hoy están construyendo asentamientos israelíes en tierras palestinas confiscadas o trabajando con las fuerzas de seguridad de la AP para ayudar a Israel a suprimir la resistencia palestina al apartheid.

Los palestinos de la Franja de Gaza ni siquiera tienen estas “oportunidades”. De hecho, Gaza es una de las versiones más extremas de la desechabilidad de ingeniería. El desplazamiento colono-colonial convirtió a Gaza en un campo de refugiados en 1948, cuando las milicias sionistas y más tarde el ejército israelí expulsaron a más de 750.000 palestinos de sus pueblos y aldeas. El 70 por ciento de los dos millones de habitantes de Gaza son refugiados, un recordatorio vivo de la Nakba y una encarnizada demanda por el derecho al retorno. La reestructuración política y económica a través de Oslo permitió a Israel transformar Gaza en una prisión construida para concentrar y contener esta población sobrante no deseada. Y el cada vez más intenso asedio israelí demuestra la total deshumanización de los habitantes de Gaza. Para el proyecto colonial neoliberal de Israel, las vidas palestinas no tienen valor y su muerte no importa.

En general, por lo tanto, el neoliberalismo, junto con el proyecto colonial de los colonos de Israel, ha transformado a los palestinos en una población desechable. Esto ha permitido a Israel llevar a cabo su proyecto de concentración y colonización. La comprensión de la dinámica neoliberal del régimen colonizador-colonial de Israel puede contribuir al desarrollo de estrategias para desafiar el apartheid israelí no sólo como un sistema de dominación racial sino como un régimen de capitalismo racial.

Enfrentando la Economía del Apartheid Israelí

Una cuestión importante para el movimiento de liberación palestino es cómo evitar las trampas de la Sudáfrica después del apartheid en el desarrollo de una visión para Palestina / Israel después del apartheid. Como predijeron los radicales negros, un enfoque exclusivo sobre el estado racial ha llevado a graves problemas socioeconómicos en Sudáfrica desde 1994. La liberación palestina no tiene que terminar con la misma “solución” que la ofrecida por el ANC. Esto requerirá atención no sólo a los derechos políticos, sino también a cuestiones difíciles sobre la redistribución de la tierra y la estructura económica para asegurar un resultado más igualitario. Un punto crucial para comenzar es continuar las conversaciones sobre la dinámica práctica del retorno palestino.

También es importante reconocer que la situación actual en Palestina está estrechamente relacionada con los procesos de reestructuración de las relaciones sociales en todo el mundo. Sudáfrica y Palestina, por ejemplo, están experimentando cambios sociales y económicos similares a pesar de sus trayectorias políticas radicalmente diferentes. En ambos contextos, el capitalismo racial neoliberal ha producido extrema desigualdad, marginación racializada y estrategias avanzadas para proteger a los poderosos y vigilar a los pobres racializados. Andy Clarno se refiere a esta combinación como apartheid neoliberal.

En todo el mundo, la riqueza y los ingresos están cada vez más controlados por un puñado de capitalistas multimillonarios. A medida que el suelo se derrumba bajo la clase media, el abismo entre ricos y pobres crece más y las vidas de los más pobres se vuelven cada vez más precarias. La reestructuración neoliberal ha permitido a algunos miembros de las poblaciones históricamente oprimidas unirse a las filas de la élite. Esto explica el surgimiento de la nueva élite palestina en los Territorios Palestinos Ocupados y la nueva élite negra en Sudáfrica.

Al mismo tiempo, la reestructuración neoliberal ha profundizado la marginación de los pobres racializados intensificando la explotación y el abandono. Los empleos se han vuelto cada vez más precarios, y regiones enteras han experimentado demandas decrecientes de mano de obra. Mientras que algunas poblaciones racializadas están marcadas para la superexplotación en fábricas y industrias de servicios, otras – como los palestinos – son abandonadas a una vida de desempleo e informalidad.

Los regímenes del apartheid neoliberal como Israel dependen de estrategias avanzadas de securitización para mantener el poder. Israel ejerce soberanía sobre los OPT a través de despliegues militares, vigilancia electrónica, encarcelamiento, interrogatorios y tortura. El estado también ha producido una geografía fragmentada de recintos palestinos aislados rodeados de muros y puestos de control y gestionados mediante cierres y permisos. Y las compañías israelíes han tomado la delantera en el mercado global de equipos de seguridad avanzados desarrollando y probando dispositivos de alta tecnología en los TPO. Sin embargo, la incorporación más importante al régimen de seguridad de Israel es una red de fuerzas de seguridad facilitada por Estados Unidos y la UE, apoyada por Jordania y Egipto, y operada a través de despliegues coordinados de fuerzas militares y de seguridad de Israel.

Al igual que Israel, otros regímenes del apartheid neoliberal confían en recintos amurallados, fuerzas de seguridad privadas y estatales y estrategias de policía racializadas. En Sudáfrica, la titulización ha implicado la fortificación de barrios ricos, la rápida expansión de la industria privada de seguridad y la intensa represión estatal de sindicatos independientes y movimientos sociales. En los Estados Unidos, los esfuerzos para producir seguridad para los poderosos incluyen comunidades cerradas, muros fronterizos, encarcelamiento masivo, deportación en masa, vigilancia electrónica, guerras de drones y el rápido crecimiento de la policía, prisiones, patrullas fronterizas, fuerzas militares y de inteligencia.

A diferencia de Sudáfrica, Israel sigue siendo un estado colonial colonizador agresivo. En este contexto, el neoliberalismo es parte de la estrategia colonizadora de Israel para eliminar a la población palestina. Pero la combinación de dominación racial y capitalismo neoliberal ha producido una creciente desigualdad, una marginalización racializada y una titulización avanzada en muchas partes del mundo. A medida que los movimientos y los activistas establecen conexiones entre las luchas contra la pobreza racial y la policía en Palestina, Sudáfrica, Estados Unidos y más allá, la comprensión del apartheid israelí como una forma de capitalismo racial podría contribuir a la expansión de los movimientos contra el apartheid global y neoliberal. También podría ayudar a cambiar el discurso político en Palestina de la independencia a la descolonización. Frantz Fanon, en su obra seminal La miserable de la Tierra, argumenta que uno de los escollos de la conciencia nacional es un movimiento de liberación que termina con un estado independiente gobernado por una elite nacionalista que imita al poder colonial. Para evitar que esto suceda, Fanon fomenta un cambio de la conciencia nacional hacia la conciencia política y social. Pasar de la independencia política a la transformación social y la descolonización es el desafío que enfrenta Sudáfrica después del apartheid. Evitar esta trampa es un reto que enfrentan las fuerzas políticas palestinas en la lucha por la liberación de hoy.

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