IN MEMORIAM: MASETTI, UN GUERRILLERO (Por Rodolfo Walsh)

Hoy 21 de abril se cumplen 53 años de la desaparición física de Jorge Ricardo Masetti, Comandante Segundo, al frente del Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP), en Orán, Salta.
Junto a él, desapareció Atilio Altamira Guzmán, también integrante de lo que fuera la primera guerrilla guevarista en Argentina.

Un recuerdo atenuado de Masetti perdura en la calle Corrientes, en el Café La Paz; en el hall del Nuevo Teatro unas letras de metal dicen su nombre, perdido entre otros, porque hace años estrenó una obra; el único libro que escribió resulta ahora inencontrable.
Y eso es todo. Masetti podía seguir derivando en el olvido. Había otra historia que no acababa de juntarse con la suya. Era la historia de esos muchachos que hace un año se hicieron guerrilleros en Salta, y están algunos presos y otros muertos, y otros fugitivos. Los diarios que contaron el incidente que permitió descubrirlos, rodearlos, capturarlos, mientras su jefe, el Comandante Segundo, se internaba en la selva.

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Los que conocían a Masetti se inquietaron. No hubo viajero en La Habana, que en los últimos meses no llevara una pregunta, que siempre volvía duplicada y sin respuesta. Ha pasado un año. Se puede decir ahora que Masetti está muerto, y que Masetti, por supuesto, era el comandante Segundo.
La historia de esa guerrilla se escribirá, tal vez, cuando desaparezcan las instancias judiciales que obligan al silencio; cuando los presos salgan y se pueda hablar de esa aventura atroz, escondida, incomprensible para mu-chos.
Yo sólo quiero recordar a Masetti como era en la isla lejana y cerca-da, en la agencia de noticias que fundó y de alguna manera ayudó a destruir, en la pasión casi juguetona que lo devoraba, en la tormenta de sus confusos amores, en el humor grueso y eficaz del suburbio porteño, en el coraje recatado.
Decir que Masetti era un gran periodista, exige aclaraciones. Tenía dificultades con la sintaxis, a lo mejor no sabía lo que es un “lead”, quizá le faltaba sutileza literaria. Y sin embargo se puede decir; Masetti fue uno de los más grandes periodistas que tuvimos, porque a cambio de esos defectos le sobraba lo mero principal, Masetti se metía, y llegaba antes, y volvía con la justa.
Su reportaje a Fidel en la Sierra, casi al mismo tiempo que Herbert Matthews, es la hazaña más importante – y más desconocida- del periodismo argentino. Matthews tenía alrededor una aureola que venía de la Guerra Civil Española; llevaba consigo el prestigio imponente del New York Ti-mes. Masetti, no tenía nada, Masetti era un oscuro cronista de radio El Mundo cuando en 1958 se mete por la libre en el laberinto batistiano, llega a través de oscuros canales a ese pedacito de manigua en que doscientos barbudos famélicos están cambiando la historia y descubre esa fantástica galería de héroes risueños y terrenos, Camilo, Barbarroja, el Che, Ramirito, que tanto lo impresionaron y a cuya imagen y semejanza quiso modelar, y modeló su vida. Masetti es otro hombre cuando de ese Olimpo candoroso y brutal baja a la perturbada sofisticación de La Habana, donde se entera que nadie ha recibido sus reportajes trasmitidos por la emisora rebelde. Se interna nuevamente en la Sierra, repite todo el trabajo, y cuando sale por segunda vez ha visto la acción, ha empuñado el fusil y tiene el grado de teniente del ejército revolucionario. El libro que enseguida escribió, “Los que luchan y los que lloran”, es el testimonio apasionante de esa hazaña y de un momento crucial en la vida de los cubanos.
La segunda empresa de Masetti es aun más importante. A comienzos de 1959, llamado por la revolución triunfante, crea la primera agencia lati-noamericana de noticias que consigue inquietar a los monopolios informativos. Masetti no sabía nada de agencias. Prensa Latina es una pura creación suya, hecha a golpes casi geniales de intuición. Recuerdo el asombro que sentí cuando en julio de ese año llegué a La Habana a incorporarme al equi-po periodístico y vi las teletipos funcionando mientras en cada país de América surgía una sucursal. El crecimiento de PL es el más vertiginoso en la historia del periodismo. A dieciocho meses de su creación tenía filiales en cada capital americana, en Londres, en París, en Ginebra, en Praga; convenios firmados con Tass, CTK, Hsin Sua, las agencias egipcias e indonesa, le daban un ámbito mundial. Como negociador, Masetti mostraba una insuperable flexibilidad: conseguía que los norteamericanos le abrieran canales de teletipo (cuyo alquiler nunca llegó a pagar) con Buenos Aires, Santiago, Río, Caracas, Washington, Nueva York; que los rusos le prestaran equipos de detección y escucha; que los chinos le construyeran una planta transmisora; que “L Express” de París y el “New Statesman” de Londres cedieran todos sus derechos latinoamericanos por ínfimas sumas. Más de cien clientes en América Latina y muchos centenares en los países socialistas; un volumen noticioso comparable al de las agencias norteamericanas; colaboradores regulares de la talla de Sartre, Waldo Frank, Wright Mills; todo esto era realidad a mediados de 1960.
Un año después ese meteórico imperio se había desmoronado. En cada país de América, la ruptura diplomática impuesta por Estados Unidos fue precedida por el cierre de la agencia. Una lucha interna asestó a PL el golpe definitivo. Afiliados comunistas montaron en el seno de la agencia una verdadera conspiración anti-Masetti, disfrazándola de lucha ideológica. Masetti contemporizó mientras pudo; al fin, les hizo frente. Se dice que debió intervenir el ejército rebelde para impedir que la diferencia se resol-viera a tiros. No me consta, pero de algún modo encaja con la imagen que conservo de Masetti.
Por esa época dejé de verlo. Habíamos sido amigos. Creo que esa amistad no duró hasta el fin, por motivos que ahora resultan triviales. Cuando lo sacaron de PL, se fue a Argelia. De tanto en tanto tuve noticias suyas: estaba en Moscú, estaba alfabetizando en la Sierra, estaba otra vez en el Ejército Rebelde. Que haya aparecido en Salta como el Comandante Segundo (obvia referencia a un esperado Comandante Primero) no me asombra. Durante largas noches en La Habana habíamos hablado de la revolución en la Argentina. El ignominioso gobierno de Frondizi parecía justificarla, volverla posible.
El destiempo, la deshora presidieron el destino turbulento de Masetti. Cuando viene a vestir el uniforme de guerrillero, el país es otro, los argumentos más obvios para una acción revolucionaria se han esfumado. Tiene un día de mala suerte; ése en que se despeña de un barranco salteño y que-da malherido. Tal vez sin ese accidente absurdo, este hombre que ya había hecho cosas imposibles pudo repetir la hazaña que lo alucinó cuando era un simple reportero? No sé. De sus heridas se recupera lo suficiente para po-der caminar, para que no lo tomen prisionero. (Esa perspectiva, recuerdo, lo obsesionaba: “Imaginate, que te agarren, que te hagan cantar, qué vergüenza viejo”). Cuando todo está perdido, cuando el furor de la selva ha aniquilado prácticamente a su grupo, Masetti llena su mochila y se interna en la espesura, monte arriba.
No vuelve, todo el mundo sabe que no puede volver.

fuente: Marcha (revista uruguaya de los años 60-70)

 

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Jorge Ricardo Masetti

Nace el 31 de mayo de 1929 en Avellaneda. Sus padres son José Reinaldo y María Blanco y sus hermanos Reinaldo, mayor que él, y Edgardo el menor de los tres.

A los 13 años se incorpora a la escuela de Artes Gráficas y Publicidad Nº 15 en el barrio de Barracas, donde se da su primer acercamiento al mundo de la prensa. Comienza a trabajar a los 15 años como cadete en el diario El Laborista.

Su primera vinculación con la política es a través del nacionalismo con marcado acento antiimperialista, es así que ingresa a la Alianza Libertadora Nacionalista en el año 1945, en la que también militaba Rodolfo Walsh; abandona las filas de la misma, cuando ésta toma un carácter pro norteamericano.

En el año ‘47, hace sus primeros trabajos como cronista de informaciones generales en el diario Tribuna. Un año después colabora en el diario La Época, y luego en Noticias Gráficas, Democracia y El Mundo. Llega a tener a su cargo la sección política internacional del noticiero de radio El Mundo y a ser redactor de noticias en el Canal 7; entre 1953 y 1954 dirige un diario en Tandil. En ese último año dirigirá también, la Revista de la Asociación de Docentes Argentinos durante seis meses.

Trabaja en Radio Excelsior adaptando cuentos clásicos. También hace su paso por la Organización Latina de Noticias. Pocos meses antes del golpe militar de 1955, dirige Cara y Ceca, una revista que es su primer emprendimiento independiente.

Entre 1949 y 1953, publica algunos cuentos en el suplemento literario del diario La prensa, y también algunas notas en el diario Clarín.
Su producción más importante es un monólogo para teatro llamado “La Noche se prolonga”, que se estrena el 9 de enero de 1959 en Buenos Aires.
Terminado su servicio militar, a los 21 años, se casa con Clelia Dora Jury el 31 de julio de 1952 con quien tiene dos hijos Graciela y Jorge.

En el año 1958 viaja a Cuba, enviado por Radio El Mundo, a entrevistar a Fidel y al Che en la Sierra Maestra. Producto de estas entrevistas edita el libro “Los que luchan y los que lloran. El Fidel Castro que yo vi”, donde relata la lucha del pueblo cubano en contra de la dictadura de Fulgencio Batista.

En enero del 1959 regresa a Cuba junto a su mujer y sus hijos, invitado por el Che. Participa de la “Operación Verdad”. Funda y dirige en junio del mismo año, Prensa Latina, primera agencia independiente de noticias que se plantea romper con el monopolio de la información. “Somos objetivos pero no imparciales, porque no se puede permanecer imparcial entre el bien y el mal…” decía Masetti.

Logró que colaboraran en ella lo mejor de la intelectualidad de la época, Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Waldo Frank, Wright Mills, Gabriel García Márquez, Rodolfo Walsh, Paco Urondo, Juan Carlos Onetti, entre muchos otros.

A mediados del ´60 se aleja de su esposa y se une a su secretaria Concepción Dumois con quien tiene una hija, Laura.

A comienzos del 61 producto de luchas internas renuncia a la dirección de Prensa Latina.

Durante la invasión a Playa Girón, a pedido de Fidel, regresa momentáneamente a la dirección de la agencia. Participa posteriormente de los interrogatorios a los mercenarios.

A partir de su alejamiento de Prensa Latina, su puesto de lucha va a estar íntimamente relacionado a los planes revolucionarios del Che.

Partirá a Argelia, desde fines del 1961 hasta los primeros meses del ’62, donde colabora con el Frente de Liberación Nacional Argelino, acumulando experiencias que lo van a ir formando como futuro jefe guerrillero.

Promediando el año 1963 Masetti será el “Comandante Segundo” al frente del Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP) que actuará en Salta en el norte argentino. El grupo guerrillero es infiltrado y posteriormente derrotado.

Masetti desaparece, su cuerpo no ha sido encontrado. Se toma como fecha de su desaparición el 21 de abril de 1964. Tenía 34 años.

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