México. Atacan a balazos a otro periodista en Veracruz

Ciap-Felap / Resumen Latinoamericano / 13 de abril de 2017

En lo que va del mes, tres periodistas mexicanos han sido asesinados.

Armando Arrieta Granados, de 51 años, jefe de redacción de La Opinión de Poza Rica, Veracruz, fue baleado al regresar a su domicilio a las dos de la madrugada del miércoles 12, tras terminar su jornada laboral, confirmaron autoridades locales, según reportes de la prensa.
“Las primeras investigaciones establecen que los hechos ocurrieron en las primeras horas de este día, en las inmediaciones del domicilio de quien se identifica como A.A.G., de 51 años de edad, quien fue lesionado con proyectil de arma de fuego por una persona desconocida”, declaró un vocero de la Fiscalía.
El comunicador, con mas de 20 años de experiencia y respetado en el gremio periodístico, fue atendido en una clínica y posteriormente trasladado al hospital de la ciudad de Veracruz, donde luchan por salvarle la vida. Arrieta Granados recibió al menos cuatro impactos de bala.
Según reportes de la prensa “se ha podido estabilizarlo para que ingrese al quirófano con signos vitales estables”. El propietario del periódico La Opinión de Poza Rica, Raúl Gibb Guerrero, fue asesinado en 2005. El diario lo dirige ahora Norma Hernández Gibb.
La región petrolera de Poza Rica enfrenta una guerra entre cárteles de la droga y un elevado índice de delitos secuestro, al igual que varias zonas del estado de Veracruz,
A nivel mundial, México ocupa el tercer lugar en número de periodistas asesinados, según diversos organismos internacionales.
 
La organización internacional promotora de la libertad de expresión Artículo 19, tiene registrados 30 asesinatos de periodistas durante la gestión del presidente Enrique Peña Nieto, iniciada en diciembre de 2012.
 
Según la fiscalía del Estado, “agentes investigadores trabajan para identificar, ubicar y detener al responsable, en tanto que personal brinda a su familia atención jurídica y de salvaguarda de su integridad”.
 
Fuentes:
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‘Sigo trabajando’ pese al miedo, dice periodista mexicano amenazado
Tres reporteros fueron asesinados, solo en marzo, en México
El periodista mexicano Noe Zavaleta conversa con colegas de la agencia AFP in Xalapa, en el estado de Veracruz. Habló sobre las amenazas que recibe por trabajar en ese estado, uno de los más peligrosos para el ejercicio del periodismo. (AFP)
 
“Has tenido que enterrar colegas, ver a otros compañeros salir del país, pero cuando te toca a ti entras en pánico”, asegura el reportero Noé Zavaleta, uno de los cientos de amenazados en  México, el tercer lugar más peligroso del mundo para los periodistas.
 
Marzo fue un mes negro para el periodismo en México. Tres reporteros fueron asesinados y un cuarto sigue hospitalizado tras ser baleado. Un diario regional cerró denunciando la falta de seguridad para ejercer un “periodismo crítico”.
 
El año pasado, el país registró un triste récord: más de 400 agresiones contra la prensa y 11 periodistas asesinados, según datos de la ONG Artículo 19.
 
En el 2016 se produjeron, en México, más de 400 agresiones contra la prensa y 11 periodistas fueron asesinados, según datos de la ONG Artículo 19. Aun así, profesionales como Zavaleta, de 36 años, siguen escribiendo sobre vínculos entre políticos y organizaciones criminales, corrupción, desaparecidos y los cientos de cadáveres descubiertos en fosas comunes clandestinas.
 
“Cada vez te llegan más temas, más injusticias, más tela de dónde cortar”, explica a la AFP al calor de la tarde en Xalapa, su ciudad natal y capital del estado de Veracruz, en el este, donde ocurrieron dos de los cuatro ataques a periodistas en marzo.
 
Como corresponsal de la revista mexicana Proceso, reconocida por sus investigaciones, Zavaleta aceptó transitar por una ruta en la que colegas y amigos dejaron la vida.
 
Llegó a la publicación en 2012 para cubrir el puesto dejado por Regina Martínez, que también denunció corrupción y abusos del gobierno estatal, y cuya muerte violenta sigue sin resolverse.
 
Y trabajó con el fotógrafo Rubén Espinosa, quien abandonó Veracruz denunciando amenazas de autoridades estatales y terminó asesinado en julio de 2015 en un escabroso incidente en Ciudad de México .
 
Desde hace una década, denuncia Artículo 19, más de la mitad de amenazas a periodistas en  México   proceden de funcionarios, a lo que se suma una impunidad casi total: 99,75% de casos sin resolver.
 
Hasta enero, Zavaleta vivía permanentemente acompañado por dos escoltas armados, a raíz de las amenazas recibidas tras la publicación en junio del libro “El infierno de Javier Duarte”, sobre un exgobernador actualmente prófugo a quien la justicia imputa graves cargos de corrupción.
 
Comenzó recibiendo mensajes con insultos y amenazas a los que siguieron correos anónimos a la prensa y las autoridades acusándolo de ser “un reportero cooptado por el narco”.
 
Hombres desconocidos aparecieron merodeando su oficina, su casa y la de su novia. Como resultado, hizo las maletas y huyó a la capital donde denunció su caso a las autoridades federales. “Entras en pánico, no sabes qué hacer”, reconoce.
 
Ahora ya no tiene guardaespaldas, pero sigue llevando consigo un “botón de emergencia” que le permite alertar instantáneamente en caso de peligro. “Yo sigo trabajando”, afirma con su franca sonrisa. “Y si vuelve a llegar otro tipo de intimidación, y si es necesario volver a salir, y si es necesario hacerlo público, lo tendré que hacer”, agrega.
 
Otros de sus compañeros denuncia que no se pudieron beneficiar de la misma protección que él debido a restricciones presupuestales.
 
Y más aún, uno de sus antiguos escoltas murió a fines de marzo, al recibir un disparo mientras protegía a otro periodista: “siempre se quejaron de que necesitaban chalecos antibalas y que necesitaban un mejor vehículo y en los seis meses nunca les autorizaron esto por un tema de insuficiencia presupuestal”.
 
“Aquí en  México   nadie te da garantías. Uno decide regresar porque es testarudo, es aferrado, es apasionado a esto”, dice vehemente.
 
La violencia contra los periodistas no es nueva en el país
Zavaleta recuerda a Jesús Blancornelas, director del semanario Zeta de Tijuana, en el norte, reconocido por sus investigaciones sobre narcotráfico, que resultó herido en 1997 en un ataque armado atribuido al crimen organizado.
 
Hasta su muerte por cáncer en 2006, su vida fue de encierro entre su casa y la redacción, bajo la protección de una escolta militar. “Yo me acuerdo mucho lo que decía Blancornelas: me voy a ir cuando yo quiera, no cuando ustedes quieran”, concluye Noé.

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