Argentina / Baldosas por la memoria en homenaje a una trabajadora y dos trabajadores asesinados por la Triple A en los años 70

 

POR LUCÍA HERRERA, Resumen Latinoamericano, 11 febrero 2017.-El pasado sábado 4 de febrero en Rincón de Milberg  (Tigre) se colocó una baldosa recordatoria de Luis “Huesito” Cabrera y Oscar “Titi” Echeverría, obreros navales, y Rosa María Casariego, docente, tres militantes muy queridos en las barriadas de Tigre que fueron secuestrados y asesinados por la Triple A en febrero de 1976. Entre testimonios de sus compañeros, teatro y música, se honró la vida de estos tres luchadores en una actividad cargada de emoción. El acto fue organizado por la Comisión de Derechos Humanos Padre “Pancho” Soares y la Comisión por la Memoria, la Verdad y la Justicia de zona Norte, y contó con la participación de varias organizaciones políticas, gremiales, culturales y de Derechos Humanos.

 

La historia de Titi, Huesito y Rosa María

En aquellos intensos años 70, la lucha de los trabajadores de los astilleros fue clave en la construcción política, sindical y territorial en la zona norte del conurbano bonaerense. Las condiciones laborales en ese gremio eran a tal punto riesgosas que se decía con total naturalidad que “cada barco terminado se lleva la vida de uno o dos obreros”. Hasta que un día lo tolerable deja de serlo, y la resignación se transforma en rebelión. En mayo del 73, una de esas muertes evitables e injustas desata la toma de Astarsa. “Queremos que sea astillero y no matadero”, expresaron entonces en una improvisada bandera que se volvió emblema para todos los navales. La agitación se extiende rápidamente, surgen comisiones internas y delegados combativos en otras empresas, y a la vez se afianza la articulación tanto con organizaciones guerrilleras como con la militancia territorial de base.

Huesito Cabrera es elegido delegado en Acquamarine, y Titi Echeverría en Mestrina. Son colegas, son vecinos, son compañeros y amigos que conviven, como tantos y tantas, en el trabajo diario, en la militancia y en el barrio. En ese marco se conocen y forman pareja Huesito y Rosa María, ella maestra, delegada en CTERA e integrante de la Juventud Trabajadora Peronista. Activan juntos en muchos conflictos, celebran pequeñas y grandes victorias. Encarnan con alegría ese “sujeto social” que desde abajo y de a miles es capaz de cambiar la historia. Eso es algo que también sus enemigos tienen muy claro.

 

A fines del 75, el ensañamiento de la Triple A contra los líderes obreros, con la colaboración de la burocracia sindical y el amparo del Estado, muestra claramente las intenciones de la dictadura que vendrá. El 7 de noviembre de ese año, Huesito es secuestrado y torturado. Una semana después, una movilización de 3500 personas marcha por las calles de Rincón y Tigre reclamando el cese de las persecuciones. Huesito sobrevive y sigue militando. Se niega a renunciar a su trabajo y a replegarse en la lucha. Sigue viviendo con Rosa María y los hijos de ella, en la misma casa que todos conocían y que, como tantos hogares obreros, era también un lugar de reunión. Allí estaban la noche del 3 de febrero de 1976, de sobremesa, entre mates y guitarreada, junto a Titi Echeverría, cuando cayó la patota de secuestradores. Sus cuerpos aparecieron unos días después, acribillados y mutilados, en un descampado de Moreno.

 

El velatorio es multitudinario. Quien da el responso, con un discurso que es recordado como una valiente arenga política, es el cura villero “Pancho” Soares, de la capilla de Carupá. Una semana después, el sacerdote y su hermano son asesinados a balazos en la puerta de la parroquia.

 

Recuerdos que construyen futuro

“A fines de noviembre del 75 le dije a Huesito que era necesario renunciar al astillero”, relató durante el acto Roberto Rodríguez, quien también fue delegado de Acquamarine. “La situación era cada vez peor, no podíamos llegar a nuestras casas ni al trabajo porque [las patotas] nos estaban esperando. Pero él me dijo que no se iba. (…) Durante muchos años me pregunté si haber sobrevivido era una suerte o una desgracia. Por mucho tiempo lo sentí como una desgracia. Pero hoy pienso que tal vez si quedé de pie es para poder traer a estos compañeros de vuelta, para sembrar historia. (…) Porque esto no lo hacemos ni por nosotros, ni por los que se fueron. Sino para nuestros hijos y nietos, para que quede la conciencia de clase y la lucha siga”.

 

Por su parte, Rufina Gastón expresó: “Durante estos cuarenta años me he comprometido a hacer memoria por quienes fueran mis compañeros, los trabajadores de los astilleros. (…) Con Rosa María y otras compañeras empezamos a organizar a las mujeres de los navales para apoyar su lucha. Ellos adentro de los astilleros, nosotras en la calle. (…) El Tano Mastinú* siempre decía que lo que se peleaba en la fábrica también había que pelearlo en el barrio. (…) Esta calle [donde vivían Rosa María y Huesito] fue una de las primeras asfaltadas en Rincón, y eso se hizo gracias al trabajo territorial. Entre mates y charlas, se limpiaba, se hacían las zanjas. Es importante decir esto, porque traemos el recuerdo de una gran militancia y de mucho trabajo. (…) Queremos que los jóvenes tomen esas banderas y ese compromiso, que es un compromiso fraternal, porque no fue la lucha de uno, sino de todos”.

 

Entre los testimonios, la lectura de adhesiones y convocatorias a otras actividades, hubo tiempo también para evocar a los homenajeados con teatro y música. Un docente que integra el colectivo “Jóvenes y Memoria” de Tigre interpretó con guitarra y canto un poema que Huesito escribió para Rosa María. Y luego el grupo Los Kalabacitas representó un fragmento de “Pancho: vida y obra”, pieza escrita por Virginia Baldo que relata la historia del cura villero Pancho Soares. Allí, tres jóvenes actores encarnaron a Huesito, Titi y Rosa María, regresando al barrio 40 años después. Descalzos y en ropa de trabajo, ellos vuelven sobre sus propios pasos, reconocen rostros queridos, rememoran el pasado e interpelan al presente.

 

Sobre el cierre de la actividad, el “Gallego” César Nieto retomó ese hilo conductor de la transmisión generacional con una frase de Envar El Kadri, que recitó de memoria: “Perdimos, no pudimos hacer la revolución. Pero tuvimos, tenemos y tendremos razón en intentarlo. Y ganaremos cada vez que un joven lea estas líneas y sepa que no todo se compra ni se vende y sienta ganas de querer cambiar el mundo”.

 

*Martín Mastinú, delegado de Astarsa secuestrado y desaparecido por la última dictadura en julio de 1976

 

 

Fragmento de “Pancho: vida y obra”

 

Hace más de cuarenta años

de esta casa que aquí ven

se llevaron de rehén

a tres personas queridas:

Titi, Huesito y Rosa María

y no se las volvió a ver .

 

Huesito y Rosa María

estaban enamorados

Él ya era delegado

del astillero Acquamarine

su amigo Oscar, tan afín

lo era para Mestrina.

La historia no se termina

Ni tiene final feliz.

 

Rosa María, bonita

maestra, pobre salario

Su corazón solidario

se repartió entre cartulinas

cuadernos y zapatillas

 

Y les pido demos cuerda

hacia atrás en el reloj

que en este preciso Rincón

reviviremos la historia

evocando la memoria

de esos tres seres- excepción

 

 

 

Quizás mañana

 

Quizás mañana

no me mire en tus ojos

ni sienta tu cuerpo

vibrar bajo el mío.

 

Quizás mañana

te escriba encerrado

con la luz de una vela

y el control de algún cana.

 

Quizás mañana

no haya mañana

y solo queden recuerdos

y una tumba con flores.

 

Quizás mañana

ahogue mi grito

el disparo de un arma

de un arma asesina.

 

Quizás mañana

en mi último suspiro

con mil tiros de metras

yo grite: “TE QUIERO”.

 

(Luis “Huesito” Cabrera)

 EN EL HOMENAJE EN RINCÓN DE MILBERG, UN GRUPO DE JOVENES MILITANTES INTERPRETARON UNA OBRA TEATRAL EVOCANDO LA LUCHA DE LA JUVENTUD TRABAJADORA PERONISTA EN LOS ASTILLEROS EN LOS AÑOS 70

 

ACTO DE HOMENAJE A LOS MILITANTES ASESINADOS

CONVOCATORIA PARA RECORDARE ESTE DOMINGO 12 Y EL LUNES 13 AL CURA REVOLUCIONARIO FRANCISCO «PANCHO» SOARES, TAMBIEN ASESINADO.

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