Colombia: «La paz se impondrá a la ficción que nos dice que la guerra es mejor». ENTREVISTA A PABLO CRUZ, PORTAVOZ DE VOCES DE PAZ EN EL SENADO COLOMBIANO

POR AINARA LERTXUNDI, Gara, Resumen Latinoamericano, 10 enero 2017.-

Pablo Cruz es uno de los portavoces de Voces de Paz en el Senado colombiano, partido político surgido en cumplimiento de los acuerdos de La Habana. Aunque sin derecho a voto, su cometido es vigilar desde el Parlamento la implementación de lo pactado.

Pablo Cruz es uno de los portavoces del partido político Voces de Paz, «un amplio movimiento de ciudadanos de la más diversa índole», que cuenta con tres representantes en la Cámara de Representantes y otros tantos en el Senado. En entrevista con GARA, analiza los retos de la implementación de los acuerdos.

¿Cómo valora este primer mes, largo, desde la refrendación de los acuerdos de La Habana?

Ha sido un mes bastante difícil; no se han podido cumplir las metas tal y como estaban programadas y yo diría que, en este caso, el incumplimiento no ha sido por parte de la insurgencia –ésta siempre ha cumplido, incluso de manera unilateral–. Pero el Gobierno ha tenido traumatismos institucionales, por ejemplo, en muchas zonas del país no se han podido construir las instalaciones para acoger a los guerrilleros en las Zonas Veredales Transitorias de Normalización; la insurgencia no podía ir para allá y comenzar el proceso de dejación de armas sin que tuviera seguridad jurídica, que sólo ahora empieza a plasmarse a través de la Ley de Amnistía. Hay muchas dificultades que se avizoran en el camino pero con la decisión de la insurgencia y de la mayoría de los colombianos podremos vencer esos obstáculos y consolidar el proceso de paz y honrar los acuerdos de La Habana. Esperamos que el Gobierno también tenga esa misma disposición.

¿Cómo vivió el debate sobre la Ley de Amnistía?

Fue una experiencia muy interesante en el sentido de que hubo algunos sectores políticos que hasta el último momento quisieron obtener beneficios y prebendas chantajeando al Gobierno pero, al final, la mayoría del Gobierno en el Congreso logró consolidar la aprobación de la Ley de Amnistía. No es un caso aislado ni un fenómeno único que se registra en la historia de Colombia. Ha habido muchas amnistías en nuestro país. Las dos últimas fueron otorgadas por el expresidente Álvaro Uribe a los paramilitares, en virtud de las cuales fueron liberadas cerca de 28.000 personas vinculadas al paramilitarismo sin que se les exigiera compromiso o responsabilidad alguna de aportar al esclarecimiento de los hechos, contribuir a la reconciliación y perdón, y menos aún de reparar a las víctimas.

Su hermano fue víctima de una acción paramilitar en 2010. ¿Cómo entiende la reconciliación?

Hay una matriz mediática impulsada por el Estado, en particular por los sectores que se han beneficiado de la guerra, en la que se señala únicamente a una de las partes del conflicto como la culpable de todas las muertes, desplazamientos, violaciones… Un punto significativo de la recién aprobada Ley de Amnistía es el reconocimiento de la existencia de un conflicto armado interno cuya existencia fue negada con especial vehemencia durante el mandato de Uribe. La Ley de Amnistía es una muestra de que en el conflicto hubo víctimas de ambos lados, pero, sobre todo, víctimas inocentes que no estaban en ninguno de los sectores en confrontación. En el pleno del Senado expuse que mi hermano había sido desaparecido y ajusticiado por los paramilitares con ayuda de agentes estatales, y que yo estoy dispuesto a perdonar este episodio trágico para mi familia y, en particular, para sus hijos. El camino de la reconciliación nacional es el perdón, que no quiere decir olvido –jamás olvidaremos a Fernando–. Las víctimas del conflicto no son exclusivamente de la insurgencia. Son miles las víctimas causadas por agentes del Estado.

¿Qué les diría a quienes siguen manteniendo que «con terroristas no se negocia» y que Santos «está entregando el país a la narcoguerrilla»?

Estos argumArgazki oina.Izena ABIZENA | AGENTZIAentos son parte de esa propaganda promotora de la guerra y enemiga de la paz y la reconciliación. Nosotros, las víctimas del Estado, podríamos repetir consignas similares, como que el colombiano es un Estado terrorista que hace desaparecer a jóvenes –véase el caso de Soacha–, que asesina a dirigentes sindicales, defensores de derechos humanos… Pero, si seguimos con esta retórica, no lograremos encontrar la reconciliación.

En 2018 habrá elecciones presidenciales. ¿Qué ocurriría ante la llegada de un hipotético gobierno hostil a los acuerdos?

La construcción de la paz después de una guerra tan prolongada no es tarea fácil ni sencilla y, por tanto, está expuesta a toda clase de vicisitudes. Esa es una posibilidad que existe. Sin embargo, uno de los puntos acordados en la mesa de negociación de La Habana busca garantizar que el Estado, no un gobierno determinado, honre el pacto y los compromisos suscritos. Mediante una reforma de la Constitución se va a incorporar un artículo transitorio que garantice que durante los próximos 12 años, el Estado debe cumplir los acuerdos de La Habana. Esa podría ser una garantía, aunque también es cierto que una eventual mayoría proclive a la guerra y la violencia podría reformar esta norma constitucional. Yo creo que más que una norma constitucional, lo que garantiza el cumplimiento de lo acordado es la participación social. Actores como Voces de Paz y otros sectores de la ciudadanía son la garantía última y definitiva para que se consolide la paz y se respete lo acordado. Estamos seguros de que el pueblo, que durante mucho tiempo fue engañado y manipulado bajo el pretexto de que la guerra es mejor que la paz, va a hacer una reflexión sensata, en la cual va a encontrar que es mejor tener un país en paz.

¿Qué análisis realiza de la baja participación ciudadana en el plebiscito del 2 de octubre? La abstención se situó en el 62%.

Lamentablemente, nos hemos acostumbrado a que los colombianos no participen en la toma de decisiones porque consideran que da igual votar por uno que por otro porque siempre estarán al servicio de los grandes intereses. A esa apatía política tradicional se sumaron las mentiras y desinformación por todos conocidas. Los señores del uribismo, por ejemplo, hicieron una campaña en la que advertían a los jubilados de que les iban a quitar las pensiones para pagar a los guerrilleros; a las madres de familia que sus hijos estaban siendo educados en los colegios en una concepción homosexual porque ésa era una petición de la guerrilla… Esas mentiras absurdas y espantosas jugaron un papel determinante a la hora de movilizar a sectores atrapados en el miedo y el engaño que apoyaron el «No» en el plebiscito. Eso ha cambiado porque ya se sabe que fue una manipulación. El nuevo ambiente de construcción de paz se va a imponer a una realidad ficticia que nos dice que la guerra es mucho mejor que la paz.

El jueves, una delegación del Gobierno encabezada por Juan Camilo Restrepo se reunirá con el ELN en Quito para reactivar las conversaciones e instalar la mesa de diálogo, suspendida desde el 27 de octubre.

Para Voces de Paz y Reconciliación es supremamente importante que se consolide la mesa de negociación entre el Gobierno y el ELN. Pedimos a las partes que con compromiso, voluntad política y pensando en los más altos intereses de nuestro país se sienten y encuentren un camino de reconciliación. Voces de Paz estará para contribuir al éxito de esas negociaciones.

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