Palestina: Hebrón, ciudad fantasma

Por Rosa Meneses, Resumen Medio Oriente / Palestina Libre, 12 diciembre 2016.-

Israel ha establecido un sistema de apartheid en esta ciudad de Cisjordania, imponiendo a decenas de miles de palestinos restricciones de movimientos. Los palestinos sufren acoso para que abandonen sus hogares de la ciudad vieja, que ocupan más de 850 colonos judíos protegidos por 600 soldados

 

La calle Shuhada era el corazón de la ciudad palestina de Hebrón. Tenía fama de ser uno de los centros comerciales más populares de la zona. Palestinos de toda la región solían hacer sus compras en esta concurrida arteria, enmarcada por vetustas casas de piedra y pórticos rematados en arcos de medio punto. Pero eso acabó a mediados de los años 90. Desde entonces, la emblemática calle y sus alrededores están desiertos y la ciudad vieja de Hebrón luce las sombrías galas de una ciudad fantasma.

Las tiendas y negocios permanecen sellados. Grandes bloques de cemento impiden la entrada a las callejuelas de la casbah y sus mercados. Las ventanas y balcones de las viviendas están cubiertos por redes de alambre, que convierten las casas en jaulas. Nadie camina por sus aceras ni se ven vehículos pasar. Un silencio sobrecogedor inunda la atmósfera. La sensación de estar dentro de una película de ciencia-ficción estalla cuando se advierte la presencia de los soldados israelíes en los ‘checkpoints’ que salpican las intersecciones.

En Hebrón se practica el Apartheid. Es la única urbe palestina en Cisjordania en cuyo centro se ubica un asentamiento judío y esto ha desempolvado políticas propias del siglo pasado. Para facilitar la vida de esos 857 colonos que ocupan la ciudad vieja, las autoridades israelíes han expulsado a decenas de miles de palestinos de la ciudad vieja. Los palestinos están sometidos a un severo régimen de segregación según el cual no pueden caminar o circular en coche por estas calles. Sus propios barrios. Mientras, los israelíes y los extranjeros pueden moverse libremente.

Tiendas cerradas en la calle Shuhada en la ciudad vieja de Hebrón, donde los palestinos tienen prohibido el paso, dentro de las leyes de segregación israelíes. ROSA MENESES

Las autoridades israelíes han cerrado 1.829 tiendas y negocios y han forzado a decenas de miles de habitantes a abandonar sus hogares ante la imposibilidad de seguir con su rutina. Los pocos que se resisten a dejar sus viviendas son hostigados por los colonos. Por eso sus ventanales están enjaulados: para protegerse de las piedras que les lanzan sus vecinos judíos. En una gran casona a la entrada a la casbah Saha, una mujer sorda, y su hijo, discapacitado, viven solos protegidos por rejas y jaulas. No se atreven a salir a la calle.

“Los colonos acosan a los palestinos que permanecen en sus hogares para provocar que se marchen. Su objetivo es conectar los asentamientos del centro de la ciudad con los de Qiryat Arba y Givat Ha’avot”, explica Jawad Abueish, responsable de la ONG Jóvenes Contra los Asentamientos, que defiende los derechos humanos de los palestinos. Abueish cuenta cómo los niños que estudian en la escuela Córdoba tienen que soportar insultos y pedradas de los colonos, que han cortado el acceso al colegio por la calle Shuhada.

Niños palestinos juegan a la puerta de sus casas en la calle Shuhada, en la ciudad vieja de Hebrón, donde los palestinos están sometidos a restricción de movimientos. ROSA MENESES

Destrucción del tejido social

En un extremo de la calle Shuhada se erige el ‘Checkpoint 56’, que desconecta el centro de Hebrón -en árabe, Al Jalil- del resto de esta ciudad palestina de 200.000 habitantes. Hebrón, la mayor ciudad de Cisjordania, quedó bajo Área A (control total de la Autoridad Nacional Palestina) tras los Acuerdos de Oslo. En 1997, un pacto palestino-israelí dividió la ciudad en H1, bajo control palestino, y H2, bajo control israelí. Aunque ‘de facto’ toda la urbe está bajo control de Israel. La parte este, donde se ubican la ciudad vieja y las colonias judías de Givat Ha’avot y Qiryat Arba, es la zona H2, donde los palestinos tienen acceso restringido.

Precisamente este miércoles, el Parlamento israelí aprobó en primera lectura un proyecto de ley para legalizar retroactivamente asentamientos judíos -ilegales según la Ley Internacional- en los territorios ocupados de Cisjordania, incluido Hebrón. Para la ONU, las colonias judías en Cisjordania son el “principal obstáculo para la paz y amenazan la solución de dos Estados”.

Unos 600 soldados protegen a los colonos que ocupan edificios de la medina. Los pocos residentes autóctonos que quedan ven cómo su tejido social ha sido destruido. “La gente que vivimos aquí no tenemos vida”, cuenta Abed Salame, joven palestino de 24 años que vive en la calle Shuhada. “El ‘Checkpoint 56’ nada tiene que ver con la seguridad. Sólo sirve para que los soldados israelíes humillen a los palestinos cada día. Su proyecto a largo plazo es que los palestinos que vivimos aquí evacuemos el barrio”, añade este maestro de escuela.

Abed Salame, residente en la calle Shuhada de la ciudad vieja de Hebrón, frente al ‘checkpoint 56’ que separa la casbah del resto de la ciudad palestina. ROSA MENESES

Los soldados tienen una lista de los vecinos que viven en Shuhada (calle de los Mártires, en árabe). Sólo ellos pueden cruzar los ‘checkpoints’, previo registro y paso por los arcos de seguridad. No se admiten visitas ni de familiares. Las puertas de seguridad se abren a discreción de los soldados. “Podemos esperar durante un minuto o durante horas a que nos autoricen la entrada. A veces he esperado de las siete de la mañana hasta las once entre estas rejas. Ir de Alemania a Suecia cuesta menos tiempo. Temo salir un día por este control y que los soldados no me dejen entrar nunca más”, confiesa.

“Desde que tengo memoria, este puesto de control ha estado aquí, aunque de diferentes formas”, explica Salame. “En un kilómetro cuadrado del viejo Hebrón hay más de 100 ‘checkpoints’ militares israelíes”, dice. Para ir a dar clase a su escuela, en la zona H1, Salame tiene que atravesar seis puestos de control cada día. La casa de este joven, que vive con otros cuatro miembros de la familia, es centenaria y ya pertenecía a sus tatarabuelos. “La tienda que tenía mi padre, que era sastre, fue cerrada. Y lo mismo la de mi tío”, explica.

“Aquí cunde el desempleo, porque la gente tiene miedo de que si deja su casa el ejército se la confisque. Siempre estamos asustados”, añade Salame. “Los 18.000 palestinos que resisten en la zona H2 tienen una de las tasas de pobreza más altas de Cisjordania. El paro alcanza al 70% de la población”, apunta Achiya Schatz, miembro de la ONG israelí Breaking the Silence, formada por ex militares veteranos que exponen a la luz pública la realidad de los palestinos en los territorios ocupados.

‘Limpieza étnica’

La historia de la calle Shuhada de Hebrón y de sus habitantes ilustra la ‘limpieza étnica’ que Israel practica en Cisjordania. Por eso, los palestinos la han rebautizado como “calle del Apartheid” en numerosas pintadas. “En esta avenida solían vivir 50 familias. Fue cerrada al tránsito de los palestinos en 2001. Ahora sólo quedan cinco familias aquí”, detalla Schatz. Los colonos judíos han cambiado los nombres de las calles del centro de Hebrón, en su afán por esconder la identidad palestina de Al Jalil. La calle de los Mártires figura en las placas en hebreo como calle Rey David. Los soldados la llaman ‘Chicago Street’.

Schatz fue soldado en el Ejército de Israel. Sirvió en los territorios ocupados, como integrante de la unidad Duvdevan, un cuerpo de élite israelí especializado en asimilarse con los palestinos para realizar misiones especiales, relata. Hace dos años, este joven de 28 ingresó en Breaking the Silence, donde denuncia los desmanes contra los palestinos perpetrados por el Estado israelí, que -dice- “ha puesto al ejército al servicio de los colonos judíos y su ideología radical”.

Un palestino espera en el ‘checkpoint 56’ a que los soldados israelíes le autoricen a acceder a la calle Shuhada de Hebrón, donde tiene su casa. ROSA MENESES

“Se trata de que el ejército haga sentir su constante presencia. De que los palestinos sepan que podemos hacer lo que queramos. De crear la sensación de que están bajo continua presión y control por parte de los soldados. Hacer que estén asustados, romper su rutina diaria…”, refiere Schatz sobre el papel del ejército israelí en Cisjordania, algo que reconoce fue su trabajo día a día en el tiempo en que estuvo enrolado.

Es lo que denuncia también la ONG israelí pro Derechos Humanos B’Tselem, que en un informe publicado hace tan sólo unos días ilustra cómo los checkpoints permanentes y la presencia del ejército “hacen imposible el día a día de los palestinos”. Ayer se conmemoraba el Día Internacional de los Derechos Humanos.

“Como soldados, nuestra misión principal es proteger a los colonos judíos. Pero si son los palestinos los que son atacados, ni los militares ni la policía israelí intervienen”, remarca este joven rubio con gafas de montura redonda junto a la tumba de Baruch Goldstein, situada en un parque de Hebrón dedicado a Meir Kahane, fundador del grupo fascista Liga de Defensa Judía. Goldstein fue un colono ultraortodoxo judío que en 1994 disparó contra los feligreses que rezaban en la Tumba de los Patriarcas y acabó con la vida de 29 palestinos e hirió a otros 125. En la inscripción del sarcófago que guarda sus huesos se le glorifica como un héroe “que dio su vida por Israel, su Torá y su tierra”.

Esta masacre fue el inicio de una política de segregación, empezando por la propia Tumba de los Patriarcas, venerada por musulmanes y judíos. “En 1997, la ciudad quedó dividida en H1 y H2. En realidad, no hay un área palestina sino que el ejército israelí impera en las dos áreas”, prosigue Schatz. Luego, tras el inicio de la Segunda Intifada, a finales de 2000, se impusieron largos toques de queda para los palestinos y se sistematizó el Apartheid para los locales. La mitad de la población palestina se ha visto forzada a abandonar el centro neurálgico de Al Jalil, según esta ONG.

“El ejército sabe que la ‘seguridad’ que creamos se usa para que las colonias se expandan ilegalmente. Los israelíes debemos romper nuestro propio silencio y criticar lo que está ocurriendo, confrontar que uno mismo es parte de la ocupación. Hay que acabar con la ocupación de millones de personas contra su voluntad. La ocupación es inmoral y nos está matando como sociedad”, reclama este ex soldado nacido en el seno de una familia ortodoxa judía que aún está haciéndose a la idea de su activismo.

“En los territorios ocupados imperan dos sistemas. Los palestinos están bajo la ley militar, mientras que los colonos judíos están bajo la ley civil israelí”, apunta. “Hay una vida dura para los palestinos y una vida normal para los colonos”, agrega. “¿Realmente todo esto tiene que ver con la seguridad?”, se pregunta.

Fuente: Rosa Meneses

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