Colombia se divide…incluso para la paz.

 

POR GIACOMO FINZI (de la corresponsalía en Bogotá, de Resumen Latinoamericano), 2 octubre 2016.- A pocas horas del cierre de la jornada electoral del Plebiscito de este 2 de octubre 2016, llega la comunicación oficial que con una exigua mayoría (50,21%) el ‘No’ se impone en Colombia.

Los datos definitivos confirman una fuerte polarización en el País y demuestran una extrema diferencia de tendencia entre los diferentes lugares de Colombia. A favor del ‘No’, seguramente, ha jugado un papel central el abstencionismo (solamente participaron alrededor de 12,5 millones de electores, en una población de más de 48 millones), que se ha mantenido con cifras mayores al 60% del electorado habilitado para la votación. La fuerte abstención es una señal preocupante para un País llamado a definir su camino para la refrendación de los acuerdos de paz firmados en Cartagena el día 26 de septiembre. El abstencionismo es un fenómeno de larga tradición en Colombia y se ha confirmado como elemento clave para el análisis político; lo que sí era inesperado es que incluso para una decisión de tanta relevancia como la que se planteaba en el Plebiscito del 2 de Octubre, se presentara con tasas tan altas.

Los resultados destacan la existencia una división geográfica del País. Un País rural que se enfrenta a un País urbano; un País que ha vivido la guerra en su piel y un País que solamente lo vivió en las pantallas de las televisiones. En efecto, si se reparte el territorio nacional por regiones, los resultados demuestran claramente las diferentes tendencias para interpretar los datos. Los datos más sorpresivos señalan que en los mayores teatros del conflicto armado interno, donde hubo masacres paramilitares, crímenes de Estado y en que la confrontación militar ha sido particularmente violenta, las poblaciones se han expresado casi unánimemente a favor del ‘Si’. Por ejemplo, en el Valle del Cauca, en el Cauca, en el Chocó, en el Caquetá (en que acaba de realizarse la Décima Conferencia de las F.A.R.C.-E.P.), en el Putumayo y en Nariño, pero también en el Urabá antioqueño (que entre los ’80 y los ’90 fue lugar de masacres paramilitares y exterminio de la Unión Patriótica), se han mostrado datos que en su gran mayoría apostaron para el ‘Si’, en algunos casos con porcentajes muy altos. Por otro lado, se registra un País urbano y sobre todo las mayores ciudades andinas, el Eje Cafetero y Antioquia que se han expresado masivamente para el ‘No’. Sin embargo, no solamente los centros urbanos han votado para el ‘No’, sino que también zonas rurales con alta presencia (e influencia) paramilitar han registrado en su mayoría un respaldo para el ‘No’, por ejemplo buena parte del Departamento del Meta y del Casanare. La división geográfica entre las diferentes regiones del País y la división entre los mayores centros urbanos y las periferias del País, también confirman la presencia territorial y la influencia del uribismo en amplias regiones, siendo el Departamento de Antioquia y el Eje Cafetero uno de sus principales fortines.

El ‘No’ ha triunfado a través de una campaña que muchas veces ha tendido a manipular la opinión pública, desinformando sobre el contenido de los acuerdos de la Habana y sobre todo en relación a su implementación; en muchos casos se han utilizado todos los medios (incluso sucios) necesarios para que se impusiera la oposición a los acuerdos a lo largo del País.

Los resultados del Plebiscito del 2 de octubre producen un fuerte impasse para el futuro del proceso de paz entre el Gobierno Nacional y las F.A.R.C.-E.P. y al mismo tiempo son un duro golpe para millones de ciudadanos víctimas del conflicto armado interno, que tanto le había apostado a la paz. Las mismas victimas que en los últimos días habían manifestado su disponibilidad al perdón y a la reconciliación.

En la noche, las dos contrapartes del acuerdo de paz han manifestado sus interpretaciones de los resultados. El Presidente Juan Manuel Santos, después de una reunión con los principales exponentes del Ejecutivo, habló a la Nación, reconociendo los datos del Plebiscito, expresión de la voluntad democrática. En su calidad de Jefe de Estado expresó su facultad y su obligación en mantener el orden público y garantizar la estabilidad. Frente a los resultados, declaró su disponibilidad a dialogar directamente con los principales partidarios del ‘No’ para entender las principales reivindicaciones de este movimiento. Dicha afirmación abre espacio a la posibilidad de que los principales opositores del acuerdo, el Centro Democrático, pueda tener un papel importante en proponer una ‘renegociación’ de los acuerdos de paz. Sin embargo, esta oportunidad sería una clara violación a lo pactado con la insurgencia en la Habana y se enfrentaría a un acuerdo sellado que no tendría espacio para una negociación adicional. Además, los partidarios del ‘No’ quisieran renegociar las partes sustanciales del acuerdo, y eso no sería sin consecuencias en las relaciones entre el Gobierno Nacional y las F.A.R.C.-E.P.

Al mismo tiempo, el Presidente reiteró el compromiso del Gobierno frente al mantenimiento del Cese al Fuego bilateral. El mismo lunes 3 de octubre el Gobierno enviará a la Habana el jefe negociador de los acuerdos, para un diálogo directo con las F.A.R.C.-E.P. para definir los próximos pasos del cuestionado proceso de paz. Santos terminó su discurso manifestando su compromiso para lograr la paz, no rindiéndose frente a los resultados del Plebiscito, sus esfuerzos seguirán hasta el fin de su mandato.

El Comandante de las F.A.R.C.-E.P., Timochenko, comentó desde la Habana, lamentando los resultados del Plebiscito. Los datos serían el producto de una campaña de odio y de temor conducida por algunos sectores del poder colombiano. Sin embargo, el compromiso del movimiento político que surgirá de las F.A.R.C.-E.P., frente a estos resultados, será aún mayor para lograr la paz estable y duradera para Colombia. Al mismo tiempo, Timochenko reitera que el camino de la lucha política usará solamente la palabra como arma de construcción hacia el futuro, excluyendo la posibilidad de que las armas pudieran volver a ser nuevamente el medio de la batalla política. Una señal adicional de las buenas intenciones de la insurgencia, pese a la fuerte polarización registrada en el País.

Por otra parte, el camino hacia una Asamblea Nacional Constituyente, que ha sido una de las principales banderas de las F.A.R.C.-E.P. en las negociaciones con los datos expresados en el día de hoy, se complica ya que con la presente correlación de fuerza dentro del Parlamento y en la sociedad colombiana en su conjunto, podría llevar a resultados que podrían ser hasta contraproducentes para la transformación democrática del País; en efecto, el peso electoral y la presencia territorial de la derecha uribista podrían alterar sus expectativas.

Al momento, buena parte del peso sobre el futuro de los acuerdos de la Habana y, sobre todo, a su implementación quedará en las manos y bajo la responsabilidad del Gobierno del Presidente Santos quien tendrá el poder de mantener su firmeza frente a lo que se ha venido negociando en los últimos cuatros años con la insurgencia. Al mismo tiempo el Gobierno tendrá que definir su relación con la oposición del Centro Democrático, una oposición que está dispuesta a presionar para que se vuelva a renegociar la esencia misma de los acuerdos. De esta nueva correlación de fuerza dependerá, en buena medida, el futuro de los acuerdos y su potencial transformador sobre la sociedad colombiana en su conjunto.

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