Palestina: Un muro contra los olivos

Ana Alba/Resumen Latinoamericano/El Periódico, 31 de agosto de 2015 – El Ejército israelí arranca decenas de árboles, algunos de casi 2.000 años, para construir una pared de separación en una localidad palestina en permanente lucha para impedirlo

En Palestina dicen que uno de los mejores aceites de oliva de esta tierra es el de Beit Yala. El paisaje sereno de esta localidad vecina de Belén (Cisjordania) está surcado de hileras verdes dibujadas por miles de olivos que alimentan a centenares de familias de la zona.

«Esta tierra es de nuestros antepasados, es una plantación de olivos que consideramos nuestra tierra santa», cuenta Ilham Abu Eid mientras señala hacia un olivar del que han desaparecido varios árboles. «Hace más de una semana vinieron soldados israelíes, nos arrancaron 20 olivos y allanaron la tierra. Cuando llegamos para ver qué ocurría nos prohibieron el paso, lanzaron gases lacrimógenos y nos pegaron», relata Ilham, de 67 años.

«Se llevaron los olivos, había algunos árboles de casi 2.000 años a los que llamamos olivos romanos. Un soldado le prometió a mi marido que los plantarían en la tierra que les dijera, pero no es cierto, no sabemos qué ha sido de ellos», señala Ilham.

El Ejército israelí ha arrancado al menos un centenar de árboles en Beit Yala desde que el pasado 6 de julio el Tribunal Supremo de Israel decidió levantar el veto que mantenía sobre la construcción del muro de Cisjordania en esa área. El Supremo decretó el pasado abril que el Ejército no podía levantar el muro en la zona de Beit Yala que pretendía. Según esa decisión, la «barrera de separación», como denomina el Gobierno israelí al muro, no podía pasar por las tierras de 58 familias de la localidad ni cruzar el monasterio y el convento históricos del valle de Cremisán, que pertenece al municipio de Beit Yala.

Pero en julio, el Supremo israelí revocó esa orden y mantuvo la prohibición de levantar el muro solo en el monasterio y el convento, según aclara Dalia Qumsieh, del equipo de abogados que asiste a las familias afectadas. Los jueces dejaron las tierras de los vecinos por las que pasará el muro a merced de las excavadoras del Ejército, que en las próximas semanas arrasará varias hectáreas de olivares.

El muro, que se erige en territorio palestino, no israelí, y que cuando esté acabado arrebatará al menos el 10% de la tierra de Cisjordania, fue declarado «ilegal» en el 2004 por el Tribunal Internacional de Justicia (TIJ), el principal órgano judicial de la ONU.

Israel alega que es necesario en Beit Yala y el valle de Cremisán «por cuestiones de seguridad». Pero con su trazado sobre el plano, los vecinos aseguran que la finalidad de levantar esa pared de hormigón de unos 8 metros de altura es ganar terreno para las colonias judías de Har Gilo y Gilo.

Marchas y misas

Los vecinos de Beit Yala, la parroquia de la localidad y los monjes y las monjas de Cremisán han luchado durante 10 años contra la construcción del muro en sus tierras. Han llevado a cabo marchas de protesta y misas entre los olivos que en los últimos días se han vuelto a celebrar, esta vez ante los olivares medio arrasados y una casa que quedará aislada por el muro.

«Los israelíes, arrancando nuestros olivos centenarios, nos roban el pasado, el presente y el futuro. Arrancar estos árboles es un crimen contra la humanidad», afirma el párroco de Beit Yala, Ajtam Hijazim. «Quieren ganar espacio para sus colonias y se sienten con capacidad para hacer lo que sea porque nadie les dice nada. Necesitamos el apoyo de Europa», subraya.

Según Hijazim, el ministerio de Defensa israelí ha propuesto abrir una puerta en el muro para que los dueños de los terrenos puedan acceder a ellos. «El problema es que suelen dar permisos para entrar a los titulares de las tierras, que a menudo tienen 80 años. Así no se puede cultivar un terreno agrícola. Al final, la tierra deja de cultivarse por falta de acceso y los israelíes la expropian porque la ley les permite hacerlo», indica un afectado.

Los vecinos de Beit Yala no dan por perdida su batalla y esperan un milagro que impida el paso del muro por sus olivares y sus casas. «La tierra de nuestra gente es más importante que los monasterios de piedra», sentencia el párroco.

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